Un comboniano en medio de la guerra de Sudán y un joven de Hakuna en Corea del Sur ponen rostro a los más de 6.000 misioneros españoles repartidos por todo el mundo y en diversas circunstancias
José María Calderón, director de OMP España, lo tiene claro. «En la misión, es mucho más importante estar que hacer». Palabras que ejemplifica con la imagen de un joven que toma la mano de un moribundo en Calcuta, en la misión de la madre Teresa, sin otra cosa que hacer que acompañar. Estar. Este fue, precisamente, el colofón de la presentación ante la prensa en Madrid del Domund 2024, que se celebra este domingo con el lema Id e invitad a todos al banquete.
Y fue el cierre perfecto, porque lo que sucedió antes —los testimonios de dos misioneros, en diferentes circunstancias vitales, edad y compromiso— mostró precisamente el poder de la presencia de la Iglesia en todos los territorios, sean periferias geográficas o existenciales, territorios ricos o pobres, pero de misión.
Jorge Naranjo, madrileño, lleva 16 años en Sudán. Un país que vive en la actualidad uno de los conflictos más importantes del planeta —en cuanto a número de afectados—, por más que las cámaras se dirijan a otros lugares. Allí, el país está dividido en dos: la zona controladas por el Ejército, donde se puede hacer una vida más o menos normal, y la zona donde manda la milicia, de dónde han escapado más de diez millones de personas. «Es el conflicto que más desplazados ha provocado», subrayó Naranjo durante su exposición.
Y en medio de este conflicto, la Iglesia permanece ofreciendo atención pastoral, educativa —Naranjo dirige la universidad Comboni College de Ciencia y Tecnología— y sanitaria: «Lo fundamental es estar y estar en un país en guerra adquiere un significado más fuerte». Sobre todo, añadió, cuando «las embajadas europeas se han ido y muchas ONG han dejado el país». De hecho, esta relación con el pueblo al que es enviado la relacionó con la dimensión esponsal, como «si te casas con ese pueblo». Y entonces compartes «alegrías y dificultades».
«Me siento bendecido por poder estar con el pueblo sudanés. Este último año [en guerra] ha sido el más bonito de mi vida sacerdotal y misionera, por poder estar y compartir con la gente esta situación. Es fuente de alegría», concluye.
«Todo católico tiene vocación a ser misionero»
El otro testimonio donde se pone de manifiesto la importante de estar es el de Gonzalo Echanove, un joven vinculado a Hakuna que dejó su trabajo en una empresa de ciberseguridad —es ingeniero— para marcharse a Cora a acompañar el nacimiento de esta realidad eclesial en el país. «He ido a hacer amigos, a ser yo, a disfrutar de mi vida, a hacer familia. No va de lo que hacemos, sino de los que somos», relató.
Además del trabajo conjunto con otras realidades de la Iglesia en Corea —congregaciones religiosas, diócesis, movimientos y parroquias…—, Echanove destacó que el país —que acogerá la Jornada Mundial de la Juventud en 2027— es una «periferia existencial». «Las personas viven acomodadas, pero encontramos soledad y falta de amor. Es lo que puede llevar la Iglesia, una gran familia que lo que busca es amar», agregó.
Las cifras del Domund
Como es habitual, además de los testimonios, OMP España ofrece los datos más importantes de la labor misionera de la Iglesia española, detallados por Calderón. Así, en estos momentos, España cuenta con más de 6.000 misioneros repartidos por todo el mundo y 3.890 en España, colaborando con la animación misionera.
Pero España no solo es una potencia misionera en cuanto a personas, también lo es en las donaciones económicas. Así, nuestro país es el segundo del mundo —solo por detrás de Estados Unidos— que más aporta al Fondo Universal de Solidaridad. En total fueron 8.914.063,91 euros en 2023, de un total de 61.402.193,5.
Estos fondos se destinan, fundamentalmente, a los gastos del día a día, para que la Iglesia pueda estar allí presente. Y también para sostener a los que entregan su vida allí. Según contó Calderón, nuestro país está ayudando a obispos eméritos en África para que puedan sobrevivir cuando dejan el gobierno pastoral.
Laicos y sinodalidad
En este contexto, el director nacional de OMP hizo dos reflexiones interesantes sobre el papel de los laicos en la misión y la sinodalidad, ahora que estamos inmersos en el Sínodo. Sobre la primera cuestión, dijo que los laicos «no sustituyen a los sacerdotes ni son los que están en el banquillo». «Están en el mismo plano. Son misioneros con todas las de la ley», sentenció.
E hiló esta cuestión con el Sínodo: «La misión es necesariamente donde se plasma la sinodalidad. Todos reman en la misma dirección y se sienten responsables unos de otros».








