El «giro católico», el aniversario del Concilio de Nicea, la Dilexi te, el Informe FOESSA, el aborto o los 50 años de la muerte de Franco y de la proclamación del rey fueron algunos de los temas abordados por el presidente de la CEE en su discurso ante la Asamblea Plenaria
La Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española arrancó este martes —un día después de lo habitual, por la visita de la Comisión Ejecutiva al papa León XIV— con el discurso del presidente y arzobispo de Valladolid, Luis Argüello. Una intervención muy completa en la que abordó todos los temas de actualidad de la vida de la Iglesia y de nuestra sociedad: el resurgir espiritual y de lo católico, el debate sobre el aborto, el aniversario de la muerte de Franco o el Informe FOESSA.
Tras haber realizado los saludos preceptivos y recordar la muerte del papa Francisco y la elección de León XIV —es la primera Plenaria tras estos acontecimientos—, Argüello dedicó unas palabras al «giro católico», expresión acuñada por Diego Garrocho.
Un giro que se puede ver en el interés suscitado por la muerte de Francisco y la elección de León, en el impacto de las posiciones de la Iglesia sobre cuestiones como la guerra o la migración o en que personalidades públicas como Rosalía hablen abiertamente de Dios y de lo espiritual. Cita también la película de Los domingos o el último libro de Byung-Chul Han, titulado Sobre Dios.
«Existen señales que advierten de que lo católico está de moda o, si se prefiere, de que hay una vuelta a coordenadas espirituales que parecían proscritas. El proceso es constante y van en aumento», afirmó el prelado.
Concilio de Nicea
El presidente del episcopado español vinculó esta búsqueda en la sociedad actual con el Concilio de Nicea, que cumple 1.700 años. Pues este rebrote de la espiritualidad y el acercamiento o rechazo de la Iglesia por motivos emocionales o ideológicos «nos invitan a recordar las fuentes de la fe».
«Los cristianos confesamos el señorío de Dios sobre toda la creación, material y espiritual, visible e invisible, sobre el tiempo y el espacio, sobre todas las criaturas y, de forma especial, sobre el ser humano. Todo es obra de su acción creadora, libre y gratuita, todo es obra de su amor», añadió.
Y esta realidad es la que lleva a los cristianos, abundó, a trabajar por la promoción del ser humano y el respeto de sus derechos fundamentales, sobre todo, en los lugares donde más se vulneran: «Donde la vida no es respetada como un don sagrado desde su inicio a su fin; donde los seres humanos son discriminados y perseguidos por su fe; donde los pueblos sufren las consecuencias de la violencia y la guerra…».
Así, afirmó que en la celebración que tendrá lugar en la Almudena profesarán la fe, una fe que se muestra no solo con palabras, sino también con obras.
50 años de la muerte de Franco y de la proclamación del rey
Otro de los temas del discurso fue el aniversario de la muerte de Franco y la llegada del rey, que «marcan el final de una etapa y el comienzo de otra en la sociedad española, y también en la Iglesia y sus relaciones con el Estado».
Tras citar discursos de los cardenales Marcelo González y Vicente Enrique y Tarancón, dijo que la Iglesia vivió con el régimen de Francio «una relación singular». Entre la etapa de apoyo inicial y la aparición paulatina de movimientos de crítica y oposición.
Argüello subrayó el papel de la Iglesia en la Transición, pues con sus aportaciones propició que sus fundamentos fueran el consenso y la reconciliación entre los españoles.
«En el año 2028 celebraremos los 50 años de la Constitución. Estos próximos tres años deberían ser de purificación de la memoria contaminada por los sesgos ideológicos de las leyes de memoria histórica y democrática que, justamente, quieren rehabilitar y honrar a las víctimas de la dictadura y enterrar dignamente a quienes seguían en fosas y cunetas, pero son, principalmente, un instrumento de polarización ideológica al servicio de los intereses políticos del presente más que cauce para ahondar en la reconciliación que los años de la Transición lograron», agregó.
Dicho esto, recalcó que los católicos tienen cosas que aportar en este contexto: edificación de un pueblo, criterios de auctoritas y respeto a la potestas establecida. «Los católicos estamos llamados a estar presentes en la vida pública para colaborar en la edificación de una vida social justa a través del elogio de la razón, la amistad social y la acción iluminada por la Doctrina Social de la Iglesia», dijo.
