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Jubileo de los Presos: «Se han perdonado a sí mismos»

Del 12 al 14 de diciembre se celebró en Roma el Jubileo de los Presos, el último gran evento del Año Santo.

El pasado día 14 de diciembre un grupo de internos de distintos centros penitenciarios, junto con voluntarios y acompañantes, cruzó la Puerta Santa de la Basílica San Pedro con motivo del Jubileo de los Presos. La delegación española, compuesta por 122 miembros, entre los que se incluyen reclusos, capellanes, obispos, funcionarios, voluntarios, y ex-reclusos provenientes de 10 prisiones de toda España, participó de las actividades organizadas por el Vaticano. Entre ellas destacan la Santa Misa presidida por León XIV y el acto de Reconciliación en la Iglesia de Montserrat. 

«Ha sido una experiencia realmente bonita para los que acompañábamos, pero sobre todo para ellos los internos. Estaban muy tranquilos y se han llegado a perdonar a sí mismos, que es un tema importante» cuenta Víctor Aguado, responsable de reinserción social en la Pastoral Penitenciaria del Arzobispado de Valencia. «Hay gente que llevaba 10 o 12 años sin tener una experiencia de este tipo».

Este es el último de los Grandes Eventos antes de que se cierren las Puertas Santas y se de por Clausurado el Jubileo de la Esperanza. «Primero nos enfadamos porque fuera el último de los jubileos, pero tal y como lo planteaba el Papa Francisco, ha puesto en realce la situación de estas personas» recuerda Aguado, que recalca también la importancia del evento porque ha logrado que se sientan parte de una Iglesia universal que les acompaña y no se olvida de ellos. «Les da confianza en que no todo está perdido, que siguen teniendo dignidad y se acuerdan de ellos».

El papa León XIV, en su homilía en la Santa Misa, recordó que «a pesar del compromiso de muchos, en el mundo penitenciario queda aún mucho por hacer». Les animó también a no desesperar, cansarse o retroceder, sino a seguir adelante con «tenacidad, valentía y espíritu de colaboración». 

Acompañamiento pastoral

La Pastoral Penitenciaria acompaña a las personas internas que han sido privadas de su libertad, tanto en su internamiento en los centros penitenciarios como en la salida y reinserción social. El proceso puede durar años incluso después de finalizar la condena. «Ellos saben que, de alguna manera, la sociedad no los acepta. Incluso paseando por la calle ellos se sienten observados, aunque nadie les mire» asegura Aguado. 

«Seguimos llamándolos “expresos”, y eso son estigmas que deberíamos empezar a quitar, porque no dejan de ser personas que han pasado por una situación puntual o han cometido un error en su vida. Es un peso que hay que trabajar mucho con ellos antes y después de la salida, es un proceso largo y muy íntimo de cada uno». Aguado invita también a los fieles y las parroquias a abrirles las puertas, garantizarles la privacidad y ofrecerles una ayuda que no siempre encuentran. 

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