El escritor barcelonés Raúl Mir presenta El evangelio secreto de José de Nazaret, una novela de tono contemplativo contada en primera persona por el hombre justo, esposo de María y padre virginal de Jesús
El escritor Raúl M. Mir (Barcelona, 1966) presenta El evangelio secreto de José de Nazaret (San Pablo), una novela de tono contemplativo que se adentra en la vida interior del hombre justo, del esposo de María y padre virginal de Jesús. A través de una prosa sencilla y profunda, Mir — autor de varias obras de pensamiento y narrativa espiritual, y conferenciante habitual sobre cultura y fe— ofrece la palabra a quien eligió el silencio, mostrando cómo la obediencia, el amor y la custodia de san José siguen siendo hoy una luz para quienes atraviesan la prueba, la fragilidad y la incertidumbre. Recientemente, ha publicado también El pozo de la promesa. Cartas de la samaritana de Sicar, una obra que profundiza en el diálogo entre la sed del hombre y la misericordia de Dios.
—El evangelio secreto de José de Nazaret da voz a un hombre que apenas habla en la Escritura. La ficción, de hecho, es lo que nos permite imaginar a san José…
—José es el gran custodio del misterio. No buscó protagonismo ni dejó discursos, pero sostuvo con su vida la historia más grande jamás contada. Su silencio es también Evangelio, porque no todo lo que salva necesita ser pronunciado. Hay silencios que no esconden, sino que revelan; silencios habitados por la fe, por la escucha y por una obediencia que se hace carne en los gestos cotidianos. José no anunció con palabras, anunció con su vida. No explicó el misterio, lo custodió. Siempre me ha conmovido su silencio lleno de sentido. Sentí la necesidad de acercarme a él no desde la teología académica, sino desde la carne, desde el corazón de un hombre justo que camina sin entenderlo todo, pero confiando sin reservas.
—En su novela, es el propio José quien recuerda su vida en primera persona. ¿Qué buscaba con esta apuesta narrativa?
—Quería que José dejara de ser una figura lejana y devocional para convertirse en alguien cercano. No quise escribir sobre él, sino escucharle. Imaginar cómo recuerda su historia, sus miedos, su amor por María, su asombro ante Jesús. Es un evangelio no porque añada datos, sino porque revela el interior de un hombre que vivió el Evangelio antes de que fuera escrito. En su manera de amar —sin poseer, sin exigir, sin apropiarse— aprendemos que el amor verdadero deja espacio a Dios. En su obediencia —dolorosa, libre, confiada— descubrimos que la fe no consiste en comprender todos los caminos, sino en caminar aun cuando la noche no se disipa. Y en su modo de custodiar —protegiendo lo que no era suyo, entregándose sin reclamar nada— reconocemos la vocación más honda del hombre: ser guardián del don recibido.
—El libro invita a redescubrir la dimensión espiritual del trabajo.
—Sí. José es carpintero, y su taller no es solo un lugar de trabajo, sino también un espacio de formación espiritual y humana. Cada madera que corta, cada herramienta que maneja, cada proyecto que construye refleja paciencia, cuidado y creatividad, valores que trascienden lo material y se convierten en lecciones de vida. En su labor cotidiana, José enseña a Jesús no solo un oficio, sino también el respeto por la materia, la disciplina del esfuerzo y la dignidad del trabajo bien hecho.
El taller de Nazaret puede entenderse como la primera escuela de humanidad del hijo de Dios, un lugar donde lo divino y lo humano se encuentran en la sencillez del día a día. Allí, el niño aprende que cada gesto, por pequeño que parezca, puede ser una expresión de amor y servicio, y que la santidad también puede crecer en lo ordinario, en el compromiso silencioso con la vida y con los demás.
—Otro de los ejes del libro es la obediencia. ¿Cómo la encarna nuestro protagonista?
—José obedece desde la libertad y el amor. No es una obediencia pasiva, sino costosa, llena de renuncias. Cada «sí» le arranca algo de sí mismo. Renuncia a sus planes, a su reputación, incluso a una paternidad entendida a la manera humana. Y ahí radica su grandeza: en aceptar custodiar lo que no le pertenece.
—¿Qué lugar ocupa María en este evangelio secreto?
—María es el misterio amado. José la acoge sin poseerla, la protege sin invadirla, la ama sin exigencias. Su relación es profundamente humana y profundamente espiritual. En ella se revela una forma de amar que hoy hemos olvidado: un amor que no necesita dominar para ser verdadero.
—Y con respecto a Jesús, ¿cómo se presenta la paternidad de José?
—Como una paternidad humilde y temblorosa. José mira a Jesús con asombro constante. Le enseña a caminar, a trabajar, a rezar, sabiendo que ese niño es el hijo de Dios. Esa conciencia no lo aleja, sino que lo hace más cuidadoso, más tierno, más responsable. José nos recuerda que ser padre es, ante todo, servir.
—¿Qué puede encontrar el lector actual en este libro?
—Un compañero para los caminos difíciles de la vida. José no ofrece soluciones rápidas, pero sí una presencia firme. Su fe sigue iluminando nuestros miedos, su silencio sigue hablándonos, su obediencia nos recuerda que solo quien se entrega del todo puede encontrarse verdaderamente.
—Después de escribir esta novela, ¿ha cambiado su relación con san José?
—Sí. Hoy, san José no es solo una figura bíblica para mí, sino un padre muy cercano. Alguien que me ha enseñado que incluso la enfermedad, la discapacidad, el fracaso o la incertidumbre pueden convertirse en lugar de gracia cuando se ofrecen con confianza. Por cosas así, san José no pertenece solo al pasado ni a la piedad devocional. Su silencio sigue siendo palabra para nuestro tiempo, su vida sigue siendo Evangelio vivido. En un mundo saturado de ruido, prisa y autoafirmación, José nos recuerda que Dios sigue hablando hoy a través de quienes saben escuchar, permanecer y amar hasta el extremo, incluso cuando no entienden del todo.








