En la Eucaristía por la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, recuerda que están llamados a testimoniar que Dios está presente en la historia para salvación de todos los pueblo
En la fiesta de la Presentación del Señor, el papa León XIV presidió la Eucaristía en la basílica de San Pedro por la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, ocasión que aprovechó para recordar a los consagrados y a las consagradas que «la Iglesia les pide que sean profetas». Esto es, que sean «mensajeros y mensajeras que anuncian la presencia del Señor y preparan su camino».
Para ello, el Pontífice les ha propuesto modelos concretos, los hombres y mujeres que dieron a luz los distintos carismas. Los fundadores y fundadoras. «En continua tensión entre la tierra y el cielo, con fe y valentía, se dejaron llevar, partiendo de la mesa eucarística, unos al silencio de los claustros, otros a los desafíos del apostolado, otros a la enseñanza en las escuelas, otros a la miseria de las calles, otros a las fatigas de la misión. Y con la misma fe regresaron cada vez, humilde y sabiamente, a los pies de la cruz y ante el sagrario, para ofrecerlo todo y reencontrar en Dios la fuente y la meta de toda su acción», ha afirmado.
Y ha añadido que no dudaron en lanzarse a empresas arriesgadas, haciéndose presentes incluso en ambientes hostiles e indiferentes y siendo «mano generosa y hombro amigo en contexto de degradación y paz». Pero también testimonio de paz y de reconciliación en medio de escenarios de guerra y de odio, «dispuestos a sufrir las consecuencias de un obrar a contracorriente».
Así, con este legado a las espaldas, los consagrados de hoy, ha dicho el Papa, «están llamados a testimoniar, en una sociedad donde fe y vida parecen alejarse cada vez más una de la otra en nombre de una concepción falsa y reductiva de la persona, que Dios está presente en la historia como salvación para todos los pueblos».
Finalmente, León XIV les ha agradecido su presencia en tantos lugares, donde siguen siendo fermento de paz y signo de esperanza. «Confiemos su obra a la intercesión de María Santísima y de todos sus santos fundadores y fundadoras, mientras sobre el altar renovamos juntos la ofrenda de nuestra vida a Dios», ha concluido.








