Manuel Sánchez, sacerdote de Córdoba que está asistiendo a las víctimas y afectados de la tragedia de Adamuz, explica a ECCLESIA cómo el sufrimiento y la realidad de la situación va haciéndose presente poco a poco.
El pasado lunes 19 de enero, dos trenes colisionaron tras el descarrilamiento de uno de ellos, provocando un accidente ferroviario como no se había visto antes en España. Hasta el momento no se sabe con seguridad la causa del siniestro, que ha dejado, hasta la fecha, 42 fallecidos y decenas de heridos.
Manuel Sánchez es uno de los sacerdotes que se encuentran en el centro cívico de Adamuz asistiendo a las víctimas y afectados en la medida de lo posible. La primera reacción tras el accidente, cuenta, es «de indignación, de preguntas, de no saber qué está ocurriendo realmente con sus seres queridos». 48 horas después de la tragedia el cansancio empieza a hacer mella y la realidad de lo que ha sucedido comienza a hacerse cada vez más presente, así como el dolor por la pérdida. «Lo estamos viviendo con un sufrimiento que te entra en la mente y el corazón al contemplar tanto dolor concentrado, tanto sufrimiento, tanta angustia, tanta incertidumbre, que nos hace estar ahí pendientes de todos estos familiares. Sabemos que no podemos sufrir con ellos, porque la experiencia, por desgracia, hay que vivirla, pero sí que asumimos ese sufrimiento muy de cerca» explica don Manuel.
Algunos viven la situación con esperanza, sobre todo los que no tienen datos aún y confían en poder encontrar a sus seres queridos. La gran mayoría, por otra parte, lo vive con «una calma angustiosa y un sufrimiento asumido que va calando, todo eso junto al cansancio les va haciendo asumir lo que ya es irreversible», explica el sacerdote.
«Todo ser humano necesita un apoyo espiritual», señala. Asegura también que «muchas familias creyentes nos buscaban a los sacerdotes para hablar, incluso para pedirnos bendiciones, y otros sencillamente para expresar preguntas y poder sacar ese deseo de esperanza y de vida que todo ser humano lleva dentro».
Ahora, que ya han pasado dos días desde la tragedia, cada familia está viviendo un momento distinto: «hay quienes ya han identificado los cadáveres, algunos están pudiendo retornar a su lugar de origen para darle sepelio, y otros mantienen la espera tensa, muy tensa, de identificación y de que les comuniquen la identificación… tal vez eso sea lo más difícil en este momento» expresa don Manuel.
«A veces lo único que se puede decir es una palabra de esperanza, pero es importante escuchar y decirles que el dolor hay que asumirlo y vivirlo, porque su ser querido ya no sufre. Todo el mundo busca esperanza. Todos».








