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Fernando Vidal: «La Iglesia debe ayudar a que las parejas se pacifiquen, se perdonen y caminen juntas»

Entrevistamos al sociólogo y escritor a pocas semanas del encuentro convocado por el papa León XIV en el Vaticano con motivo del décimo aniversario de Amoris laetitia

A pocas semanas del encuentro convocado por el papa León XIV en el Vaticano —del 7 al 14 de octubre— con motivo del décimo aniversario de la exhortación apostólica Amoris laetitia, la Iglesia universal se dispone a reflexionar y orar sobre la situación actual de las familias y el futuro de esta institución frente a las transformaciones del mundo contemporáneo. En un contexto marcado por tensiones tecnológicas, presiones económicas e ideológicas, la familia sigue llamada a ser ese refugio donde la persona es amada, ama y aprende el sentido de la vida. Para profundizar en este itinerario de escucha, discernimiento y atención pastoral, conversamos con Fernando Vidal, doctor en Sociología y profesor de la Universidad Pontificia Comillas, donde dirige la Cátedra Amoris Laetitia y ha dirigido durante una década el Instituto Universitario de la Familia. Lleva años estudiando la realidad de las familias, sus vínculos y sus transformaciones sociales, y ha dedicado buena parte de su trabajo a comprender también las situaciones de vulnerabilidad que las afectan. Autor de numerosos libros, entre ellos El valor de la familia en la sociedad de los cuidados y El reloj de la familia, Vidal aborda la familia desde la sociología, pero también desde una profunda mirada cristiana.

—¿Cuál es la principal novedad de este encuentro sobre Amoris laetitia y qué balance se hace de su aplicación en la Iglesia?
—El espíritu sinodal de esta reunión constituye su novedad fundamental, pues invita a un discernimiento del corazón para valorar el grado de interiorización de la exhortación y compartir mejores prácticas. Sin embargo, la Iglesia universal solo ha asimilado el documento a medias. Aunque los procesos ligados al derecho canónico y al ámbito escolar han registrado transformaciones y adaptaciones profundas, el resto de la pastoral apenas inicia su reorientación, manteniendo metodologías tradicionales sin el giro de paradigma solicitado en la mayoría de las diócesis.

—¿A qué se debe que no se haya consolidado plenamente el cambio de paradigma pastoral que pedían los sínodos?
—Existen múltiples razones, entre las que destaca una fuerte presión ideológica, política e institucional. Asimismo, la irrupción reciente de métodos de corte pentecostalista no ha ayudado a este proceso, sino que ha confundido el camino pastoral.

—¿Qué modelo pastoral sobre el amor propone la exhortación y cuál es el compromiso renovado por el papa León XIV?
—Se busca confirmar un modelo de pastoral sobre el amor que profundice en su carácter evangélico, liberándolo de ideologizaciones, idealizaciones irreales y rigorismos. La propuesta de Amoris laetitia exige que la Iglesia acompañe e inspire a las parejas en su avance hacia un matrimonio movido por el puro amor, abriendo nuevos senderos cuando surgen dificultades o abandonos, un compromiso que León XIV renovará formalmente.

—¿De qué manera está afectando el contexto sociocultural de capitalismo desaforado a las relaciones familiares contemporáneas?
—El hipercapitalismo es la fuerza que moldea los vínculos humanos en toda la Tierra, intoxicando a la sociedad con individualismo, soledad, nihilismo y mala salud mental. Este modelo genera una utilitarización condicional de las relaciones, cosificación de las personas y valoración en términos de consumo rápido, haciendo que una familia consumista termine por consumirse a sí misma. Pese a estas desorientaciones y a la dificultad de acceder a una casa y hogar, las parejas persisten en su búsqueda del amor como el deseo más profundo de la condición humana.

—Ante esta realidad, ¿cuál debe ser la misión esencial de la Iglesia frente a las familias hoy?
—En este segundo cuarto de siglo, la Iglesia debe erigirse ante el mundo como profeta de la paz, la razón y el amor, ayudando a que las personas y parejas se pacifiquen, se perdonen y caminen juntas. Del mismo modo, actúa como maestra para recuperar la capacidad de discernimiento frente a la mercantilización de la vida, recordando que todo amor aspira a la plenitud que se halla en Dios. Finalmente, se promueve una familia sinodal que progrese en el discernimiento espiritual y viva unida a la Casa Común y a los más pobres.

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