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San Juan de Ávila, 500 años de sacerdote

La celebración de este centenario nos invita, de la mano de san Juan de Ávila, a valorar nuestro sacerdocio, que vivimos en el carisma de sacerdotes diocesanos al servicio de una diócesis concreta, como lo vivió él

En el año 1526, Juan de Ávila termina sus estudios en Alcalá, obtiene el título de bachiller en Artes y Teología y es ordenado sacerdote (probablemente en Alcalá). «Acabados sus estudios, antes de ordenarse sacerdote se recogió en una ermita donde estuvo a título de pasante, recogiéndose y haciendo penitencia, y ordenándose volvió a ella a prepararse para decirla» (testimonio del Proceso).

Quiso celebrar su primera Misa ese mismo año de su ordenación 1526 en Almodóvar del Campo (Ciudad Real), su pueblo natal, en memoria de sus padres, ya difuntos. Su padre era dueño de una rica mina de plata en Almadén, y cuando Juan de Ávila es ordenado sacerdote, va a su pueblo, vende todos sus bienes y los reparte entre los pobres. Así queda libre de equipaje en el proyecto de ir misionero a Nueva España (México), con el primer obispo de Tlaxcala, el dominico Juan Garcés, que acababa de ser nombrado para aquella sede. Además, para su primera Misa invita para el banquete de la celebración a 12 pobres solamente. Con este gesto festejó la alegría de su primera Misa en Almodóvar. 

Sus paisanos han celebrado un congreso internacional (octubre de 2025) para evocar este centenario y han estrenado un cuadro de un pintor sevillano que evoca aquella primera Misa y los pobres que lo acompañaron a la comida. En Córdoba y Montilla se tienen las jornadas avilistas de estudio y oración (8-11 de abril de 2026), dentro del tiempo jubilar en la basílica pontificia. Desde Montilla peregrinan por muchas diócesis y seminarios de España las reliquias con el corazón del santo maestro de santos, pidiendo recibir algo de su espíritu. 

Juan de Ávila fue beatificado por el papa León XIII en 1894, fue proclamado patrono del clero secular español por el papa Pío XII en 1946, ha sido canonizado por el papa Pablo VI en 1970, y declarado doctor de la Iglesia universal por el papa Benedicto XVI en 2012. El papa Francisco lo presenta como modelo cuando instituye el ministerio de catequista (10 de mayo de 2021). El papa León XIV lo cita en la conclusión de la carta dirigida a los sacerdotes de Madrid reunidos en Convivium (9-10 de febrero de 2026): «…Para ser los sacerdotes que la Iglesia necesita hoy, os dejo el mismo consejo de vuestro santo compatriota, san Juan de Ávila: “Sed vosotros todo suyo” (Sermón 57). ¡Sed santos!».

La celebración de este centenario nos invita, de la mano de san Juan de Ávila, a valorar nuestro sacerdocio, que vivimos en el carisma de sacerdotes diocesanos al servicio de una diócesis concreta, como lo vivió él. «Mirémonos, padres, de pies a cabeza, ánima y cuerpo, y vernos hecho semejables a la sacratísima Virgen María, que con sus palabras trajo a Dios a su vientre… Relicarios somos de Dios, casa de Dios y, a modo de decir, criadores de Dios; a los cuales nombres conviene gran santidad» (Plática1).

San Juan de Ávila nos enseña también a evangelizar ligeros de equipaje. Él se dispuso a esa tarea vendiéndolo todo, y era mucho lo que tenía. Pero entendió desde el principio que su único tesoro era Jesucristo, pobre y ligero de equipaje. Luego le vendrá la cárcel en Sevilla, y en ella aprenderá en un día más que en todos los libros de Alcalá. Su identificación con Cristo crucificado le hace un instrumento dócil y eficaz en las manos de Dios para convertirse en apóstol de Andalucía. «Qué bien predica», comentaban. Un buen predicador es el que convierte a los oyentes sin entretenerse en florituras ni palabrerías. Para ello, es necesario ir bien templado a la predicación. Bien templado en el amor de Cristo por la oración y la penitencia.

¿Por qué no se convierten?, se preguntaba santa Teresa de Jesús, y ella misma respondía: porque tienen mucho seso los que predican y les falta el fuego del amor (Vida 16,7). Ella lloró largamente la muerte del santo, porque la Iglesia perdía en él una gran columna. Y cuenta san Juan XXIII en su encíclica Sacerdotii nostri primordia sobre el Cura de Ars que bien conocida es la respuesta que dio a un compañero, cuando este se quejaba de la poca eficacia de su ministerio: «Habéis orado, habéis llorado, gemido y suspirado. Pero ¿habéis ayunado, habéis velado, habéis dormido en el suelo, os habéis disciplinado? Mientras a ello no lleguéis, no creáis haberlo hecho todo». El Cura de Ars había leído a san Juan de Ávila, cuyas obras aparecen en su biblioteca.

El viaje de León XIV a España, que se desarrollará entre el 6 y el 12 de junio, vendrá a confirmarnos en la fe y a fortalecer nuestro amor primero. Probablemente nos proponga de nuevo el ejemplo y la intercesión de nuestro patrono san Juan de Ávila, con cuyo estilo queremos vivir para afrontar los retos de la nueva evangelización.  

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