En rueda de prensa, el prefecto para la Doctrina de la Fe recalca que la Iglesia está a favor de la despenalización de la homosexualidad. «No hay duda», afirma
Tras hacerse pública la Declaración Dignitas infinita sobre la dignidad humana del Dicasterio para la Doctrina de la fe, el prefecto, cardenal Fernández, compareció ante los medios para presentar el documento, que, según ha dicho, no pretende ser un vademécum, sino «una herramienta para recoger y consolidar lo dicho por los últimos Pontífices y sintetizar las novedades ofrecidas por el Papa actual».
«El mundo necesita redescubrir las implicaciones de la dignidad humana para no perder el rumbo», ha añadido durante la rueda de prensa, en la que también han participado el secretario de Doctrina de la Fe, Armando Matteo, y la profesora Paola Scarcella.
Aunque el documento no habla explícitamente de la cuestión de la homosexualidad —sí afirma la importancia de la diferencia sexual y el principio de no discriminación—, durante su intervención se ha referido a Fiducia supplicans para decir que el texto ha tenido 7.000 millones de visualizaciones en internet y que ha cosechado el consenso de más del 75 % de los menores de 35 años, según recoge Vatican News.
En este contexto, se ha posicionado en contra de que se castigue la homosexualidad y, por tanto, a favor de la despenalización. «No hay duda», ha agregado. También ha confesado que la definición de los actos homosexuales como «intrínsecamente desordenados» en el Catecismo es «fuerte». «Hay que explicarlo mucho, quizá habría que encontrar una expresión más clara», ha subrayado.
En cualquier caso, ha defendido que «la belleza del encuentro entre un hombre y una mujer, que pueden estar juntos y tener una relación íntima de la que nace una nueva vida, es algo que no se puede comparar con otra. Los actos homosexuales tienen una característica que no puede reflejar ni remotamente esa belleza».
Sobre el cambio de sexo, Fernández ha dicho que es la voluntad de «querer crear la realidad», de modo que el ser humano se cree inteligente y capaz para construirlo todo como si no hubiera nada antes. Esto se agrava, ha dicho, cuando entran en juego niños y adolescentes que pueden someterse a tratamientos quirúrgicos u hormonales.
Asimismo, ha explicado en la maternidad subrogada, el niño se convierte «en objeto de un deseo», lo cual no quiere decir que no haya que comprender a la persona que tiene ese deseo, pero debe trascenderlo, pues «la dignidad de la persona es mayor». Propone, en este sentido, desarrollar deseos en otra dirección: la adopción, por ejemplo.
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