El nuevo pastor señala que su misión no se realiza en solitario y que cuenta para la evangelización con los sacerdotes, consagrados y los laicos. A estos últimos invitó a poner en juego la dimensión social del Evangelio
Este sábado ha tomado posesión de su nueva sede en Córdoba Jesús Fernández González, hasta hace obispo, uno de los primeros nombramientos del papa Francisco para España y uno de los últimos.
En la homilía, ha manifestado que su sueño pasa por evangelizar, que «es vivir y anunciar el amor de Dios, su providencia amorosa, la esperanza que se alimenta de la fe en él». Pero ha reconocido que hay que poner los medios para devolver la dignidad propia de los hijos de dios «a aquellos que la han perdido, víctimas de la escasez de medios materiales, con relaciones sociales deterioradas o rotas».
En esta tarea de llevar a Dios a los hombres de hoy, Fernández ha señalado que no es solo responsabilidad del obispo, sino que él se incorpora al camino de un pueblo. «La llamada es para recorrer un camino que lleva a Dios, pero este camino no lo realizamos en solitario. La vocación es también eclesial. Implica, pues, una dimensión vertical y otra horizontal inseparablemente unidas», ha subrayado.
Y ha añadido: «Acogiendo la llamada del Señor, me dispongo a abrir la marcha y, recordando el consejo evangélico, me propongo ser el servidor de todos»
En este sentido, ha señalado que cuenta con la colaboración de los sacerdotes, «sin los que el obispo nada será, nada podrá—, pero también con los consagrados y los laicos, «tanto en el discernimiento como en la toma de decisiones, en el modo que la Iglesia contempla». «Cuento también con todos en la implementación de los proyectos inspirados por el Espíritu Santo y encaminados a alimentar la vida en santidad de los fieles, a edificar la Iglesia, y a mejorar al mundo», ha subrayado.
Con todo, ha concluido con una llamada especial a los laicos, para que no permanezcan encerrados en el templo y salgan a proclamar la buena noticia: «Convencidos de que el Evangelio no es solamente un manual para alimentar y guiar la vida espiritual de cada persona y la piedad popular, sino también una herramienta social, os solicito un compromiso decidido a favor de la justicia, la paz y la promoción humana, tal como nos ha recordado el papa León desde el principio de su pontificado».
También les ha pedido que, cumpliendo sus deberes cívicos y religiosos, trabajen a favor de los derechos humanos básicos como el derecho a la vida, al trabajo digno, a la vivienda, a la libertad religiosa y a la educación de vuestros hijos de acuerdo con vuestras propias convicciones.
«Vivid también la caridad en la función pública a través de un modo justo de gobernar que atienda al bien común, favoreciendo una cultura del diálogo y del encuentro y el cuidado del medio ambiente. Y, por supuesto, apoyad a los pobres, los frágiles y los excluidos. Para todo lo que tenga que ver con el bien común, podéis contar siempre con el apoyo de nuestra Iglesia», ha concluido.






