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La Iglesia francesa, diez años después de los atentados de Bataclan: «El amor es más fuerte que la violencia»

La conmemoración, que incluye Misas y vigilias en varias parroquias, busca reafirmar la esperanza de la fe, y que el Cristo «muerto y resucitado» nos dé la fortaleza para el futuro

Diez años después de los atentados yihadistas que sumieron a la ciudad de París en una «larga noche de angustia», la capital francesa conmemora a las 130 víctimas inocentes que perdieron la vida, un recuerdo al que se ha unido la Iglesia que peregrina en Francia con un profundo llamamiento a la oración, la esperanza y la firmeza moral.

El 13 de noviembre de 2015, la ciudad se vio «brutalmente enlutada» por la violencia «más gratuita, la más ciega», según ha señalado monseñor Laurent Ulrich, arzobispo de París, en un comunicado. Hoy, las campanas de todas las iglesias de la capital gala están sonando para invitar a los ciudadanos a unirse en una misma oración, mientras la comunidad católica se centra en recordar a los que perdieron la vida y a quienes aún sufren las secuelas de aquella noche.

El recuerdo de los atentados del 13 de noviembre de 2015 sigue siendo vívido. Diez años después, las oraciones se dirigen a quienes «salieron de esta vida» y a sus seres queridos, así como a aquellos que sobrevivieron y «permanecen heridos, marcados, contusionados, en su cuerpo, en su espíritu, en su alma, al punto que la vida misma es para algunos una carga bien pesada de llevar», ha señalado el arzobispo.

El testimonio del capellán de los bomberos

Pero hoy, también se recuerda, en medio de las tinieblas de la tragedia, algunos destellos de humanidad. El padre Jean-Marc Fournier, antiguo capellán de la Brigada de Bomberos de París que estuvo presente en el Bataclan aquella noche, ha declarado que, al encontrarse ante una «escena de guerra», fue testigo de actos de compasión. Observó que, ante la más terrible de las tragedias, el «amor es más fuerte que la violencia». Vio entre las víctimas, por ejemplo, a personas que hicieron «muralla con su cuerpo» para salvar a quienes amaban, en su opinión, un signo de esperanza.

El padre Fournier, a quien se le pide frecuentemente que de «sentido» a «la paradoja de la muerte», insiste en la necesidad de la memoria, argumentando que «un pueblo sin memoria es un pueblo sin raíz, zarandeado al aire de los vientos y de las ideologías que participan en la quiebra de la nación». El capellán asegura que la enseñanza de estos ataques tiene raíz evangélica: «No hay amor más grande que dar la vida por aquellos que se ama».

Por su parte, el arzobispo Ulrich subraya en su comunicado la convicción de que, incluso en la oscuridad de esa noche, «Dios estaba bien presente, en el apresuramiento de los cuidadores, en la abnegación de las fuerzas del orden, en el impulso espontáneo de humanidad de tantos parisinos». Estos «gestos simples y valientes, gestos de compasión y de bondad», fueron «el más sólido de los baluartes» frente al abismo de la violencia.

Así las cosas, monseñor Ulrich invita a pedir la gracia, tal como lo hizo su predecesor, el cardenal André Vingt-Trois, la mañana después de los atentados. El arzobispo actual cita las palabras de Vingt-Trois en su texto: «Recibir la gracia de un corazón firme y sin odio. (…) Pedimos la gracia de ser artesanos de la paz, nunca debemos desesperar de la paz, debemos construir la justicia».

Esta misma semana, se ha celebrado una Misa en la catedral Notre-Dame de París, presidida por monseñor Ulrich, con la intención de honrar a las víctimas de los ataques. Durante la homilía, monseñor Éric Aumonier, obispo emérito de Versalles, recordó el discernimiento espiritual de Vingt-Trois ante los eventos de 2015. Y también citó las palabras del difunto cardenal, destacando la respuesta necesaria ante la barbarie: «No podemos responder sino con un exceso de confianza en nuestros semejantes y en su dignidad. No es decapitando como se muestra la grandeza de Dios, es trabajando en el respeto del ser humano hasta en sus debilidades extremas».

La conmemoración, que incluye Misas y vigilias en varias parroquias, busca reafirmar la esperanza cristiana. Monseñor Ulrich concluye su mensaje señalando que el Cristo «muerto y resucitado» da la fortaleza para el futuro: «Que Él nos dé ser siempre más, para aquellos que sufren alrededor de nosotros, fieles testigos de su esperanza, de su amor y de su paz, de hermanos y de hermanas en el camino».

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