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Tercera jornada de la cumbre sobre ‘Amoris laetitia’ en el Vaticano: renovar el acompañamiento a la «sed de amor» de los jóvenes

El evento convocado en el Vaticano por el papa León XIV aborda el declive global del matrimonio con llamamientos a superar la rigidez normativa, impulsar el «ministerio del testimonio» y adoptar una cultura de la escucha

En el marco del encuentro internacional «Diez años después de Amoris laetitia: anunciar el Evangelio con las familias de hoy», convocado por el papa León XIV junto a los jefes de las Iglesias orientales católicas y los presidentes de las conferencias episcopales, las sesiones del día de hoy han situado en el centro del debate la vocación matrimonial entre las nuevas generaciones. La jornada ha abordado con franqueza el descenso generalizado de las bodas civiles y religiosas a nivel mundial, proponiendo una profunda transformación en la praxis pastoral.

La apertura del trabajo diario corrió a cargo del cardenal Kevin Farrell, quien expuso la honda preocupación de pastores y padres cristianos ante unos hijos que «sufren soledad, se muestran indecisos a la hora de asumir un compromiso duradero o rechazan categóricamente el camino que ellos mismos emprendieron con alegría». Farrell invitó a la asamblea a trascender las causas superficiales —como el incremento del divorcio o las corrientes culturales dominantes— para plantear una interrogante de carácter espiritual: «podríamos preguntarnos si «quizás Dios ha dejado de hablar a los corazones de los jóvenes y de despertar en ellos el deseo de casarse»». Frente a este dilema, instó a «individualizar signos de esperanza» y a valorar la experiencia de quienes, aun contra corriente, siguen optando por la alianza matrimonial.

Por su parte, monseñor Stephen Fernandes, obispo auxiliar de la arquidiócesis metropolitana de Bombay, destacó que el desinterés de la juventud no debe interpretarse como una renuncia al amor. «Los jóvenes no han dejado de tener sed de amor. Lo que para muchos se ha debilitado es la confianza en que el amor pueda perdurar», aseguró. Fernandes desgranó la forma como condicionantes como la inmediatez de la comunicación digital, la precariedad laboral, la carestía de la vivienda o el cambio climático dificultan la proyección hacia el futuro. Además, recordó las complejas realidades de su propio contexto en la India, donde persisten desigualdades de género, presiones por la dote, discriminación por castas y violencia. Ante este panorama, propuso replantear el concepto de libertad, pues esta «alcanza su madurez no solo en la capacidad de elegir, sino también en la capacidad de entregarse».

En su intervención, monseñor Timothy Costelloe, S.D.B., arzobispo de Perth (Australia), advirtió del peligro de tratar a la juventud como un grupo sociológico uniforme. Costelloe subrayó que la respuesta eclesial no radica en crear meros programas institucionales o recursos catequéticos, sino en un verdadero cambio cultural. Según el arzobispo salesiano, se requiere asumir «un cierto estilo que debería caracterizar todas nuestras interacciones mutuas», alineado con la cultura sinodal de participación y escucha atenta que promueve el papa León XIV.

Al analizar la brecha entre la doctrina católica y las tendencias de la sociedad contemporánea, Costelloe citó al director de Educación Religiosa de Australia Occidental: «Muchos de nuestros jóvenes han heredado supuestos culturales sobre la sexualidad que difieren sustancialmente de los de la Iglesia: pueden incluso comprender la postura de la Iglesia, pero no les resulta fácil aceptarla». La influencia de las redes sociales e influencers suele priorizar la realización inmediata sobre el sacrificio y la permanencia.

Para acortar esta distancia, monseñor Costelloe abogó por articular lo que definió como un «ministerio del testimonio fiel». Y haciéndose eco de las palabras de una pareja de esposos, recordó que «el argumento más persuasivo a favor del matrimonio cristiano suele ser una pareja casada que lo vive bien». Asimismo, sugirió presentar la «teología elevada de la Iglesia sobre la intimidad conyugal» desde una perspectiva positiva e inspiradora —como un ideal por el que merece la pena luchar— y no como un mero catálogo de reglas o prohibiciones. Para ilustrar la urgencia de esta tarea, rescató la célebre interrogante planteada por el papa Francisco en Amoris laetitia: «¿Quién habla hoy de estas cosas? ¿Quién es capaz de tomarse en serio a los jóvenes? ¿Quién les ayuda a prepararse seriamente para un amor grande y generoso?».

Ambos ponentes coincidieron en que la Iglesia debe acoger y acompañar con comprensión y compasión a las parejas que conviven antes del matrimonio. Monseñor Fernandes propuso el pasaje evangélico de los discípulos de Emaús como modelo pedagógico: un proceso que exige acercarse, escuchar profundamente, discernir sin condenar e iluminar la realidad vivida desde la verdad y la misericordia.

En sus conclusiones, Fernandes remarcó que los mejores embajadores del matrimonio no serán las estructuras eclesiásticas, sino las familias reales. Los jóvenes «necesitan testigos que sepan decir, no simplemente: «El matrimonio es hermoso», sino: «Hemos vivido sus dificultades, hemos conocido el fracaso y el perdón, el sacrificio y la alegría, y hemos descubierto que el amor puede perdurar». De este modo, la asamblea ha dejado claro que la credibilidad pastoral del mensaje cristiano residirá en su capacidad de hacer tangible la belleza de la alianza matrimonial en medio de los desafíos contemporáneos.

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