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León XIV, a los participantes de la Marcha por la Vida: «Una sociedad es sana y progresa de verdad solo cuando salvaguarda la santidad de la vida humana»

El Papa señala que, al abogar por los no nacidos de manera valiente y pacífica, los manifestantes cumplen el mandato de servir al Señor en «el más pequeño de nuestros hermanos y hermanas»

El papa León XIV ha dirigido un mensaje cargado de aliento y firmeza pastoral a todos los participantes de la Marcha por la Vida, que tiene lugar hoy en Washington D.C., expresando su cercanía espiritual con quienes, de facto, dan testimonio público en defensa de los más vulnerables. El Pontífice destaca en su escrito que este compromiso es una expresión más que elocuente de una verdad fundamental: «La protección del derecho a la vida constituye el fundamento indispensable de cualquier otro derecho humano».

Para el Santo Padre —nacido en los Estados Unidos—, la actitud que mantiene una nación hacia la vida desde el momento de su concepción es el indicador definitivo de su desarrollo moral y social. Así, subraya en el texto que «una sociedad es sana y progresa verdaderamente solo cuando salvaguarda la santidad de la vida humana y trabaja activamente para promoverla». En este sentido, aprovecha para hacer un llamamiento especial a los jóvenes, a quienes conmina a no desfallecer en su esfuerzo por asegurar que la vida sea respetada en todas sus etapas mediante un compromiso firme a todos los niveles, incluyendo el diálogo con los líderes civiles y políticos.

En este sentido, el Papa recuerda a los fieles que la defensa de los niños no nacidos no es solo una causa civil, sino un «imperativo evangélico». Y que, al abogar por ellos de manera valiente y pacífica, los participantes están cumpliendo el mandato del Señor de servirle en «el más pequeño de nuestros hermanos y hermanas».

El mensaje concluye con un fuerte llamamiento a la esperanza y la confianza de la protección de Dios, encomendando a todos los manifestantes, así como a quienes los apoyan con sacrificios y oraciones, a la intercesión de María Inmaculada, patrona de los Estados Unidos. Como signo de gracia celestial, asimismo, el Papa imparte su bendición apostólica, reafirmando que Jesús, quien prometió estar siempre junto a nosotros en nuestro camino, acompaña cada paso de esta marcha por la justicia y la dignidad humana.

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