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Sínodo, evangelización y ecumenismo: las prioridades de los obispos de Europa

Madrid acogió en junio la reunión de secretarios generales de los episcopados integrados en el Consejo de Conferencias Episcopales de Europa. Durante el encuentro hablamos con Martin Michalíček, su secretario general

España fue el epicentro durante casi cuatro días —a mediados del pasado mes de junio— del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE), un organismo compuesto por 33 episcopados que representan a 45 países. En Madrid se dieron cita los secretarios generales de las conferencias episcopales integradas en este organismo eclesial. Una reunión sobre la que sobrevolaron los ecos de las elecciones al Parlamento Europeo, que, al margen del auge de unos partidos u otros, destacaron por la escasa participación. O lo que es lo mismo, por la abstención. Lo subrayó especialmente el presidente del CCEE, Gintaras Grušas, en un saludo a los medios de comunicación que cubren habitualmente la información de la Iglesia. Afirmó que el desinterés de los ciudadanos en los comicios es una llamada de atención a los partidos políticos y el producto de «cómo la UE está respondiendo a las verdaderas necesidades de la población». Una de las claves que apuntó, por ejemplo, para el auge de partidos del ala más a la derecha es la pérdida de soberanía de los países frente a Bruselas, donde se decide de forma centralista.

Los comicios se hicieron presentes, pero no marcaron el encuentro. De hecho, haciendo honor al carácter más pastoral y de coordinación entre episcopados del CCEE, el tema principal fue El servicio de los episcopados europeos entre la unidad y la diversidad. Una cuestión muy sinodal —enlazada, evidentemente, con el proceso que vive la Iglesia y que desembocará en la segunda sesión de la Asamblea del Sínodo de los Obispos de octubre— que está presente en el CCEE desde sus orígenes. «Desde sus inicios, en los tiempos de la Guerra Fría y el telón de acero, trató de unir el continente europeo y facilitar el intercambio», explica Martin Michalíček, secretario general del CCEE, en entrevista con ECCLESIA. De hecho, uno de los motivos para establecer su sede en Suiza —trasladada a Roma este mismo año— fue la necesidad de situarse en un territorio neutral y así facilitar los encuentros. Por todo esto, el actual Sínodo sobre la Sinodalidad es, para Michalíček, «un momento profético, una gran oportunidad para profundizar en el trabajo del CCEE y su misión».

Esta tarea no siempre es sencilla en un continente con numerosos idiomas, con variedad de historia y patrimonio cultural y eclesial, e incluso diversos puntos de vista en la percepción de la Iglesia. Una diversidad que se manifestó en el encuentro no solo en las lenguas habladas —el italiano y el inglés son las de trabajo—, sino también en los estados de vida y vocaciones de cada secretario general: había sacerdotes, laicos y mujeres. «Necesitamos el actual Sínodo para enriquecernos mutuamente en esta diversidad que no queremos percibir como un obstáculo, sino como una oportunidad», agrega el secretario general de la CCEE, que pronto concluye su servicio y regresará a su diócesis en Eslovaquia. De hecho, el Sínodo, insiste, es una de las grandes prioridades del CCEE en estos momentos.

Pero hay otras. El diálogo ecuménico, por ejemplo. Confiesa Michalíček que el CCEE está en conversaciones con la KEK —la Conferencia de Iglesias Europeas, que integra a otras confesiones cristianas— para actualizar la Carta Ecuménica, de 2001, que recoge las líneas de colaboración entre las Iglesias cristianas del Viejo Continente. «Queremos hacer una actualización con ocasión del Jubileo de 2025».

Otra prioridad es la evangelización. Así lo sostuvieron el secretario general, en la entrevista, y el presidente, ante los periodistas en rueda de prensa. «La tarea más importante es adaptar el anuncio del Evangelio a la Europa de hoy. La cooperación entre los obispos tiene este propósito», dijo Gintaras Grušas. Para Michalíček, ante la secularización, con un descenso en el número de fieles, seminaristas, matrimonios…, es urgente la evangelización: «Necesitamos anunciar a Cristo de un modo nuevo, adecuado a los signos de los tiempos».

