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Sara Parvis: «El aniversario de Nicea es una gran oportunidad para el diálogo ecuménico»

Entrevistamos a Sara Parvis, académica destacada de la Universidad de Edimburgo, sobre su intervención en el Congreso Símbolo: Luz de Nicea, que se celebró esta semana la diócesis de Córdoba

Sara Parvis, académica destacada de la Universidad de Edimburgo y una de las voces más reconocidas en el estudio del cristianismo primitivo y los Padres de la Iglesia, participó esta semana en el Congreso Símbolo: Luz de Nicea, que, organizado por la diócesis de Córdoba, se ha sumado a los actos de celebración por el 1700 aniversario del primer concilio ecuménico de la historia. Con una sólida trayectoria investigadora y una profunda implicación en el pensamiento teológico e histórico, la profesora Parvis atiende a ECCLESIA para compartir sus perspectivas sobre el papel del pensamiento cristiano en el mundo antiguo.

—Acaba de impartir una conferencia sobre la recepción del Concilio de Nicea en la tierra del obispo Osio…

—El tema central de mi argumento es el siguiente: la recepción de Nicea fue un proceso bastante extraño y pasó bastante tiempo antes de que se comprendiera adecuadamente su importancia. Y en este contexto, considero la carrera de Osio de Córdoba como un ejemplo específico de los problemas que encontramos. Él trabajó mucho para que el Concilio de Nicea se celebrara en el año 325, pero no llegó a ver los resultados completos en vida. Sin embargo, tras su muerte, la gente comprendió que era extremadamente importante afirmar que el Hijo es «consustancial con el Padre». Atanasio de Alejandría explicó que esto significa que todos somos hijos adoptivos de Dios, porque Jesús, que es verdaderamente Dios por naturaleza, comparte su filiación con nosotros.

—¿Qué aspectos del proceso de recepción le parecen más sorprendentes o quizás menos conocidos por el público en general?

—El hecho de que el término clave del Credo Niceno, «homoousios» o «consustancial», que significa que Jesús es verdaderamente Dios, estuviera oficialmente prohibido durante más de 18 años, desde el 360. Fue restablecido en el Concilio de Constantinopla de 381, el Segundo Concilio Ecuménico.

—¿Quiénes fueron los principales actores que dieron forma a la interpretación y aplicación del Concilio de Nicea en los años siguientes?

—Osio de Córdoba estuvo muy involucrado en el proceso en las primeras etapas. Otras personas importantes en el proceso son Atanasio de Alejandría, Basilio de Cesarea y Santa Melania la Mayor, que solía visitar a sacerdotes y monjes en Egipto con dinero y cartas de sus amigos que estaban encarcelados por creer en el Credo Niceno.

—¿En qué regiones del Imperio Romano fue más difícil la aceptación del concilio y cuáles fueron las principales razones?

—¡Variaba! Dependía del emperador que estuviera en el poder y de lo que pensara del Credo Niceno. Nicea siempre fue popular en Egipto y, por lo general, en Roma y el resto de Italia, ¡así como en España! El lugar que más tardó en aceptar el Concilio de Nicea, por extraño que parezca, fue Constantinopla. Parece que les gustaba bastante la idea de que el Hijo fuera un Dios secundario subordinado al Padre, porque se parecía un poco a algunas formas populares de filosofía de la época.

—¿Qué fuentes considera más valiosas para estudiar la acogida del concilio: cartas, crónicas, documentos conciliares u otras?

—Las fuentes históricas clave se encuentran en los escritos históricos de Atanasio y Eusebio de Cesarea, así como en los historiadores del siglo V Sócrates, Sozomeno y Teodoreto. Todos ellos están repletos de fuentes originales relevantes. Si le interesa la teología, le recomendaría La Trinidad, de Agustín, o Las cinco oraciones teológicas, de Gregorio Nacianceno. Para una historia matizada, recomiendo leer tanto Sobre los sínodos, de Atanasio, como Sobre los sínodos, de Hilario de Poitiers, y decidir con cuál de los dos se está de acuerdo. Las Actas del Concilio de Calcedonia también son muy útiles para ver cómo se recibió Nicea en el siglo V. Si quiere entrar en detalles técnicos, consulte las diferentes versiones de los credos en griego y latín de los siglos IV y V.

—En su opinión, ¿por qué es importante estudiar la recepción de Nicea hoy en día, en una época marcada por tensiones ideológicas y eclesiásticas?

—Creo que es vital que haya una masa crítica de personas que comprendan las cuestiones teológicas e históricas del período patrístico; de lo contrario estamos fallando en nuestro deber de mantenernos al día con nuestra propia historia. En este año del 1700 aniversario del Concilio de Nicea, también es una gran oportunidad para el diálogo ecuménico y para discutir cómo compartimos la fe a través del espacio y el tiempo. Hay algunos aspectos ecuménicos bastante específicos en esto, como los diferentes enfoques de las iglesias ortodoxas orientales, la Iglesia católica latina y las diversas iglesias protestantes respecto al Credo de Nicea. Siempre es bueno comprender la fe más profundamente a nivel intelectual.

 —¿Qué mitos o malentendidos sobre el Concilio de Nicea cree que aún persisten y deben ser cuestionados por la investigación académica?

—Que produjo el Credo que ahora recitamos cada semana bajo el título de Credo de Nicea. Este fue redactado en Constantinopla en 381 y no se hizo realmente público en la mayoría de los lugares hasta el Concilio de Calcedonia de 451.

También creo que a menudo se exagera el papel de Constantino en la convocatoria del Concilio, pero se trata de una cuestión realmente controvertida, que no creo que podamos resolver con las pruebas de que disponemos en la actualidad.

—Si pudiera hablar con uno de los padres nicenos, ¿a quién elegiría?

—¡A Marcelo de Ancira, sobre quien hice mi doctorado! Le preguntaría qué decía el resto de su libro, cuyas partes han desaparecido, ya que solo tenemos fragmentos por el momento. ¡Solía soñar con encontrar un manuscrito de su libro!

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