Será un lugar de reflexión humanista que combine estudio, vida comunitaria y trabajo manual para «volver a la realidad»
«¿Cuáles son las buenas historias? ¿los buenos relatos? ¿cuál es el gran relato que nos permite volver a la realidad?». Son preguntas lanzadas por el filósofo francés Fabrice Hadjadj, durante la presentación de Incarnatus, el proyecto que le trae a España junto a toda su familia y que pretende ser un instituto de formación humanista para «volver a la realidad».
Incarnatus, que echará a andar en el curso 2026/2027, ofrecerá a sus participantes una inmersión de un año en la vida comunitaria, donde el estudio de la antropología, la literatura y la historia se entrelazará con el aprendizaje y la práctica de actividades manuales como el teatro, la carpintería y la horticultura. Actividades imprescindibles para conocer a Dios porque, como ha expresado Hadjadj, en contraposición con la Inteligencia Artificial y el progreso técnico, «Cristo es la inteligencia que se ha hecho artesano, la palabra que se ha hecho carpintero».
Es un proyecto que, ha reconocido, llega a su vida de forma rápida e inesperada pero al que se ha sentido llamado, «en la medida en que respondemos, escuchamos más la llamada y nos damos cuenta de que es algo que está en nosotros». Y necesario en nuestro país porque en él «las cosas empiezan a funcionar cuando van mal»
La propuesta formativa de Incarnatus se estructura en torno a una convivencia comunitaria para unos cuarenta jóvenes, a quienes se brindará un «noviciado a la vida natural». Esta experiencia buscará restablecer un vínculo esencial con la tierra y la naturaleza a través del trabajo manual en la huerta y con animales. El programa se completará con la práctica de diversas artes, el canto litúrgico – con la celebración diaria de la Misa como eje – y acuerdos con universidades madrileñas para la formación académica.
En contraposición a un mundo que «quiere hacer desaparecer al hombre en el metaverso», Incarnatus se erige como un proyecto para recuperar «los buenos cuentos e historias» que nos permitan «volver a la realidad», con una especial atención al «imaginario bíblico», que tiene la fuerza de «devolvernos al mundo».
El filósofo enfatizó la naturaleza intrínsecamente manual del ser humano: «Somos seres que trabajamos con las manos, que hacemos música con las manos y elaboramos objetos con ellas». Argumentando la necesidad de una conexión práctica con la realidad, añadió que «no basta leer a santo Tomás para volverse realista». Por eso, nace esta obra, porque «estamos en el mundo para aportar algo que no es del mundo».








