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‘Corazón indiviso. Visión y virginidad en Carmen Hernández’: la vocación a un amor sublime

Los textos de esta obra han sido compilados por Josefina Ramón Berná y publicados por la Biblioteca de Autores Cristianos

La Biblioteca de Autores Cristianos acaba de publicar Corazón indiviso. Misión y virginidad en Carmen Hernández, obra que promete remozar el interés por la figura de Carmen y que viene, en este caso, a mostrar el calado teológico que puede alcanzar el tema de la virginidad, su actualidad y la presencia que tuvo en el pensamiento de la coiniciadora del Camino Neocatecumenal. Se trata, en cuentas muy resumidas, de una compilación de intervenciones y catequesis cohesionadas al punto por Josefina Ramón Berná, que las vertebra en torno a un alegato sencillo, pero fundamental: si algo es la virginidad es vocación, vocación a un amor sublime que anticipa el cielo, adelanto con sabor a vida eterna que se enraíza en el mismo ser de Dios y que viene a recordar el papel primordial de la mujer en la manifestación de la creatividad divina.

No hay —o no ha de haber— moralismo de ningún tipo, ni imposición ni esfuerzo de la voluntad en la opción de vida virginal. Todo en ella es gracia, don inmenso de Dios que elige, toca, pasa y se reserva para sí el corazón de su amada, que es indiviso a partir de aquí porque puede entregarse por completo, sin reservas, al amado. Ya no lo comparte con nadie más, y nadie más entra a ocuparlo. Solo Cristo, el mejor de los esposos, «¡el más hermoso!», a decir del mismo Kiko Argüello en el prefacio. Quien recibe este don, quien así vive, sabe que ya no tiene que ir «como una errante, tras los rebaños de otros compañeros» (Cant 1,7) ni andar parcelando ni dividiendo sus atenciones amorosas con nadie; ha encontrado un amor tan puro, tan auténtico, un arrebato tan intenso que su entrega se vuelve total, sin divisiones. Su corazón se convierte en terreno fértil sobre el que solo Dios es único Señor. Se trata, en todo caso, de un estado de vida privilegiado, no de una opción de vida impuesta o algo que haya que «sufrir» —bueno es que insistamos en ello— con resignación.

Todo ello, aunque en términos más acertados y con más vivos colores, se halla en este libro, del que podrían cantarse muchas otras bondades —la espontaneidad del discurso de Carmen, fresco y auténtico, como fue ella; la hondura teológica de sus intuiciones, arraigadas en todo momento en las Sagradas Escrituras y la tradición de la Iglesia; la perspicacia y la clarividencia para leer no solo los signos de los tiempos que le tocó vivir sino, sobre todo, para intuir hacia dónde se dirigía la humanidad, lanzando diagnósticos valientes que, hasta la fecha, no han hecho más que cumplirse—; aunque si algo hay que destacar sobre todo, por encima de todo, es la asombrosa actualidad del tema que trata.

En un contexto en que la identidad femenina, la sexualidad y la vocación son campo de batalla cultural, esta obra viene a guiar, con luz potente, el discernimiento de aquellas que puedan sentir la punzada de la llamada a la virginidad, recordando, primero, el verdadero protagonismo de la mujer en la historia de salvación, y segundo, reivindicando para ellas la auténtica dignidad de la identidad femenina. E invitando, por último, a reflexionar sobre esta virginidad como lo que realmente es: un acto de amor, de entrega y donación que puede dar pleno sentido a una vida, eso sí, siempre a la luz de la fe cristiana. 

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