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Así acompaña la Iglesia a los presos en España

La Pastoral Penitenciaria atendió a 40.289 personas en 2025 con 1.076 programas dentro y fuera de las cárceles

La Iglesia atendió a 40.289 personas en el ámbito penitenciario durante 2025. Lo recoge la memoria anual del Departamento de Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal Española, que se ha hecho pública este 24 de septiembre, fiesta de la Virgen de la Merced, patrona de los presos. La cifra pesa más si se tiene en cuenta que España cerró el año con 62.398 personas en prisión.

Ese acompañamiento lo sostienen 1.910 voluntarios laicos, 159 capellanes y 667 entidades colaboradoras, que el año pasado pusieron en marcha 1.076 programas dentro y fuera de las cárceles. Es una labor que se hace «muchas veces de manera silenciosa», según el director del departamento, el mercedario José María Carod.

Mucho más que misa en la cárcel

La mayor parte de la actividad se desarrolló dentro de los centros penitenciarios, con 936 programas. De ellos, 573 fueron de carácter religioso e incluyeron 768 grupos y acciones pastorales en los que participaron 21.270 internos.

La presencia de la Iglesia en prisión va más allá de lo religioso. La memoria contabiliza también 341 programas sociales, con el reparto de 8.221 paquetes de ropa a 6.783 personas y 272.807 euros en peculio, el dinero del que disponen los internos para sus gastos, que llegaron a 7.513 reclusos. Además, otros 22 programas jurídicos asesoraron a 510 personas.

Fuera de los muros, los 140 programas restantes giraron sobre todo en torno a la acogida. Las 90 casas vinculadas a la Pastoral Penitenciaria recibieron a 3.193 personas, y otras 621 fueron acompañadas mientras cumplían trabajos en beneficio de la comunidad. Otros 27 programas jurídicos atendieron a 399 personas.

Todo ello supuso una inversión de cerca de 1,6 millones de euros en capellanías y de más de 2,1 millones en casas de acogida.

«Otra cárcel es posible»

Para preparar a quienes hacen posible este servicio se organizaron 804 encuentros y actividades formativas a lo largo del año. Aun así, el propio departamento reconoce que no es suficiente. «Constatamos que faltan manos. Debemos especificar bien la vocación al servicio del preso», admite la memoria, que plantea mejorar la formación inicial y permanente de agentes de pastoral, voluntarios y capellanes.

La memoria defiende además una manera concreta de estar en la prisión. «Queremos mostrar que otra cárcel es posible desde la escucha, el acercamiento, la humanidad, la comprensión, la oportunidad y perdón», afirma Carod. El departamento quiere también dar pasos firmes en el acompañamiento de víctimas y victimarios, para «hacernos presentes en el dolor de tantas familias heridas en ambos lados». Su aspiración es alcanzar «una coordinación tan total que resulte por sí misma evangelizadora».

El documento termina con una declaración de intenciones. «Seguimos sin pausa. Porque la meta final está clara: acompañar, visibilizar y mejorar la realidad —por ahora aún inevitable— de la pena de prisión».

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