—¿Y cuál podría ser esta nueva forma de Evangelización?
—Es una gran pregunta y, diría, una de las grandes cuestiones que aborda el Sínodo. En algunos países se percibe un aumento en el número de catecúmenos, de personas que se preparan para recibir los sacramentos de la iniciación cristiana. Y sucede en los países más secularizados como Francia, Bélgica o República Checa. Cuando a uno de los obispos franceses se le preguntó por este fenómeno, dijo que no es el resultado de ningún esfuerzo concreto, sino una señal de que el Señor de la Iglesia, es decir, Jesús, ha tomado la situación con sus propias manos. Con este ejemplo, quisiera mostrar que no se trata tanto de estrategias, de encuentros u eventos, sino de estar atentos a los signos de los tiempos, de responder generosamente a lo que sucede.

Europa es diversa, pero comparte este problema: la secularización. El secretario general de la CCEE expresa con palabras que ya no existe un cristianismo social, de modo que la sociedad ya no se mueve ni orienta según el Evangelio. Que ya no se puede dar por supuesta la transmisión de la fe. Pero esto no quiere decir que el hombre de hoy no busque el sentido de la vida o de la propia existencia. Por eso, cree que la Iglesia debe ofrecer más espiritualidad. «Si la Iglesia no ofrece una propuesta profundamente espiritual, se busca en otra parte, en lo esotérico, en otras religiones. Tenemos un tesoro muy grande, pero no lo mostramos de forma atractiva».

Y, junto con la secularización, aparece otro fenómeno, la persecución, que si bien en Europa no suele presentarse habitualmente con violencia física, sí está presente en forma de cancelación o profanaciones. «Han crecido los ataques contra objetos sagrados, y las personas que buscan ser transparentes en su fe, tanto en el campo de la medicina como en el de la jurisprudencia y otros, sienten una cierta discriminación».

El tema de la defensa de la vida, en un momento en el que el aborto o la eutanasia avanzan hasta ser considerados como derechos, es reflejo de esta circunstancia. El sacerdote eslovaco encuentra la respuesta en san Juan Pablo II y apela a «ser quienes somos». Lo explica: «Debemos ser más cristianos, más misioneros, más valientes, más auténticos. No es una cuestión de batalla o de estrategia, es una cuestión de autenticidad. Si esta autenticidad existe, encontraremos formas de expresarla».

Al margen de los trabajos —con dos ponencias sobre el Sínodo y ecumenismo, e información sobre la tarea de las distintas comisiones—, los secretarios generales de la CCEE participaron en dos Eucaristías en la catedral de la Almudena, en Madrid, y en Toledo, esta última en rito mozárabe. Pudieron conocer algunos tesoros culturales de nuestro país y, de la mano del secretario general de la CEE, César García Magán, la realidad de la Iglesia en España.

Concluida la reunión, el viernes de esa misma semana, 21 de junio, se inauguró la nueva sede de la CCEE en Roma, con la presencia del secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin, que reivindicó en su intervención, según reportaron los medios vaticanos, las tareas de este organismo supranacional: la comunión eclesial, la ayuda pastoral y el impulso ecuménico.

Recordó, en línea con lo trabajado en Madrid, el Sínodo: «Asumir el rostro de la sinodalidad, el de una Iglesia que, a partir del Evangelio, llega a los hombres y mujeres de nuestro tiempo». Y señaló dos grandes desafíos, alguno ya abordado en este mismo artículo: «Pensemos en el tema de la secularización y la evangelización que se presenta de forma preocupante en Europa. Pero también en la paz. Seamos capaces de infundir un espíritu de paz en esta Europa que se encuentra tan dividida». 

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