León XIV ha asumido la promoción de la paz como tarea prioritaria, lo cual incluye salir al paso de la deshumanización de grupos raciales, religiosos o nacionales
Del mismo modo que su condición de matemático y usuario habitual de ordenadores y redes ha preparado a León XIV para afrontar el primero de los «desafíos de nuestro tiempo» —la IA, el mundo virtual o la revolución digital—, ser el primer Papa norteamericano le permitirá abordar mejor el segundo de los «nuevos desafíos»: contener los daños que provoca la decadencia de su propio país. El 40 % de sus compatriotas comparten el creacionismo, un 10 % el terraplanismo y el 30 % consultan astrólogos o el Tarot. Algunas de las reflexiones de san Agustín en La Ciudad de Dios sobre la decadencia de Roma y el saqueo del año 410 vuelven a ser actuales.
León XIII manifestó su simpatía por Estados Unidos en una carta de 1895 a los obispos norteamericanos. Pero cuatro años después tenía que salir al paso del «americanismo» en otra carta frente a «algunos de vosotros que piensan y desean que la Iglesia en América tenga una forma diferente a la del resto del mundo». Por desgracia, el «nacionalismo cristiano» vuelve a ser promovido en encuentros escenificados en la Casa Blanca y en declaraciones de altos funcionarios que proponen transformar la Unión Europea en un agregado de «naciones cristianas como Hungría», que no ofrezcan resistencia a los intereses de las grandes redes sociales americanas ni a las ambiciones de Putin.
La ventaja de León XIV es que puede dirigirse en inglés a sus compatriotas al final de las catequesis de los miércoles o en audiencias como la concedida a los delegados de la National Italian American Foundation, a quienes recordó que Estados Unidos es un país de inmigrantes, donde «decenas de millones de americanos proclaman con orgullo su herencia cultural italiana, incluso si sus antepasados llegaron hace varias generaciones».
El pasado febrero, el papa Francisco tuvo que escribir una carta a los obispos norteamericanos ante «la importante crisis que está teniendo lugar en los Estados Unidos con motivo del inicio de un programa de deportaciones masivas», y recordarles «la familia de Nazaret en el exilio, Jesús María y José, emigrantes en Egipto y allí refugiados». La carta, en la que puede entreverse la mano de Prevost para salir al paso de una manipulación de san Agustín por parte del vicepresidente J. D. Vance, señala que «el amor cristiano no es una expansión concéntrica de intereses». Al contrario, «el verdadero ordo amoris que es preciso promover, es el que descubrimos meditando constantemente la parábola del buen samaritano, es decir, meditando sobre el amor que construye una fraternidad abierta a todos sin excepción».
Si el ordo amoris no puede justificar la indiferencia, todavía menos puede el longtermism, la prioridad al largo plazo que predican Elon Musk y otros exponentes del nuevo credo TESCREAL promocionado en redes por los multimillonarios tecnológicos, cada vez más hostiles a la democracia. Priorizar la humanidad del futuro y la colonización de Marte encubre la indiferencia ante los que sufren en el presente. El brusco desmantelamiento de la agencia de ayuda oficial USAID por Elon Musk podría causar miles de muertos en los países más pobres, según expertos en ayuda alimentaria y sanitaria. En una entrevista, Musk explicaba que «la empatía es la gran debilidad de la civilización occidental», que debe superar la «empatía suicida». Por fortuna, una mayoría de norteamericanos tienen sentimientos de empatía, pero, por desgracia, apenas experimentan rechazo ante las actuaciones crueles de sus líderes.
Casi nadie ha pestañeado ante las amenazas de invadir el Canal de Panamá o Groenlandia en aras de la seguridad nacional. Del «síndrome 1933», que Francisco mencionaba como alerta frente a los populismos, se ha pasado al «síndrome 1939» —el reparto de Polonia—, en la versión de «el oriente de Ucrania para ti y los minerales del resto para mí», o de «Cisjordania para ti y Gaza como Riviera americana para mí». Indiferencia ante la muerte de inocentes.
León XIV ha asumido la promoción de la paz como tarea prioritaria, lo cual incluye salir al paso de la deshumanización de grupos raciales, religiosos o nacionales. Y proteger la verdad, pues las fake news y la crispación son la antesala de la violencia.








