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Archidiócesis de Santiago de Compostela

Francisco Prieto a la archidiócesis de Santiago en el primer aniversario como arzobispo: «Sois una misión irrepetible, una vocación única»

El arzobispo compostelano se encontró para celebrar este hito con una representación de la vida diocesana: laicos, jóvenes, vida consagrada, seminaristas, peregrinos, Cáritas, matrimonios…

Este lunes se cumple un año desde que Francisco José Prieto se convirtiera en arzobispo de Santiago de Compostela. Un año, reconoció, «intenso», una experiencia «de saber que no estás solo», sino acompañado por el Señor y todos los que están alrededor.

Así lo manifestó el arzobispo compostelano en un emotivo encuentro con una representación de la diócesis para celebrar el primer aniversario como pastor de esta Iglesia particular. Una profesora de Religión, una voluntaria de Cáritas, una pareja que pronto se va a casar, una religiosa y un seminarista, entre otros, felicitaron a Prieto y le plantearon algunas preguntas.

A Mila, laica y profesora de Religión en La Coruña, le dijo que el papel de los laicos no es el de meros colaboradores, sino corresponsables en la misión de ser Iglesia y testigos en la sociedad. Así, advirtió ante los extremos, esto es, caer en un laicado clientelar, que solo se acerca buscando sacramentos en momentos determinados o uno clericalizado.

Arancha, una joven católica, le planteó qué se espera de los jóvenes y puso encima de la mesa las crisis que viven estos. «Preocúpate cuando no tengas crisis», le dijo el arzobispo, recordando que la semilla tiene que morir, partirse, para dar fruto. A los jóvenes católicos en general les pidió ayuda para entender a su generación y para acercarse a otros que son como ellos, pero no conocen a Jesús. «Sed provocadores, desafiantes. Sacadnos de nuestras comodidades», pidió.

Prieto se encontró con un grupo de personas representativo de la diócesis. / Archidiócesis de Santiago de Compostela

En la respuesta a otra joven, María, que se encontró con Cristo gracias a un retiro Effetá, pidió a los más jóvenes que sean «escandalosamente extraños», de modo que todos deban preguntarse por qué somos así o por qué estas diferencias… Se trata, dijo, de provocar diferencia entre tanta indiferencia, de demostrar que se puede pronunciar la palabra perdón ante tantos rencores y ser artesanos de paz.

Ante la representante de Cáritas, de nombre Berta, Prieto mostró su admiración por la labor caritativa de la diócesis, «sin hacer ruido», e hizo una llamada a voluntarios y personas que trabajan en Cáritas a que sigan haciendo realidad «que el amor de Dios es un amor que acoge, acompaña».

La presencia y palabras de sor Silvia, del Cottolengo del Padre Alegre, sirvió para que el arzobispo reconociese la presencia de la vida consagrada a lo largo de la diócesis: en la educación, en los monasterios contemplativos, en la caridad… Dijo también que son «avanzadilla» y «gran revolución profética».

Sacerdotes enraizados en Cristo

A Enrique, que pronto se ordenará diácono y en un futuro sacerdote, le dio varios consejos: que agradezca a Dios el don de la llamada; que sea consciente de que es un servidor del pueblo de Dios, no el dueño de nada; y que tenga sus raíces en Cristo, que cuide la relación con Jesús en la oración.

Francisco Prieto respondió también a una pareja que espera para casarse y a una religiosa que trabaja en la Oficina del Peregrino antes de despedirse con un recordatorio: que todas las personas que forman parte de la vida de esta Iglesia diocesana son únicas y todas están llamadas a compartir la misión de la Iglesia.

«Sois una presencia irrepetible. Sois vocación y misión. Dejemos miedos, no nos encerremos y salgamos», concluyó el arzobispo.

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