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El Papa anima a las monjas contemplativas a seguir siendo un «oasis de paz verdadera y profunda» en el mundo

León XIV ha calificado la contemplación como «el aliento de nuestra relación con Dios» y ha pedido a las religiosas que «seáis ante todo guardianas de estos valores»

El papa León XIV ha mantenido hoy en Roma una audiencia con las integrantes de la Comisión Internacional de Monjas Dominicas de Vida Contemplativa, poco después del reconocimiento de las virtudes heroicas de la sierva de Dios sor María Petra Giordano. Durante el encuentro, el Pontífice ha dirigido a las religiosas un mensaje sobre el sentido profundo de la clausura, contra la tentación de resignarse a la mera supervivencia organizativa y les ha recordando que la oración contemplativa constituye el auténtico centro de la misión de la Iglesia.

En su intervención, León XIV ha remarcado que la vocación contemplativa no se sitúa al margen de la vida eclesial, sino que es su propio corazón. Evocando los escritos de Jordán de Sajonia —sucesor directo de santo Domingo de Guzmán—, ha recordado cómo las primeras comunidades femeninas acompañaban la predicación de los hermanos con la oración y la penitencia. Asimismo, citando el principio de santo Tomás de Aquino y las palabras del papa Francisco, ha calificado la contemplación como «el «aliento» de nuestra relación con Dios». En este sentido, el Santo Padre ha resaltado que la contemplación es «una pausa silenciosa en la que recibir la Palabra y dejarnos transformar por ella, lo que nos permite conocehar las cosas y las personas cada vez más plenamente en Él, para poder luego compartir con los demás lo que hemos experimentado y comprendido».

Por ello, «se os pide que seáis ante todo guardianas de estos valores». El Papa se ha detenido de forma especial en la observancia del silencio prescrito en las Constituciones de la orden, definiéndolo como un compromiso voluntario que fortalece las relaciones comunitarias y abre el corazón hacia los más vulnerables. Según ha asegurado, «guardar silencio es un acto de la voluntad que compromete a toda la persona y ayuda a cultivar relaciones sólidas, porque están animadas por la Palabra de Dios». Frente a un mundo donde «todo debe ser inmediatamente visible y cada vacío debe llenarse a toda prisa», León XIV ha pedido a las comunidades ofrecer «oasis de paz verdadera y profunda». En este entorno silencioso, ha añadido, se crean «espacios de libertad y de verdad, en los que conservar la propia atención, volviéndose sensibles a la voz de quienes «no cuentan», y desarrollando la sabiduría y la generosidad».

Al abordar las dificultades concretas que afrontan las comunidades —como el envejecimiento, la escasez de vocaciones, los problemas financieros o la carga de gestionar inmuebles grandes y costosos—, el Papa ha advertido contra el peligro de caer en un «espíritu de supervivencia» que conduzca al aislamiento. Frente a esta tentación, León XIV les ha lanzado un llamamiento esperanzado: «No os preguntéis tanto sobre cómo mantener estructuras que se están quedando vacías. Más bien, escuchad lo que el Espíritu pide hoy a la vida contemplativa dominicana, recordando que, antes de las obras que hay que gestionar, hay una llamada a la que debemos responder, un fuego que arde y que no debemos dejar que se apague».

En la parte final de su discurso, el Pontífice ha exhortado a las religiosas a no perder el ánimo y a mantener su servicio con confianza, «unidas sin uniformidad, fieles a la tradición y abiertas a las novedades». Invocando la protección de la Virgen María mediante el rezo del Rosario, León XIV ha deseado que las monjas sepan «derramar el aceite de la consolación y el vino de la esperanza sobre las heridas de la humanidad de nuestro tiempo».

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