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Anton Asfar: «La tregua en Gaza es frágil; se siguen perdiendo vidas y estamos al borde de una nueva hambruna»

El secretario general de Cáritas Jerusalén visita España para denunciar la emergencia humanitaria que se vive en Tierra Santa a consecuencia de la guerra. Casi la mitad de las familias cristianas huyeron de Gaza antes de mayo

El secretario general de Cáritas Jerusalén, Anton Asfar, se encuentra visitando España para denunciar la emergencia humanitaria que se vive en Gaza a consecuencia de la guerra. En su comparecencia ante los medios junto a responsables de Cáritas Española, ha tildado la tregua de «frágil» y ha alertado de que se siguen perdiendo vidas, «tanto en Gaza como en Cisjordania».

Asfar presentó, de esta forma, el panorama desolador que desgarra Tierra Santa, a pesar del alto el fuego solicitado insistentemente durante 15 meses, y que es una auténtica «pesadilla» para los habitantes de Gaza. El director de Cáritas Jerusalén indicó que, si bien se ha logrado un cese de las hostilidades, la paz y la seguridad para la población permanecen aún como objetivos muy lejanos.

Según explicó, «el trabajo de Cáritas no se ha detenido en todo el territorio» desde el inicio de la guerra, aprovechando para agradecer la labor del centenar de trabajadores de Cáritas Jerusalén y las decenas de voluntarios que cada día ponen su grano de arena en condiciones muy precarias y peligrosas. «Todos ellos tienen familiares heridos, o han sido retenidos o desplazados; están asumiendo las consecuencias en lo personal», afirmó Asfar. El pasado mes de octubre, la propia institución sufrió la muerte de una trabajadora durante los bombardeos israelíes a la iglesia ortodoxa de San Porfirio. El secretario general de Cáritas Jerusalén se emocionó al recordar a su compañera, una joven con familia y un pequeño bebé que «encarnaba el lema de Cáritas: poner el amor en acción». Durante aquel ataque murieron 18 personas, todas cristianas.

Pese a la tregua —continuó—, la vida cotidiana en Gaza sigue marcada por una «pesadilla de la que no pueden despertar». «Cuando caminas por Gaza solo ves destrucción», sentenció. La destrucción del sistema de saneamiento ha espoleado la proliferación de enfermedades, cuyo resultado es que «ya estamos hablando de hambruna». La escasez de recursos básicos es, a juicio del secretario general de Cáritas Jerusalén, alarmante: «Hay comidas para una semana y medicinas para un mes. No entra combustible», con los consiguientes efectos negativos en hospitales y centros educativos.

Del mismo modo, Asfar fue contundente al señalar que «las necesidades son inmensas», mientras las ayudas humanitarias son «una gota en el océano». Así, denunció la «inexplicable falta de alimento, agua o artículos sanitarios, que se multiplican con el bloqueo de los puntos de acceso por parte de Israel», y que se traduce en un «riesgo para la vida de muchos». Incluso, lamentó que la ayuda que logra ingresar a la Franja con enorme dificultad es a menudo retenida, agravando la situación: «Se está bloqueando el sustento vital y deteniendo el suministro de alimentos, medicinas y artículos de refugio en Gaza, lo cual es una violación del Convenio de Ginebra».

Ante semejante emergencia, Cáritas es «de las pocas instituciones que ha seguido trabajando en la ciudad, pese a las dificultades y los bloqueos». Desde el inicio de la guerra, los cristianos se trasladaron a la parroquia católica de Gaza y a San Porfirio para auxiliar y establecer sus centros de ayuda. Cuando se produjo el citado bombardeo del templo, Cáritas trasladó sus equipos médicos a otras parroquias para seguir atendiendo a los enfermos, aunque Asfar reconoce que «es casi un milagro encontrar cemento o materiales» para la reconstrucción.

En su comparecencia, Anton Asfar estuvo acompañado por Pablo Reyero, responsable del trabajo de Cáritas Española con Tierra Santa, quien reveló que en 2024 Cáritas Española ha aprobado 1,5 millones de euros para Cáritas Jerusalén, provenientes de fondos públicos y privados. Desde el inicio de la guerra, Cáritas Española ha destinado 300.000 euros adicionales para proyectos de asistencia humanitaria en Gaza. «Llevamos aproximadamente 20 años brindando el apoyo técnico y la solidaridad de nuestra confederación, así como donantes públicos y privados, para seguir asistiendo, acompañando y protegiendo a los más necesitados en Tierra Santa», reivindicó Reyero.

En cuanto al futuro de los palestinos de la Franja, el secretario general reveló que «ellos dicen que se van a quedar, porque Gaza es su tierra». También los cristianos. «Muchas familias cristianas quieren quedarse, aunque el número ha disminuido en los últimos tiempos. Eran más de 1000 en Gaza, 1047, y ahora son 640. Muchas se fueron antes de mayo». Aunque insistió en que no es político ni activista, opinó que «el plan de Trump no se puede aplicar en Gaza… si se tiene en cuenta la voluntad de los habitantes». «Lo que hacemos, como Cáritas, es trabajar por la paz y promover la justicia», intentando «canalizar el enfado y la frustración de la población».

La cuestión se vuelve aún más perversa si se tiene en cuenta que en los gobiernos de Oriente Medio «no hay intención de acoger a refugiados palestinos en sus territorios, como sí hicieron en 1948». Según reveló, Cáritas Jerusalén mantiene una buena relación con la Autoridad Palestina a través de diversos ministerios y gobiernos locales. Sin embargo, las relaciones con el Gobierno israelí son más limitadas y se canalizan principalmente a través del Patriarcado Latino de Jerusalén, a través del arzobispo Pizzaballa, presidente de Cáritas Jerusalén. Asfar denunció las dificultades para obtener permisos que encuentra el personal palestino de Cáritas que reside en Cisjordania para acceder a las oficinas en Jerusalén.

Por si todo esto fuera poco, los cortes de electricidad impactan directamente en hospitales y centros de salud: «Estas son las áreas más necesitadas. Cuando se corta la electricidad, los generadores necesitan diésel. El combustible tampoco está entrando. Necesitamos paneles solares para proveer energía, porque han sido totalmente destruidos. Gaza depende del suministro de electricidad, hablamos de suministros muy básicos». Esta carestía también afecta al tratamiento de aguas residuales y contribuye a la propagación de enfermedades. De esta forma, la higiene personal de la ciudadanía también se está viendo comprometida, con personas metiéndose en el mar para asearse, algo que también favorece la expansión de enfermedades.

«Nuestros informes dicen que la situación es crítica y estamos de nuevo al borde de la hambruna en Gaza. Así que es realmente crucial presionar y no solo presionar para que se proporcione ayuda, sino también para que terminen las operaciones militares también en Cisjordania, y las operaciones militares deberían terminar porque están arriesgando vidas, el acceso a la educación y la atención médica también en Cisjordania es realmente muy difícil», concluyó.

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