Más allá de perfiles y crónicas apresuradas, una buena forma de conocer a Robert Francis Prevost Martínez, el nuevo papa León XIV, es a través de sus propias palabras, como en esta entrevista de 2023 al ser creado cardenal
Más allá de perfiles y crónicas apresuradas, una buena forma de conocer a Robert Francis Prevost Martínez, el nuevo papa León XIV, es a través de sus propias palabras. Recuperamos las afirmaciones más destacadas de la entrevista que concedió a la Orden de los Agustinos en el año 2023, tras ser creado cardenal. En la conversación, repasa su propia vida y vocación, y los desafíos que afronta la Iglesia en el mundo de hoy.
—Sobre los principales desafíos de la Iglesia.
—«La misión de la Iglesia ha sido la misma durante 2000 años, cuando Jesucristo dijo: «Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado». Tenemos que anunciar la buena noticia del Reino de Dios al mismo tiempo que comprendemos qué es la Iglesia en su realidad universal».
—«Esta es una de las cosas que aprendí mientras fui Prior General de los Agustinos: hay muchas culturas diferentes, idiomas, circunstancias diferentes en todo el mundo donde la Iglesia responde. Así que cuando enumeramos nuestras prioridades y sopesamos los desafíos que tenemos por delante, debemos ser conscientes de que las urgencias de Italia, España, Estados Unidos, Perú o China, por ejemplo, casi con certeza no son las mismas excepto en una cosa: el desafío subyacente que Cristo nos dejó de predicar el Evangelio y que esto es lo mismo en todas partes».
—«Las prioridades del trabajo pastoral siempre serán diferentes de un lugar a otro, pero reconocer la gran riqueza de la diversidad dentro del Pueblo de Dios es tremendamente útil porque nos hace más sensibles a la hora de llegar mejor y responder a lo que esperan de nosotros».
—Sobre la «Nueva Evangelización» y las vocaciones.
—«Nuestra prioridad no puede ser buscar vocaciones, sino vivir la buena noticia del Evangelio, compartir el entusiasmo que puede nacer en nuestros corazones y en nuestras vidas cuando realmente descubrimos quién es Jesucristo. Cuando permanecemos caminando con Cristo, en comunión unos con otros y entendiendo lo grande que es haber recibido ese don, vienen las vocaciones».
—«Es cierto que en algunas partes del mundo ahora mismo, por diversas razones, hay menos vocaciones que en el pasado. Y si bien, por supuesto, es una preocupación, no creo que sea la principal. Si aprendemos a vivir mejor nuestra fe y aprendemos a invitar e incluir a otros en la vida de la Iglesia, especialmente a los jóvenes, todavía nos llegarán vocaciones».
—Sobre su relación con el papa Francisco.
—«Cuando me dijo que estaba «pensando en la posibilidad» de hacerme prefecto, le dije: «Usted sabe que soy muy feliz en Perú. Ya sea que decida nombrarme o dejarme donde estoy, seré feliz; pero si me pide que asuma un nuevo rol en la Iglesia, aceptaré». Esto se debe a mi voto de obediencia. Y fue entonces cuando me dijo: «Ruega para que tome una buena decisión». El resto ya se sabe.
—Sobre el papel de los laicos.
—«Es uno de los muchos dones que ha evolucionado en los últimos años: descubrir que tienen un papel muy importante en la Iglesia. Siempre y cuando, como dice el papa Francisco, no se vuelvan clericales y vivan su propia vocación bautismal de lo que significa ser parte de la Iglesia, comienzan a vivir con mayor claridad».
—Sobre la vida religiosa.
—«Aunque los números puedan ser menores en el futuro, sigue teniendo un valor capital por lo que significa vivir ese aspecto de consagración, de entrega total de la vida al Señor y al servicio de los demás».
—Sobre los sacerdotes.
—«Tiene, y seguirá teniendo, un papel muy importante en la vida de la Iglesia y de todos los creyentes. Por lo tanto, diría que desarrollar una comprensión más plena de la Iglesia y seguir viviendo ese ministerio con su enorme sabiduría puede ayudarnos a vivir mejor con los problemas que puedan surgir y a fortalecer la convicción de que seguimos avanzando, de que el Señor no abandona a su Iglesia. Ni ayer, ni hoy, ni mañana. Personalmente, vivo esta realidad con gran esperanza».
—Sobre los obispos.
—«Ser un buen pastor significa ser capaz de caminar codo a codo con el Pueblo de Dios y vivir cerca de ellos, no estar aislado. Un obispo debe tener muchas habilidades: debe saber cómo gobernar, administrar, organizar y saber tratar con la gente. Pero si tuviera que señalar un rasgo por encima de todos los demás, debe ayudar a la gente a conocer a Cristo a través del don de la fe».
—Sobre sus aficiones personales.