Informe FOESSA y aborto
A nivel social, el arzobispo de Valladolid abordó dos cuestiones de actualidad. En primer lugar, el Informe FOESSA, presentado hace dos semanas, y que presenta, según Argüello, una sociedad con los siguientes rasgos: crisis demográfica provocada por la fecundidad frustrada; la precariedad laboral; la crisis de vivienda; el modelo ecológicamente insostenible o la tecnología.
La receta para responder a esta situación pasa por una ética de largo alcance que nos lleve a actuar más allá de nuestro entorno y que surja desde la espiritualidad y conversión «para avanzar en un cambio radical de paradigma».
En este sentido, «es necesario crecer en la presencia pública de los laicos cristianos ejerciendo la caridad social o política».
En segundo lugar, dijo que el aborto se ha convertido en un tema espinoso y difícil de abordar en la sociedad, pues muchos ven un tabú hablar de ello en público, e incluso se vinculan las posiciones de los defensores de la vida con argumentos irracionales o basados en creencias religiosas.
Argüello niega la mayor, pues «basta abrir cualquier manual de embriología médica para ver que los científicos afirman con unanimidad que desde el momento de la fecundación se crea un organismo humano vivo e independiente en el cuerpo de la madre con un patrimonio genético propio». Y continuó: «No es preciso acudir a la Biblia para afirmarlo, aunque nos aporte que su dignidad es sagrada y que está dotado de un alma inmortal».
Con todo, constató que la sociedad occidental está escondiendo esta cuestión debajo de la alfombra, cuando es un drama de grandes dimensiones: 73 millones de abortos en todo el mundo, más de 100.000 en España.
Pero junto a la defensa de la vida, los católicos tienen que mirar a los padres y a todas las circunstancias que rodean al aborto para dar una respuesta. Porque, ha añadido, «no se puede serparar la lucha en favor de los pobres de la lucha en favor de la vida». De hecho, ha dicho que la lógica de descarte que se aplica a los no nacidos es la misma que, ya en vida, somete a los pobres en favor de las grandes compañías y fortunas.
El propio Argüello, desde la tribuna de la CEE, tendió una mano de cercanía a las madres embarazadas para que pidan ayuda ante el drama de un embarazo quizá no deseado… Y pidió a los poderes públicos que no se desentiendan y cuiden a los más débiles.
«El atajo del aborto para solucionar los problemas que exigen políticas públicas a favor de la familia y de la democracia es síntoma del debilitamiento moral de nuestra democracia», agregó.
Dilexi te
El presidente de la CEE dedicó un apartado al primer gran documento del papa León XIV, la exhortación apostólica Dilexi te, que «nos sitúa ante este amor que brota del corazón de Cristo, tan inmenso que transforma a quien lo recibe, desbordándose y comunicándose a los demás». Porque «el amor de Dios es una fuerza poderosa que transforma vidas y corazones».
Y al hablar sobre los necesitados, Argüello señaló que los pobres «no son una categoría sociológica, sino la misma carne de cristo» y añadió que el compromiso con ellos es «una parte esencial del camino de la Iglesia». «No podemos olvidar a los pobres si queremos permanecer en la corriente viva del Evangelio», agregó.
Sí afirmó que si bien Dilexi te no es, desde el punto de vista técnico, un texto de la Doctrina Social de la Iglesia, sí es una «reflexión cristológica y eclesiológica que está en la base del coloquio entre Evangelio y realidad social de cada momento histórico».
Los trabajos de la Plenaria
El discurso lo cerró con un repaso a los temas que los obispos van a abordar durante la Asamblea Plenaria: las líneas de acción pastoral para los próximos años, la atención a las víctimas de abusos y la protección de los menores, el cuidado de los obispos eméritos o el plan de comunicación de la CEE.
«Es tiempo de siembra y esperanza. Estamos asistiendo al surgir de un tiempo misionero y estamos llamados a volver al momento apostólico enteramente primero. ¡Esta es la hora del amor, acojamos el amor de su corazón, devolvamos amor por amor, para enamorar al mundo», concluyó.








