El papa León XIV ha presidido este domingo la Eucaristía con el rito de canonización de dos jóvenes cercanos a nuestro tiempo
La Iglesia cuenta desde este domingo con dos nuevos santos: Carlo Acutis y Pier Giorgio Frassati, «un joven de principios del siglo XX y un adolescente de nuestros días, ambos enamorados de Jesús, dispuestos a darlo todo por él», tal y como ha manifestado el papa León XIV en la homilía de la Eucaristía de canonización de ambos, en la plaza de San Pedro.
«Pier Giorgio encontró al Señor por medio de la escuela y los grupos eclesiales —la Acción Católica, las Conferencias de San Vicente de Paúl, la F.U.C.I. (Federación Universitaria Católica Italiana), la Orden Tercera de Santo Domingo— y dio testimonio de ello a través de su alegría de vivir y de ser cristiano en la oración, en la amistad y en la caridad», ha subrayado sobre Frassati.
Por su parte, de Carlo Acutis ha dicho que «encontró a Jesús en su familia, gracias a sus padres, Andrés y Antonia y después en la escuela, también él, y sobre todo en los sacramentos, celebrados en la comunidad parroquial». «Creció integrando naturalmente en sus jornadas de niño y de adolescente la oración, el deporte, el estudio y la caridad», ha continuado.
Ambos compartieron, según ha explicado el Pontífice, cultivaron el amor a Dios y a los hermanos en el día a día, con la Santa Misa, la oración, la adoración eucarística y la confesión. Además, demostraban gran devoción por los santos y por la Virgen, y practicaban generosamente la caridad.
En los dos también apareció la enfermedad: «Ni siquiera eso los detuvo ni les impidió amar, ofrecerse a Dios, bendecirlo y pedirle por ellos y por todos». Pier Giorgio decía, ha recordado el Papa, que el día de su muerte sería el más bello, mientras que Carlo afirmaba que el cielo nos espera desde siempre.
«Queridos amigos, los santos Pier Giorgio Frassati y Carlo Acutis son una invitación para todos nosotros, sobre todo para los jóvenes, a no malgastar la vida, sino a orientarla hacia lo alto y hacer de ella una obra maestra», ha concluido León XIV.








