El Papa ha invitado a los fieles a una profunda introspección, para preguntarnos cuándo seremos nosotros capaces de interrumpir nuestro viaje y tener compasión con los demás
Continuando con el ciclo de catequesis preparatorias para el Jubileo 2025 iniciado por Francisco bajo el título de «Jesucristo, nuestra esperanza», el papa León XIV ha ofrecido hoy una profunda reflexión sobre la parábola del buen samaritano. En este caso, la meditación se ha presentado bajo el sugerente epígrafe de «Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió», como invitación a los fieles a cambiar de perspectiva y abrirse a la esperanza, sugiriendo que la falta de horizonte y sentido surge a menudo de una visión rígida y cerrada de las cosas.
De este modo, el mensaje central del discurso se ha dirigido a la transformación de la pregunta fundamental de la vida, ilustrada a través del diálogo de Jesús con un doctor de la Ley. Este experto, que se presenta ante el Mesías enfocado hacia sí mismo y aparentemente interesado en cómo «heredar» la vida eterna como si esta fuera un derecho, exige una aclaración magistral sobre el término «prójimo», que literalmente hace referencia «al que está cerca». La parábola que Jesús le ofrece sirve como un camino para pasar de una pregunta inmadura y egocéntrica como «¿Quién me quiere?» a otra adulta y orientada a la acción: «¿Quién ha querido?», la cual invita al movimiento y la acción, en lugar de quedarse esperando en un rincón.
El escenario de la parábola del Buen Samaritano es un camino «difícil y áspero, como la vida» misma: la ruta que baja de Jerusalén a Jericó. Como es sabido, en este camino un hombre es asaltado, golpeado, despojado y abandonado «medio muerto». Una historia que representa las veces en que las situaciones, las personas e incluso aquellos en quienes confiamos «nos quitan todo y nos dejan tirados». La vida está hecha de encuentros que revelan quiénes somos. Al encontrarnos con la fragilidad del otro, podemos decidir si cuidar de él o ignorarlo. En la parábola que cuenta Jesús, contrasta la reacción de un sacerdote y un levita que pasan de largo, a pesar de ser personas que prestan servicio en el templo y viven en un espacio sagrado. Queda subrayado que la práctica del culto no nos conduce automáticamente a ser compasivos, pues la compasión es, ante todo, una cuestión de humanidad, previa a ser creyentes. «Antes de ser creyentes, estamos llamados a ser humanos», ha afirmado. León XIV, asimismo, ha querido destacar cómo la prisa, una característica tan presente en la vida moderna, es un impedimento frecuente para sentir compasión, ya que quien prioriza su propio viaje no está dispuesto a detenerse por otro.
Frente a esta indiferencia de los religiosos, surge la figura del samaritano, alguien que pertenece a un pueblo despreciado por entonces. A diferencia de los otros, esta persona sí es capaz de detenerse. Su acto no estuvo motivado por una afiliación religiosa, sino simplemente por su condición de hombre ante otro hombre necesitado.
La compasión, entonces, se manifiesta a través de gestos concretos. Lucas detalla las acciones de este hombre, al que se llama «bueno» en la tradición, pero que es presentado solamente como una persona en el texto evangélico. Así, «se acerca», indicando que ayudar implica involucrarse, ensuciarse, quizás contaminarse, sin mantener distancia. Acto seguido, «venda las heridas», tras limpiarlas con aceite y vino. «Lo carga en su montura, lo que significa hacerse cargo de él y sentir el peso del dolor ajeno», ha explicado, y lo lleva a una posada y gasta su propio dinero —«Dos denarios», aproximadamente dos días de trabajo, según ha destacado el Pontífice—. Y, además de todo eso, se compromete a regresar y pagar más si es necesario, demostrando que el otro «no es un mero paquete a entregar, sino alguien a quien cuidar».
La catequesis ha concluido, finalmente, con una invitación a la introspección: «¿Cuándo seremos nosotros capaces de interrumpir nuestro viaje y tener compasión?». La respuesta reside en comprender que el hombre herido en el camino nos representa a cada uno de nosotros. Recordar las veces que Jesús se detuvo para cuidar de nosotros nos hará más capaces de compasión hacia los demás. Después, el Papa ha realizado una ferviente invitación a la oración para crecer en humanidad, buscando que nuestras relaciones sean más verdaderas y ricas en compasión.
Como es habitual, el Santo Padre ha saludado a los peregrinos presentes en Roma. De modo particular, dirigió un cordial saludo a las personas que hablan la lengua española, mencionando específicamente a grupos provenientes de España, México, Argentina, República Dominicana, Puerto Rico, Colombia, Guatemala y Chile. Se ha animado a todos a contemplar con esperanza las ocasiones en que Jesús se detuvo ante ellos cuando se encontraban «caídos al borde del camino», pidiendo a Dios «entrañas de misericordia» para mostrar la misma compasión que Él tiene con los demás.








