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‘Día Ocho: el soplo del Espíritu’, una película para la sanación de cuerpo y alma en esta vida o en la realidad virtual

La biografía del siervo de Dios Emiliano Tardif, recordado por sus multitudinarias Eucaristías de curación, deviene en un emotivo drama de fe que ha sido preseleccionado para los Premios Platino 2026

En un tiempo donde la imagen digital —«vivir para los demás»— parece dominarlo todo, el dominicano José Gómez nos ofrece una película que utiliza las herramientas del cine moderno para explorar lo invisible a varios niveles: la sanación física por lo espiritual, las barreras para la fe de los prejuicios materialistas, el contraste entre vida real y universos —laberintos— tecnológicos, los testimonios de ayer y la agobiante incredulidad de nuestro tiempo, etc. Así, Día Ocho: el soplo del Espíritu se construye como una biografía del siervo de Dios Emiliano Tardif, recordado por sus multitudinarias Eucaristías de sanación y cuyo proceso de beatificación está en marcha, deviniendo en un drama de fe que propone también la curación espiritual, haciendo especial hincapié en las personas rotas por la cultura digital, que secuestra la paz necesaria para encontrar a Dios y a nosotros mismos.

La película, distribuida por Goya Producciones y European Dreams Factory, entrelaza tres historias inspiradas en hechos reales, centrando su mensaje en la figura del padre Tardif. La narrativa conecta tres épocas distintas en la trayectoria vital del sacerdote: desde los inicios de su ministerio, en los años 70; a la historia contemporánea de la joven Yira Sandoval, pasando por el testimonio de una madre que vivió un milagro con su bebé. La historia nos sitúa de entrada frente a Yira—interpretada por la dominicana Angeline Monegro—, una popular influencer cuya existencia se mide por seguidores y número de likes. Sin embargo, su existencia gira drásticamente cuando la fragilidad irrumpe en su mundo: su hermana pequeña, Lía —Fahdly Samira Jacobo—, padece una enfermedad incurable.

La crisis familiar que desata esta tragedia actúa como motor de una estructura narrativa ambiciosa, basada en el guion de Eudys Cordero, que despliega un sofisticado juego de narraciones cruzadas. El relato transita entre el presente de Yira, los flashbacks que nos llevan a 1973 para conocer la sanación de la tuberculosis del padre Tardif, los recelos iniciales del propio sacerdote frente a los grupos carismáticos y el testimonio de Margarita, una madre cuyo hijo fue sanado por Cristo de una terrible enfermedad durante una Eucaristía de sanación del cura canadiense. El testimonio real de esta mujer y de su hijo, que completa la cinta tras el drama, añade fuerza y veracidad al mensaje de la película.

Esta forma de unir pasado y presente resulta especialmente eficaz al mostrar la forma como Yira descubre al sacerdote canadiense a través de YouTube. Aquí, el recurso a las redes sociales deja de ser un simple decorado para convertirse en inesperado punto de inflexión donde lo virtual y la vida real se dan la mano: la pantalla deja de ofrecer un bienestar sedante para abrir una ventana hacia lo eterno.

La fotografía, a cargo de Oliver Mota, utiliza el formato panorámico 2.39:1 para capturar tanto la frialdad de los entornos modernos como la calidez de los encuentros de sanación pretéritos, logrando en ocasiones un recurso a lo onírico —en el que también se presenta una escena de revelación esencial para la influencer— que eleva la emotividad de las escenas de oración.

El trabajo de los actores es fundamental para sostener este viaje de encuentro y redención. Juan Ángel encarna con una unción especial al padre Tardif, logrando transmitir su cercanía y humildad. Como se destacó en su exitosa premier en Madrid, donde se registró un lleno total, la actriz protagonista, Angeline Monegro, afirmó que «todo el equipo sintió el Espíritu Santo en el momento del rodaje», una gracia que se puede percibir en la finura de algunas interpretaciones.

Pese a que, por su naturaleza, es una película católica y evangelizadora —se nos cuenta en la obra que Dios nos da la sanación para convertir a las personas, así como a a sus entornos y comunidades— y, por tanto, está dirigida a todos los públicos, propone un mensaje que interpela especialmente a los jóvenes tentados de buscar aprobación en lugares que no llenan el alma. Respaldada por su preselección en los Premios Platino 2026, la cinta, finalmente, se erige como un recordatorio de que, incluso en medio del dolor, existe una esperanza viva. Es, en definitiva, una invitación a no descuidar lo esencial, pues como advertía Tardif en la cita que hace de epílogo al drama: «Si un día ustedes descuidan la adoración del Santísimo, su comunidad comenzará a desmoronarse».

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