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León XIV: «Dios solo resucita abrazando nuestra miseria»

Francisco ha convocado a todos los fieles a rezar el Rosario el 11 de octubre en la plaza de San Pedro para pedir por la paz y a hacer lo a diario en familia o comunidades

En la audiencia de este miércoles, el papa León XIV ha continuado explicando el misterio del Sábado Santo. El día en el que «Cristo desciende al reino de los infiernos para llevar el anuncio de la Resurrección a todos aquellos que estaban en las tinieblas y en la sombra de la muerte». Es, ha indicado el Pontífice, «el gesto más profundo y radical del amor de Dios por la humanidad». De hecho, «no basta decir ni creer que Jesús ha muerto por nosotros: es necesario reconocer que la fidelidad de su amor ha querido buscarnos allí donde nosotros mismos nos habíamos perdido, allí donde se puede empujar solo la fuerza de una luz capaz de atravesar el dominio de las tinieblas».

Con los infiernos, la Biblia no se refiere a un lugar, sino a una condición existencial, «esa condiciones en la que la vida está debilitada y reinan el dolor, la soledad, la culpa y la separación de Dios y de los demás». Un abismo en el que, sin embargo, Cristo también nos alcanza al entrar «en la casa de la muerte para vaciarla, para liberar a los habitantes, tomándoles de la mano uno por uno». Así aparece, por ejemplo, en el Evangelio apócrifo de Nicodemo, en el que «el Hijo de Dios se adentró en las tinieblas más espesas para alcanzar también al último de sus hermanos y hermanas, para llevar también allí abajo su luz. En este gesto está toda la fuerza y la ternura del anuncio pascual: la muerte nunca es la última palabra».

Pero ese descenso a los infiernos, ha insistido el Papa, no es solo cosa del Sábado Santo, «sino que toda la vida de cada uno de nosotros», porque es también infierno «la soledad, la vergüenza, el abandono, el cansancio de vivir». Todas ellas son realidades oscuras en las que Cristo entra «no para culpabilizar, sino para salvar». Y lo hace «sin clamor, de puntillas, como quien entra en una habitación de hospital para ofrecer consuelo y ayuda». Es el Señor que desciende «allí donde el hombre se ha escondido por miedo, y lo llama por nombre, lo toma de la mano, lo levanta, lo lleva de nuevo a la luz». Y lo hace «con plena autoridad, pero también con infinita dulzura».

Por tanto, ha continuado León, la verdadera gloria del Resucitado es «la solidaridad de un DIos que no quiere salvarse sin nosotros, sino solo con nosotros. Un Dios que no resucita si no es abrazando nuestras miserias y nos levanta de nuevo para una vida nueva». Así que el Sábado Santo es «el tiempo en el que cada rincón de la historia humana es tocado por la luz de la Pascua». Y si Cristo ha podido descender hasta allí, «nada puede ser excluido de su redención. Ni siquiera nuestras noches, ni siquiera nuestros pecados más antiguos, ni siquiera nuestros vínculos rotos. No hay pasado tan arruinado, no hay historia tan comprometida que no pueda ser tocada por su misericordia».

Y da un paso más. para Dios, descender no es una derrota sino el cumplimiento de su amor. «No es un fracaso, sino el camino a través del cual Él muestra que ningún lugar está demasiado lejos, ningún corazón demasiado cerrado, ninguna tumba demasiado sellada para su amor». El tocar fondo «es el lugar desde el cual Dios es capaz de comenzar una nueva creación». En definitiva, «el sábado Santo es el abrazo silencioso con el que Cristo presenta toda la creación al Padre para volver a colocarla en su diseño de salvación».

Tras la catequesis, León XIV invitó a todos los fieles a rezar el Rosario diariamente durante el mes de octubre para pedir por la paz, tal y como se hará en el Vaticano todos los días a las 19 horas. Además, ha convocado a una oración conjunta el 11 de octubre a las 18h, con ocasión del Jubileo de la Espiritualidad Mariana y el aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, en la plaza de San Pedro.


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