La jornada comenzó con un acto, en palabras del obispo Ginés García Beltrán, «sencillo, pero profundamente simbólico»: la plantación de un olivo justo frente al templo
La diócesis de Getafe se congregó ayer en el Cerro de los Ángeles para celebrar una Eucaristía con una intención especial: el cuidado de la creación. La jornada comenzó con un acto, en palabras del obispo de Getafe, Ginés García Beltrán, «sencillo, pero profundamente simbólico»: la plantación de un olivo justo frente al templo. Este gesto, según subrayó el prelado, «nos introduce en el misterio mismo de la Creación, que reconocemos como la obra que nace de las manos del Creador, la obra de su amor».
Al inicio de la homilía, el obispo afirmó ante los fieles que el Señor los congregaba en el «domingo, día de la Pascua de la creación, para hacer memoria de la victoria de Jesucristo, nuestro Señor», enfocando la oración en la atención a la creación. Durante su predicación, monseñor García Beltrán fue enfático al establecer la conexión intrínseca entre la fe y la responsabilidad ecológica. Así, explicó que cuidar la tierra es una respuesta al amor de Dios, quien «nos ha confiado la tierra como casa común». En este sentido, aseguró que «cuidar la creación, por tanto, no es una moda ni una ideología, es una expresión concreta de nuestra fe».
El emplazamiento de la celebración, el Cerro de los Ángeles, fue ensalzado por Ramiro Pereda, delegado de Ecología Integral, como «el gran pulmón espiritual de la diócesis, pero también un pulmón verde dentro de la Comunidad de Madrid». El obispo añadió que este lugar «simboliza muy bien esa unión entre fe y creación» en una diócesis que es a la vez urbana y agraria.
García Beltrán conectó la preocupación ecológica con la denuncia de la injusticia social mencionada por el profeta Amós, y advirtió que «la crisis ecológica es también una crisis de justicia». Subrayó que «los más pobres son los que más sufren las consecuencias del cambio climático, de la contaminación, y de la deforestación», recordando a la comunidad que «Dios no es indiferente ante esta situación de injusticia».
El celebrante insistió asimismo en que «la espiritualidad cristiana no es evasión, sino compromiso. No es intimismo, sino comunión». Hizo un llamamiento a la oración por los gobernantes y las comunidades vulnerables, destacando que «orar por todos significa asumir la responsabilidad de todos» y preocuparse «por los que no tienen voz, por los que no cuentan, por los que viven en las periferias».
A la luz del Evangelio, el obispo planteó una revisión de prioridades, invitando a la reflexión sobre el lugar que ocupan Dios y el prójimo en la vida, y cuestionando: «¿Somos administradores fieles de los bienes que Dios nos ha confiado? ¿O estamos derrochando la herencia que hemos recibido?».
Finalmente, recordó la encíclica Laudato Si’ como una llamada a la «ecología integral», que «une el cuidado del ambiente con la justicia social». La homilía concluyó instando a los fieles a no limitarse a «un gesto puntual», sino a vivir un «compromiso permanente a favor de lo que es un don de Dios para nosotros: la tierra que habitamos». El deseo final fue que «cada parroquia, cada comunidad, cada familia, se convierta en un oasis de vida, en un santuario de la creación».








