En su mensaje para la IX Jornada Mundial de los Pobres, el Santo Padre invita a reconocer la esperanza como ancla en la vida y la caridad como «el mayor mandamiento social»
Con motivo de la próxima Jornada Mundial de los Pobres, que se celebrará el 16 de noviembre de 2025, el papa León XIV ha hecho público su mensaje bajo el lema bíblico «Tú, Señor, eres mi esperanza» (Sal 71,5). El Pontífice ha iniciado su mensaje evocando las palabras del salmista que, desde la dificultad, proclama: «Yo me refugio en ti, Señor, ¡que nunca tenga que avergonzarme!» (Sal 71,1). Esta confianza inquebrantable, ha explicado el Papa, nace de la fe en Dios, que es «nuestra Roca y nuestra fortaleza» (Sal 71,3). Por eso, la esperanza no defrauda, ya que «nosotros nos fatigamos y luchamos porque hemos puesto nuestra esperanza en el Dios viviente» (1 Tm 4,10), y además, hemos sido «salvados en esta esperanza» y en ella necesitamos permanecer enraizados.
En su mensaje León XIV ha destacado cómo los pobres, en su precariedad, pueden convertirse en «testigos de una esperanza fuerte y fiable», ya que su esperanza «sólo puede reposar en otro lugar», no en las seguridades del poder o el tener. El Papa ha insistido en que reconocer a Dios como «nuestra primera y única esperanza» nos lleva a relativizar las riquezas y a buscar el verdadero tesoro. En este sentido, el Pontífice ha recordado la enseñanza del papa Francisco en la Evangelii gaudium: «La peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual».
León XIV ahonda en la idea de que los bienes materiales y el bienestar económico, aunque importantes, no bastan para la felicidad del corazón. Al contrario, «las riquezas muchas veces engañan y conducen a situaciones dramáticas de pobreza, la más grave de todas es pensar que no necesitamos a Dios y que podemos llevar adelante la propia vida independientemente de Él». Citando a San Agustín, el Papa ha afirmado: «Sea Dios toda tu presunción: siéntete indigente de Él, y así serás de Él colmado. Todo lo que poseas sin Él, te causará un mayor vacío» (Enarr. in Ps. 85,3).
La esperanza cristiana: un ancla para la caridad
El Santo Padre ha descrito la esperanza cristiana como un «ancla que fija nuestro corazón en la promesa del Señor Jesús», que nos ha salvado y que volverá. Esta esperanza, afirma, señala el «cielo nuevo» y la «tierra nueva» (2 P 3,13) como el verdadero horizonte de vida, comprometiéndonos con las ciudades de los hombres para que «comiencen a parecerse a ella».
León XIV resalta la circularidad entre fe, esperanza y caridad. La esperanza, nacida de la fe y alimentada por la caridad, «es madre de todas las virtudes». El Papa ha enfatizado la necesidad actual de caridad, no como una promesa, sino como una realidad que «nos compromete, orientando nuestras decisiones al bien común». De manera contundente, el Pontífice ha advertido: «Quien carece de caridad no solo carece de fe y esperanza, sino que quita esperanza a su prójimo».
El mensaje subraya que la invitación a la esperanza implica «el deber de asumir responsabilidades coherentes en la historia, sin dilaciones». El Papa recuerda que la caridad «representa el mayor mandamiento social» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1889) y que la pobreza tiene causas estructurales que deben ser eliminadas. Mientras tanto, todos estamos llamados a crear «nuevos signos de esperanza que testimonien la caridad cristiana». El Papa cita ejemplos como los hospitales, escuelas, casas-familia, centros de escucha y comedores para los pobres, destacando que son «signos, a menudo escondidos, a los que quizás no prestamos atención y, sin embargo, tan importantes para sacudirnos de la indiferencia y motivar el compromiso en las distintas formas de voluntariado».
Finalmente, el Papa León XIV ha insistido en que los pobres no son una distracción para la Iglesia, sino «los hermanos y hermanas más amados», que nos provocan a «tocar con las manos la verdad del Evangelio». Por ello, la Jornada Mundial de los Pobres busca recordar que «los pobres están en el centro de toda la acción pastoral». El Santo Padre ha concluido haciendo un llamado a que el Año Jubilar impulse «el desarrollo de políticas para combatir antiguas y nuevas formas de pobreza, además de nuevas iniciativas de apoyo y ayuda a los más pobres entre los pobres». Reitera que «el trabajo, la educación, la vivienda y la salud son las condiciones para una seguridad que nunca se logrará con las armas».








