Querido Nuccio: el próximo viernes 20 de octubre se celebra en Oviedo la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias. El de Comunicación y Humanidades es para ti. Y como me voy a quedar con las ganas de escuchar el discurso que harías en tan solemne ocasión, puesto que lo recibes a título póstumo, me he tomado la licencia de imaginar algún fragmento del mismo.
Diría así: «En mi defensa de la lectura de los clásicos, a la que he dedicado varias de mis obras, he destacado siempre una palabra: gratuidad. Siempre he intuido que el valor de estos libros, del arte, de la belleza, no es solo que sean ajenos a cualquier finalidad utilitarista, sino que remiten a otra cosa. ¿Por qué nos deja en silencio una puesta de sol o un cielo estrellado? Como ya escribía en La utilidad de lo inútil, si dejamos morir lo gratuito, si renunciamos a la fuerza generadora de lo inútil, si escuchamos únicamente el mortífero canto de sirenas que nos impele a perseguir el beneficio, solo seremos capaces de producir una colectividad enferma y sin memoria, que, extraviada, acabará por perder el sentido de sí misma y de la vida».
Se me quedan algunas preguntas en el tintero, Nuccio. ¿No crees que esa fuerza generadora de la que hablas no es nuestra? ¿Que las mejores obras de la literatura son las que nos hacen conocernos mejor y desear más esa fuerza que también nos genera a nosotros? ¿Has encontrado ya la Verdad, que, como tú dices, se puede buscar pero no imponer, porque la Verdad absoluta solo la tiene Dios?
Te comparto todo esto con la esperanza de que puedas corregirlo y ofrecer las respuestas que ahora tú ya conoces. Un abrazo.







