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Onésimo Díaz: «A León XIV le toca la etapa de la reconciliación: reducir polarizaciones internas y responder a los cambios de la revolución digital»

Entrevistamos al autor de De León XIII a León XIV. Qué ha hecho la Iglesia por el mundo desde 1878 hasta la actualidad (Sekotia)

Historiador y profesor de la Universidad de Navarra, Onésimo Díaz es especialista en historia intelectual y cultural del mundo contemporáneo. En calidad de investigador de la modernidad, publica el libro De León XIII a León XIV. Qué ha hecho la Iglesia por el mundo desde 1878 hasta la actualidad (Sekotia), una obra rigurosa, muy amena y con múltiples referencias populares y culturales. La publicación de la primera encíclica del Santo Padre, Magnifica humanitas, y su visita a España, país donde la secularización está siendo muy acusada, ponen de relieve el valor del texto. Autor de 18 libros y más de 40 artículos en revistas académicas, Díaz atiende a ECCLESIA justo antes de presentar su última obra.

—León XIII intentó dialogar con el mundo moderno: ¿diría que la Iglesia sigue hoy en actitud de diálogo o vive más bien una fase defensiva?

—León XIII abrió una vía decisiva: abandonar la mera condena de la modernidad e intentar comprenderla para dialogar con ella, especialmente a partir de la encíclica Rerum novarum. La Iglesia actual sigue esencialmente en actitud de diálogo, tal como ha quedado reflejado en la encíclica Magnifica humanitas. El gran cambio respecto al siglo XIX es que hoy la Iglesia ya no pretende dominar culturalmente la sociedad europea, sino ofrecer respuestas en un contexto plural.

—¿Cree que este cambio es resultado de un mayor entendimiento de la modernidad o que, por el contrario, sigue existiendo una cierta incomprensión mutua?

—La Iglesia ha comprendido mucho mejor la modernidad que hace cien años, especialmente tras el Concilio Vaticano II. Ha asumido conceptos como derechos humanos, libertad religiosa o democracia. Pero persiste una incomprensión mutua: parte del mundo secularizado sigue viendo a la Iglesia como una institución anclada en el pasado, mientras que algunos ambientes eclesiales —pocos y anclados en posturas preconciliares— perciben la modernidad como una amenaza relativista.

—¿Sigue siendo España un laboratorio especialmente significativo para entender esa tensión?

—Sí. España concentra muchas tensiones: secularización acelerada, memoria religiosa fuerte, polarización política y coexistencia entre tradición y modernidad.

—Nuestro país fue durante décadas un lugar de identidad católica muy fuerte: ¿estamos viviendo una ruptura histórica o simplemente una transformación del modo de creer?

—Más que una desaparición de la fe, vivimos una transformación del modo de creer. El catolicismo ha dejado de ser una identidad colectiva automática para convertirse en una opción más personal y voluntaria.

—¿Qué puede aportar hoy la Iglesia a una sociedad española cada vez más distante del cristianismo?

—La Iglesia puede aportar comunidad, sentido y una visión de la persona no reducida al consumo o al rendimiento. También puede seguir siendo una voz relevante sobre soledad, migración y pobreza.

— Si León XIV leyera hoy el panorama español desde la perspectiva histórica de su libro, ¿qué signos de esperanza encontraría?

—Encontraría esperanza en los jóvenes que buscan sentido, en el voluntariado, en los movimientos culturales y en la persistencia de una memoria cristiana profunda en España.

—Después de escribir un libro como este, ¿es usted más optimista o pesimista sobre el futuro de la Iglesia?

—El balance es moderadamente optimista. La Iglesia ha sobrevivido a guerras, revoluciones y crisis profundas gracias a una gran capacidad histórica de adaptación. El inicio del pontificado de León XIV, un papa políglota y de mentalidad abierta, es un soplo de aire fresco en un mundo polarizado.

—Durante su investigación, ¿qué es aquello que ha descubierto que le haya sorprendido especialmente?

—Resulta sorprendente comprobar hasta qué punto los papas influyeron en debates contemporáneos que hoy consideramos plenamente modernos: derechos laborales, ecología, mujer, medios de comunicación, paz internacional o inteligencia artificial. Existe una notable continuidad histórica entre los desafíos del siglo XIX y los del XXI.

—Si tuviera que resumir en una sola idea qué ha aportado la Iglesia al mundo desde 1878, ¿cuál sería? ¿Y cuál considera su mayor debilidad o fracaso en este momento histórico?

—La principal aportación ha sido la defensa de la dignidad humana frente a ideologías deshumanizadoras. Su mayor debilidad actual es la pérdida de credibilidad institucional causada por los escándalos de abusos y la dificultad para transmitir la fe en sociedades secularizadas.

—¿Cuál diría que ha sido el pontificado más decisivo para la relación entre Iglesia y sociedad contemporánea?

—El pontificado de Juan XXIII fue decisivo por la convocatoria del Concilio Vaticano II, seguido por Pablo VI, que lo aplicó. Sin embargo, Juan Pablo II tuvo un impacto global extraordinario al convertir al papado en un actor moral de alcance mundial.

—¿Qué lecciones debe aplicar hoy la Iglesia de lo aprendido en su actuación con los totalitarismos del siglo XX?

—La gran lección es que la Iglesia pierde credibilidad cuando se identifica demasiado con el poder político. No obstante, conviene recordar que Pío XI condenó el comunismo y el nazismo en 1937 por ser ideologías que atentaban contra la dignidad humana y los derechos humanos. El siglo XX enseñó también la necesidad de defender siempre la dignidad humana frente a cualquier ideología deshumanizadora.

—En su libro, combina historia con cine y literatura y recurre con frecuencia a la cultura popular. ¿Qué película cree que explica mejor el drama espiritual de los siglos XX y XXI?

El árbol de la vida, de Malick, refleja la búsqueda contemporánea de sentido, sufrimiento y trascendencia. Es la vida de Job en pleno siglo XX. Al ver esta película podemos decir que no hay nada nuevo bajo el sol. Cambian las circunstancias, pero el ser humano sigue siendo el mismo.

—En su recorrido histórico muestra cómo la Iglesia ha atravesado guerras, revoluciones y cambios culturales profundos. ¿Diría que el desafío actual en Europa es más difícil que los anteriores?

—El desafío actual es distinto: no se trata tanto de persecución como de indiferencia religiosa y pérdida de sentido trascendente. Eso lo convierte en un reto más silencioso y complejo.

—Tras analizar cómo distintos papas respondieron a los desafíos de su tiempo, ¿cuál cree que la Rerum novarum pendiente del siglo XXI?

—La gran cuestión pendiente es la revolución tecnológica: inteligencia artificial, automatización, vigilancia digital y dignidad del trabajo humano. Vale la pena leer y meditar la primera encíclica de León XIV, donde dice expresamente que la IA está transformando nuestro mundo.

—¿Qué etapa histórica considera que le corresponde vivir a León XIV y qué tendrá que hacer para que su pontificado sea considerado de relevancia?

—A León XIV le corresponde probablemente la etapa de la reconciliación: reducir polarizaciones internas y responder al cambio antropológico provocado por la revolución digital y biotecnológica en la era de la IA.

—Si pudiera entregarle personalmente su libro a León XIV durante esta visita a España, ¿qué página le pediría que leyera primero? ¿Y qué novela y película le recomendaría?

—Le pediría que leyera primero las páginas dedicadas a cómo la Iglesia afrontó las crisis culturales del siglo XX sin perder la idea de dignidad humana. Como novela recomendaría le Retorno a Brideshead, y como película, La vida es bella, que además sé que es una de sus preferidas.

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