El Pontífice celebra la festividad del Sagrado Corazón de Jesús ante miles de fieles en el puerto de Santa Cruz, en el que ha sido el último acto de su visita apostólica al país.
El viaje apostólico de León XIV a España ha llegado hoy a su fin en Tenerife, un territorio que no solo actúa como puente geográfico entre continentes, sino que se ha convertido en uno de los escenarios más desafiantes de la Europa actual. Coincidiendo con la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, el Papa ha presidido una multitudinaria misa en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, donde las alusiones al mar y al horizonte han servido de marco para su mensaje de despedida.
Ante una enorme explanada portuaria rodeada por el Atlántico, León XIV ha insistido en que la condición insular no debe ser sinónimo de aislamiento. «Ningún ser humano es una isla; la ubicación geográfica de esta diócesis y los desafíos pastorales que la comprometen atestiguan que hemos nacido para el encuentro», ha señalado el Santo Padre, conectando la geografía canaria con la necesidad intrínseca del ser humano de salir al encuentro del otro.
«Lugar de primera acogida»
El centro de la homilía ha mirado de frente a la realidad migratoria de las islas. León XIV ha recordado que Tenerife, y el resto del archipiélago, se encuentra en el centro de complejas rutas marítimas, transformándose en el «lugar de primera acogida de hermanos y hermanas cuyo viaje está generalmente expuesto a peligros y violencias inenarrables».
En este sentido, el Papa ha lanzado una dura advertencia contra las redes de contrabando humano y la indiferencia social: «Frente a quien especula con la desesperación, como cristianos no sólo podemos ofrecer un reflejo del Señor». Lejos de proponer una mera asistencia compasiva, el Pontífice ha dado un paso más allá al situar a los propios migrantes como maestros de fe y vida para las sociedades occidentales. «La gracia más grande es que nos dejemos evangelizar por aquellos a quienes socorremos, que reconozcamos la misteriosa sabiduría de Dios escrita en su misma carne», ha señalado.
Apoyándose en el magisterio de la Iglesia, León XIV ha elogiado la capacidad de resistencia de quienes se ven obligados a huir de sus países. «Crecidos en la extrema precariedad, aprendiendo a sobrevivir en medio de las condiciones más difíciles, confiando en Dios con la certeza de que nadie más los toma en serio, ayudándose mutuamente en los momentos más oscuros, los pobres han aprendido muchas cosas que conservan en el misterio de su corazón».
El Papa ha concluido este último acto en España invitando a los fieles a contrastar las quejas cotidianas con los sufrimientos de los desfavorecidos para «simplificar nuestra vida».
Con esta misa finaliza el viaje apostólico que le ha llevado a Madrid, Barcelona y las Islas Canarias durante una semana. No ha querido marcharse sin dar las gracias por la acogida y el trabajo de todos los que han hecho posible la visita. Ha destacado el «gran corazón católico de España» y ha recordado, una vez más, la importancia de alzar la mirada hacia Cristo resucitado.