—«Me considero un jugador de tenis bastante amateur. Desde que dejé Perú he tenido pocas ocasiones de practicar; no es que haya tenido mucho tiempo libre. También disfruto mucho leyendo, dando largos paseos y viajando».
—Sobre la amistad.
—«Disfruto relajándome con amigos y conociendo a una amplia gama de personas diferentes. Las personas diferentes pueden enriquecer enormemente nuestras vidas. Y, a decir verdad, como agustino, tener una comunidad rica construida sobre la capacidad de compartir con otros lo que nos sucede, de estar abiertos a los demás, ha sido uno de los mayores dones que se me han dado en esta vida».
—«El don de la amistad nos remite a Jesús mismo. Tener la capacidad de desarrollar amistades auténticas en la vida es hermoso. Sin duda, la amistad es uno de los dones más maravillosos que Dios nos ha dado».
—Sobre el momento de dejar la misión en Perú.
—«Fue un honor recibir este mandato pero, honestamente, me resultó difícil dejar Chiclayo después de más de 20 años en Perú, siendo feliz haciendo lo que estaba haciendo. Pero cada día me digo a mí mismo: «Señor, todo esto está en tus manos. Dame la gracia que necesito para llevar a buen término esta tarea». Y como he intentado hacer a lo largo de mi vida religiosa, dije «sí, adelante con la gran aventura de ser un seguidor de Cristo»».
—Sobre la figura de san Agustín en su vocación.
—«Una de las primeras cosas que me vienen a la mente es lo que dice sobre cómo no puedes decir que eres seguidor de Cristo sin ser parte de la Iglesia. Cristo es parte de la Iglesia. Él es la cabeza. Así que las personas que piensan que pueden seguir a Cristo «a su manera» sin ser parte del cuerpo, están, desafortunadamente, viviendo una distorsión de lo que es realmente una experiencia auténtica».
—«Las enseñanzas de San Agustín tocan cada parte de la vida y nos ayudan a vivir en comunión. La unidad y la comunión son carismas esenciales de la vida de la Orden y una parte fundamental de comprender qué es la Iglesia y qué significa estar en ella».
—Sobre quienes atraviesan un momento de dudas y debilidad.
—«Lo primero que diría son las palabras que Cristo repitió tantas veces en el Evangelio: «No tengáis miedo». El Señor llama, y su llamada es verdadera. No tengáis miedo de decir «Sí». No tengáis miedo de abrir vuestro corazón a la posibilidad de que el Señor os esté llamando a la vida religiosa, o a la vida agustina, o al sacerdocio, o a otras formas de servicio en la Iglesia».
—«Recuerdo cuando era novicio, un fraile mayor nos visitó y simplemente dijo una palabra que todavía resuena en mí: «Perseverad»»». Debemos rezar por esa perseverancia porque ninguno de nosotros está exento de momentos difíciles, ya seamos casados, solteros o agustinos. No podemos rendirnos ante la primera dificultad porque de lo contrario, y esto es importante, nunca llegaremos a ninguna parte en la vida. La perseverancia es un gran don que el Señor está dispuesto a ofrecernos. Pero tenemos que aprender a abrazarlo y hacerlo parte de nuestra vida, a ser fuertes. Es uno de esos dones que se construye con el tiempo, en las pequeñas pruebas al principio que nos ayudan a ser más fuertes, a poder llevar la Cruz cuando se vuelve más pesada. Nos ayuda a empezar a avanzar, y luego nos mantiene avanzando».
—Sobre cómo lograr la unidad en la Iglesia a partir de la diversidad.
—«Es un verdadero desafío, especialmente cuando la polarización se ha convertido en el modus operandi de una sociedad que, en lugar de buscar la unidad como principio fundamental, va de un extremo a otro. Las ideologías han adquirido mayor poder que la experiencia real de la humanidad, de la fe, de los valores reales por los que vivimos. Algunos malinterpretan la unidad como uniformidad. Tampoco la diversidad puede ser entendida como una forma de vivir sin criterios ni orden. Estas son posiciones ideológicas. Cuando una ideología se convierte en dueña de mi vida, entonces ya no puedo dialogar ni interactuar con otra persona porque ya he decidido cómo serán las cosas. Estoy cerrado al encuentro y la transformación no puede, como resultado, tener lugar. Y eso puede suceder en cualquier parte del mundo sobre cualquier tema».
—Sobre su experiencia como prefecto.
—«Mi servicio al Santo Padre y a la Iglesia es ayudar en ese proceso de identificación, de selección de buenos candidatos como obispos en diferentes partes del mundo. Por otro lado, una de las principales tareas del Prefecto es acompañar a los obispos a medida que ganan experiencia y avanzan en el camino del Señor. Buscamos formas más efectivas para que los pastores del Pueblo de Dios sepan que no están solos».








