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Dios es generoso. ¿Y nosotros?

Hace algunos días, el pasado 9 de febrero, pude visitar el Centro Sara de Cáritas, en la ciudad de Sabadell, y recibí al Sr. Carles Campuzano, Consejero de Derechos Sociales de la Generalitat, quien se interesó detenidamente por el centro y la labor que allí se realiza  con el colectivo de personas con riesgo de exclusión social debido a la enfermedad de VIH. Posteriormente mantuvimos una reunión con los responsables de Cáritas diocesana allí mismo para presentarle la actividad de Cáritas en el territorio diocesano y explorar líneas de colaboración y especialmente de ayudas económicas.

Agradeciendo que las administraciones valoren positivamente la tarea que se realiza desde la comunidad cristiana a través de Cáritas, y que busquen la manera de apoyar y ayudar en algunos proyectos, creo que es bueno que reflexionemos sobre cómo la cuaresma nos ayuda a vivir una de las dimensiones esenciales de nuestra fe y que queda expresada en la práctica de la limosna.

El papa Francisco en el Mensaje de Cuaresma de este año nos recuerda que “la oración, la limosna y el ayuno no son tres ejercicios independientes, sino un único movimiento de apertura, de vaciamiento: fuera los ídolos que nos angustian, fuera los apegos que nos encarcelan”. Desde esta perspectiva, entendemos, pues, la limosna como una de las caras del único proceso de conversión que Dios pide a sus hijos, y que además de ser provechosa para los más necesitados, nos ayuda en nuestra purificación y maduración como personas.

Hace siglos, San Juan Crisóstomo, en una de sus homilías, reflexionaba precisamente sobre qué significa ser cristiano y afirmaba con cierta contundencia: “¿Quieres honrar el cuerpo de Cristo? No lo desprecies, pues, cuando lo contemples desnudo en los pobres, ni lo honres aquí, en el templo, con lienzos de seda, si al salir lo abandonas al frío y la desnudez. Porque lo mismo que dijo: Esto es mi cuerpo, y con su palabra hizo realidad lo que decía, afirmó también: “Tuve hambre, y no me distéis de comer.” Este Padre de la Iglesia unía la celebración de la Eucaristía con la atención a los más necesitados como expresión del único Amor de Dios por la humanidad. 

Y es que los pobres, los necesitados no debemos verlos como una carga más, como si fueran extraños a nosotros. Son también miembros de nuestra familia, de la familia de los hijos de Dios, obra también de su creación y su predilección. En las Orientaciones pastorales para estos próximos cursos os invitaba a intensificar la atención a los pobres, los marginados, los sin techo y los necesitados como algo que forma parte de nuestra misión. Y no vale poner excusas diciendo que ya hay instituciones que lo ocupan. Es a través de estas instituciones que también nosotros podemos comprometernos a colaborar, aportando recursos materiales como son la ayuda económica, o ropa o alimentos, pero también dedicando parte de nuestro tiempo para apoyar y acompañar los diversos proyectos que desde Cáritas, parroquial y diocesana, se llevan a la práctica. 

Os invito pues a intensificar también la práctica cuaresmal de la limosna como expresión de la caridad cristiana hacia los hermanos. Como también nos recordaba San Juan Crisóstomo “honramos a Cristo con ese mismo honor con el que él desea ser honrado”, ya que “Dios no tiene ciertamente necesidad de vasos de oro, pero si, en cambio, desea almas parecidas al oro” .

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