Llegó hace 21 años a nuestro país procedente de Ecuador, y con su proyecto «Pueblos con futuro» se ha convertido en una voz y un refugio para aquellos que emprenden un nuevo comienzo
El cuarto Faro para la Esperanza de esta inspiradora serie lanzada por la Oficina para las Causas de los Santos de la Conferencia Episcopal Española en el marco del Jubileo 2025 está centrado en el testimonio de Dorys Castillo Campos, fundadora de la asociación «Pueblos con futuro», y se relaciona con la bienaventuranza «Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados» (Mateo 5,6). Este relato nos acerca a la realidad de la migración, abordando tanto la vulnerabilidad de los emigrantes como el desafío de la despoblación en la llamada «España vaciada».
Dorys Castillo llegó a España hace 21 años desde su Ecuador natal y se ha convertido en una voz y un refugio para aquellos que, como ella, emprenden un nuevo comienzo en un país distinto. «Tengo un llamado muy grande a acompañar a la gente que está viviendo el proceso desde haber llegado», comparte Dorys. Su labor voluntaria en «Pueblos con Futuro» nació de una necesidad latente, no de una búsqueda intencionada: «Se ha ido dando de una forma no esperada ni buscada, ha nacido por la necesidad que había de una respuesta; hay otros compañeros que son voluntarios que se han implicado y yo súper agradecida, de verdad».
La asociación «Pueblos con Futuro», formada por profesionales voluntarios, trabaja en red con entidades públicas y privadas para llevar esperanza y construir un futuro mejor para todos. El proyecto se enfoca en familias vulnerables que acceden a través de la acogida de migrantes en parroquias. Su objetivo principal es facilitar que estas familias se establezcan con estabilidad y logren ser «totalmente autónomos».
Dorys explica que, si bien muchos migrantes tienen formación o experiencia de sus países de origen, afrontan grandes dificultades para acceder a vivienda y trabajo dignos en las capitales. Por ello, «Pueblos con Futuro» busca ubicaciones fuera de las grandes ciudades, en pueblos con población más reducida. Recientemente, la asociación ayudó a una familia joven con una niña de 7 años a instalarse en Valdesotos (Guadalajara), buscando una vida más estable tras haber vivido un tiempo en Madrid.
El proceso de adaptación de la ciudad al pueblo es un «cambio grande» que, aunque beneficia con un «estilo de vida bastante sano», puede ser «bastante complejo» al principio. Dorys subraya que la responsabilidad del proyecto es mutua: «Cuando llevamos una familia a un pueblo la responsabilidad no es solo con la familia, sino también con el pueblo. Hay que cuidar el pueblo para que estén a gusto y que se pueda, de verdad, hacer un buen arraigo no tanto de la familia en el pueblo como el pueblo que va acogiendo a la familia».
Para Dorys y «Pueblos con Futuro», el acompañamiento trasciende las necesidades materiales básicas. Lo fundamental, a su juicio, es el apoyo espiritual y emocional. Los migrantes «vienen con necesidad de estabilidad, de un nuevo proyecto de vida», y, por ello, la asociación se enfoca en ayudarles a descubrir este «proyecto de vida», que, para ellos, «es sagrado».
«No solamente es la parte material —que sí, es necesaria—, también hay que cubrir necesidades como la esperanza o la fortaleza. Ellos necesitan sentirse apoyados desde la fe —que todos o la mayoría la traen—, pues hay una tradición fuerte de fe cristiana que necesitan reforzar, acompañar… y esa es especialmente nuestra función, sobre todo ayudarles a descubrir cuál es el proyecto de vida que traen, hacia dónde van a caminar y que sean sostenidos de la fe», afirma Dorys.
Frente a la percepción de la «España vaciada» como problema, Dorys lo ve como un territorio de inmensas oportunidades. Ha encontrado «gente acogedora, que tiene ganas de que venga gente nueva, lo mismo que las familias llegan con ganas de aprender, de incorporarse y de aportar». Esta perspectiva transformadora convierte el desafío de la despoblación en una oportunidad de revitalización y crecimiento mutuo.
El testimonio de Dorys Castillo es un claro ejemplo de cómo las adversidades de la vida cotidiana, cómo la migración y la necesidad de justicia pueden afrontarse con esperanza. Su historia, como las de los Faros para la esperanza anteriores, demuestra que el amor de Dios puede transformar la debilidad en fortaleza, iluminando el camino para que otros puedan «navegar del duelo a la esperanza».
Esta serie de ocho vídeos, que se estrenan mensualmente desde el pasado abril hasta el próximo noviembre, busca mostrar cómo el amor de Dios nos dota de fortaleza en la debilidad a través de historias sencillas pero llenas de esperanza, vinculando cada testimonio con una bienaventuranza.








