La experiencia del trabajo conjunto en la Comisión y en la Oficina de Información ha sido al mismo tiempo exigente y positiva
En noviembre de 2014, el secretario general de la Conferencia Episcopal Española (CEE), José María Gil Tamayo, me llamaba a su despacho y me preguntaba sobre mi disposición para hacerme cargo de la Oficina de Información de la CEE, sustituyendo a Isidro Catela, que llevaba en el puesto desde 2004. Sin darme cuenta de lo que eso implicaba, acepté el nombramiento, que se hizo público unos días después, el 18 de noviembre, y se hacía efectivo el 1 de enero. Seguía, al mismo tiempo, como secretario técnico de la entonces Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social. Solía decir entonces, medio en broma, medio en serio, que los obispos son como el Señor, porque el Señor no te quita nada, el Señor te lo da todo, en palabras de Benedicto XVI.
En estos años, mi servicio se ha prolongado a los periodos de monseñor Gil Tamayo, monseñor Argüello y monseñor García Magán como secretarios, y los del cardenal Blázquez, cardenal Omella y monseñor Argüello, como presidentes. Cada uno de ellos tiene sus rasgos y sus cualidades personales, y quienes estamos en comunicación estamos para ayudar en la difusión pública de sus mensajes, también en la medida de nuestras capacidades y limitaciones. En realidad, nosotros formamos parte de un equipo amplio de personas de mucha calidad que, cada uno en su área, benefician con su trabajo a toda la institución y, juntos, procuramos servirles para que puedan hacer con más facilidad su trabajo de coordinar y servir a toda la Iglesia en España.
La experiencia del trabajo conjunto en la Comisión y en la Oficina de Información ha sido al mismo tiempo exigente y positiva. Cada una de ellas tiene su responsable, el secretario general y el presidente de la Comisión, y su equipo. Eso implica un cierto equilibrio, pero permite también un trabajo conjunto cuando las exigencias son mayores, como ocurrió en la primera mitad de este año, con la visita del papa León XIV a España. De ordinario, es cierto que la Oficina de Información exige un trabajo periodístico muy preciso y muchas veces rápido, cuando los medios requieren información inmediata o cuando hay que convocar para una rueda de prensa o para dar a conocer un posicionamiento de los obispos ante una situación urgente. Internet y las redes sociales permiten hoy una respuesta más rápida y un posicionamiento claro, y han cambiado la situación en muy pocos años. La Comisión, hoy llamada Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales, tiene una mirada más pastoral, más de fondo, sobre la comunicación social y el servicio que la comunicación puede prestar a la Iglesia. Tiene más relación con la ayuda a los obispos y a sus delegados de Medios y con la formación en comunicación a través de diversos cursos y convocatorias. Mantener la independencia de esas oficinas, pero, al mismo tiempo, su colaboración cordial permite sumar masa gris en las decisiones y capacidad operativa en las acciones, sin limitar cada uno la responsabilidad que tiene encomendada.
Precisamente, son las personas que forman los equipos, tanto de la Oficina como de la Comisión, las que permiten sacar el trabajo adelante. Un trabajo que tiene un orden regular en la Comisión, pero que está sometido a los picos de interés informativo en la Oficina. Es entonces cuando la experiencia acumulada por todas esas personas permite encuadrar las demandas de información y preparar las respuestas en coordinación con los responsables de la casa de las áreas interesadas y, de manera especial, con el secretario general, por el que deben pasar todos los asuntos que tienen o van a tener repercusión pública para la Iglesia.
Este trabajo en la Oficina de Información me ha permitido estar cerca de momentos muy importantes de la vida de la Iglesia en España, lo que ha supuesto, sin duda, una gran experiencia tanto personal como profesional. Desde las JMJ, las peregrinaciones europeas de jóvenes a Ávila y Santiago, con motivo de los años jubilares, la celebración de dos asambleas plenarias extraordinarias, o los encuentros sinodales de la Iglesia en España. A ellos hay que sumarles la organización de tres congresos importantes dedicados a los laicos, a la educación y a las vocaciones, cuyas conclusiones y propuestas están ya impulsando la vida de la Iglesia. El papel de la comunicación resultaba importante, pues no es fácil que aquello que moviliza a miles de cristianos en su preparación y en su presencia tenga luego repercusión en los medios generalistas y en algunos religiosos, más invitados a lo llamativo, a lo escandaloso o a lo negativo.
En este tiempo he podido también ser testigo del trabajo desarrollado por la Iglesia católica en España entre 2018 y 2024 en la cuestión de los abusos sexuales contra menores cometidos por algunos de sus miembros. Ha sido un gran esfuerzo colectivo, realizado por la CEE y la CONFER, para conocer la verdad sobre los abusos, atender a las víctimas, establecer mecanismos de prevención, sancionar a los responsables y promover una cultura institucional que impida la repetición de estos hechos. De igual forma, he tenido la oportunidad de trabajar en la respuesta a las polémicas generadas en torno a las inmatriculaciones. Fue un esfuerzo técnico, pero también de comunicación al que siempre hay que volver, para mostrar la verdad del patrimonio de la Iglesia, que está siempre al servicio de todos.
A la vuelta de estos años en la Oficina, pienso que es momento justo y tiempo oportuno para dejar este encargo y hacer un cambio. Mirando al presente, son tiempos más tranquilos. Algunos de los temas que más intensidad han generado han entrado en una vía serena y otros espero que sigan ese camino. La visita del Papa que nos ha ocupado prácticamente dos tercios del curso ha resultado un éxito desde todos los puntos de vista: organizativo, pastoral, de comunicación, etc. Comienza ahora una etapa nueva, centrada en hacer que dé fruto lo sembrado a manos llenas por León XIV, y eso también aplica a la comunicación. Serán otras personas las que con esfuerzo y acierto, así lo deseo, lleven a cabo esa tarea.






