Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

Contactless

De David Uclés no me interesa la polémica. Tampoco su obra, que no he frecuentado, ni siquiera por la curiosidad malsana que despierta toda popularidad ajena. Sin embargo, por razones que atribuyo más al algoritmo que a la providencia, mi scroll se ha llenado de titulares y réplicas cruzadas sobre lo suyo con Reverte. Si abro la columna con él es porque me sirve para hablar de algo más hondo: del ego inflamable de una generación que confunde constantemente la afirmación de sí con la clausura frente al otro.

Sin desatender la posibilidad de que todo haya sido una maniobra de promoción, sí percibo en él ese espíritu tan de la época de no ver la identidad propia como tarea, sino como santuario. La tarea requiere trabajo y un apuntalaje constante; el santuario solo busca veneración. Cuando esto pasa, cualquier discrepancia se vuelve agresión y cualquier desacuerdo, un acto de profanación. Uclés habla de lucha y de resistencia, pero evita el roce, invocando no sé qué pureza moral que le impide sentarse con unos tertulianos con los que, además, ni siquiera se iba a sentar. Proclama su voluntad de erradicar con urgencia el fascismo o la homofobia —causas justas, por demás—, pero renuncia al desgaste que conlleva una confrontación real. Se incluye en un relato épico de lucha por la justicia, pero rechaza el sacrificio que toda lucha conlleva. Quiere una victoria sin barro, ejercida asépticamente a golpe de post desde la comodidad acolchada de su propio bienestar emocional. No se engañen, por tanto, sus seguidores: lo suyo no fue acto de valentía, sino de fragilidad muy mal disimulada. 

Pero no es Uclés, insisto; es su generación. Una generación que teme —fuera de las redes— arrostrar un desacuerdo por miedo al descrédito termina por no arriesgar nada. Y sin riesgo no hay política, ni pensamiento, ni acción, ni comunidad. Así, la cosa pública se nos va a quedar en una simple sucesión de identidades blindadas, cuidadosamente administradas, aisladas de cualquier diálogo como no sea el del masaje y el aplauso, y más atentas, en fin, a tener siempre  razón que a abrirse al mundo real. 

This Pop-up Is Included in the Theme
Best Choice for Creatives
Purchase Now