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León XIV pide a los obispos españoles custodiar la unidad, favorecer el diálogo y sanar las fracturas

En su discurso ante la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal, en la sede de Añastro en Madrid, el Papa ha reafirmado la necesidad de seguir adelante con la reforma de los seminarios y ha pedido responder a la realidad de los abusos con escucha, verdad, justicia, reparación y prevención

El papa León XIV ha visitado este lunes, en el tercer día de su viaje a España, la sede de la Conferencia Episcopal Española, donde ha mantenido un encuentro con todos los obispos españoles, a los que propuso en un discurso más bien largo —por el momento, el segundo más extenso del viaje, tras el del Congreso de los Diputados— una hoja de ruta para responder a los retos actuales de la evangelización.

Un viaje sui generis, como él mismo lo ha llamado, en el que ha identificado asuntos concretos como la necesidad de proponer comunión en el interior de la Iglesia, la pastoral vocacional, la reforma de los seminarios, la participación de los laicos, la «plaga» de los abusos o la respuesta a un mundo secularizado que se encuentra en búsqueda.

El papa León ha recordado a los obispos que la Iglesia, en este tiempo de polarizaciones y contraposiciones cada vez más duras, debe ofrecer «un testimonio de unidad en la pluralidad», una comunión capaz de acoger la riqueza de los dones, de los carismas, de las sensibilidades.

En este punto, ha dicho que el obispo tiene una responsabilidad particular, pues «estamos llamados a ser principio visible de la comunión». Comunión con Dios, con el Sucesor de Pedro y con la Iglesia universal y con el presbiterio y la comunidad diocesana. «Vuestro ministerio os reclama custodiar la unidad, favorecer el diálogo, sanar las fracturas y acompañar el camino del pueblo a vuestro cuidado», ha añadido.

De hecho, ha subrayado que esta comunión tiene una gran fuerza misionera, pues «una Iglesia reconciliada por dentro puede hablar con mayor libertad a los hermanos de otras confesiones y religiones, a los que no creen, a las autoridades civiles y a todos los hombres de buena voluntad que trabajan por el bien común».

Junto a este reto, el Papa ha puesto encima de la mesa el de la dificultad para aceptar compromisos definitivos y tomar decisiones vitales profundas. Así, ha afirmado que la pastoral vocacional no puede reducirse a una simple búsqueda de números, sino que debe nacer de las comunidades vivas, de sacerdotes felices o de familias capaces de testimoniar la belleza de la fidelidad, de una Iglesia que sabe mostrar que Cristo no empobrece la existencia, sino que la expande.

Vocación y reforma de seminarios

Al hilo de la cuestión vocacional, León XIV ha abordado la reforma de los seminarios iniciada por el papa Francisco y ha respaldado su propuesta de que los seminarios sean «auténticas casas de formación que aseguren una adecuada experiencia de vida comunitaria; que tengan formadores totalmente dedicados al estudio y la enseñanza, con experiencia en acompañamiento espiritual; y que cuenten con Centros Superiores de Teología con los medios necesarios».

Para el Papa es «imprescindible aunar fuerzas, aprender a trabajar juntos en la gestión de estos desafíos». Porque, ha recordado, «la conservación de estructuras no puede prevalecer sobre el bien de la vocación».

Y de la vocación al sacerdocio ha pasado a la del laico, destacando la experiencia de integración de estos en el camino de muchas obras de la vida religiosa. «De nosotros depende que lleguen a percibir su participación en el servicio eclesial como llamada que Dios les hace a asumir su responsabilidad como cristianos», ha añadido.

Verdad, reparación y cultura del cuidado

El Pontífice no ha eludido los temas más espinosos y se ha referido también a la cuestión de los abusos. El Papa ha dicho que en el camino de la Iglesia hay encuentros con personas que viven momentos de oscuridad. Y que uno de los más dolorosos es con aquellos que «han sido heridos por quienes debían cuidarlos, incluso por miembros del clero».

«Ante esta plaga, la comunidad eclesial está llamada a responder con la escucha, la verdad, la justicia, la reparación y un compromiso más decidido en la prevención y la cultura del cuidado. Cada herida debe poder encontrar escucha sincera, acogida, protección y caminos reales de sanación», ha afirmado.

Esta lógica sirve también para responder al mundo secularizado, pues la Iglesia está llamada a reconocer los anhelos y la sed de sentido de nuestros contemporáneos y a ofrecerles, ha dicho el Papa, el tesoro de la Iglesia: Jesucristo. Así, ha recalcado que este anuncio debe ser ofrecido también cuando colabora con instituciones o aporta ayuda material, educación, asistencia o promoción humana.

Construir una nueva realidad

De forma general, el Pontífice ha ofrecido a los obispos una hoja de ruta para moverse en el viaje que supone responder a los retos actuales. Así, les ha pedido «conjugar prudentemente la libertad y la valentía, para dejar estructuras que no nos ayudan, no responden o incluso nos alejan de nuestro fin».

Del mismo modo, les ha recordado la importancia de la vida sacramental y de la necesidad de comunicarnos con el otro. «Que nuestro patrimonio sea siempre instrumento y oportunidad de diálogo con aquellos que encontramos en el camino», ha añadido.

«Estamos llamados a construir una nueva realidad, a través del diálogo respetuoso y el uso de nuevos lenguajes», ha afirmado, antes de poner como ejemplo a fray Hernando de Talavera y santo Toribio de Mogrovejo, este último, «modelo de obispo en salida en un tiempo de misión y reorganización eclesial».

Así, el Papa ha señalado los puntos esenciales que debe tener el espíritu con el que afrontar los retos de la evangelización hoy. Es, en primer lugar, la capacidad de comunicar, de hablar con la realidad, que exige «aprender el lenguaje del otro, iniciar procesos e ir tejiendo vínculos». Pero también la creación de realidades que puedan comunicar ellas mismas la experiencia de fe.

Al identificar que en el camino nos encontraremos con planicies vacías y grandes ciudades, donde el silencio no es espacial, sino íntimo, ha señalado que, aunque las respuestas a cada realidad son distintas, el proceso es el mismo: escucha, comprensión, respeto, generosidad y franqueza.

El discurso del Papa ha concluido proponiendo a san Juan de Ávila como modelo y recordando que «la fuerza de la Iglesia no nace de la grandeza de los medios, sino de la santidad de sus hijos, la comunión de sus pastores, de la fidelidad humilde y perseverante de quien se deja guiar por el Espíritu».

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