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Montini, el papa Francisco y la Fundación Pablo VI

El próximo 14 de octubre se cumplirá el primer lustro de la canonización del papa que da nombre a la Fundación Pablo VI. Y esta efeméride ha coincidido con la audiencia privada que el papa Francisco nos ha concedido al equipo directivo de esa institución. Después de escucharnos muy atentamente a cada uno, nos dedicó unas palabras que suponen, a la vez, ánimo y responsabilidad: enfatizó el rigor y la seriedad que la Fundación imprime en sus proyectos y líneas de actuación; destacó con entusiasmo el equilibrio, en los puestos directivos de la organización, entre hombres y mujeres y el relevante papel que estas ejercen en la misma; y puso el acento en la actualidad del mensaje del papa Pablo VI. Un pontificado para una modernidad ya compleja y atormentada, donde la renovación y reforma que emprendió, tan ansiada para unos y tan temida para otros, se quedó corta a juicio de los primeros y se convirtió en traumática para los segundos. 

En la conversación con el papa Francisco era fácil colegir cómo una y otra vez mostraba una especial empatía con el pontificado de Montini, que se encontró —como ahora— ante un escenario de contrariedades y dificultades, en un mundo en radical cambio. Y por eso puso en valor el trabajo de reflexión y estudio que lleva a cabo la Fundación sobre su magisterio, a través del Centro de Pensamiento Pablo VI, y de todas las iniciativas de diálogo de la Iglesia con la política, la cultura, la ciencia, la economía o la tecnología. 

Entre las actividades realizadas en el marco de este Centro de Pensamiento se encuentran toda una serie de artículos y entrevistas a catedráticos de universidad, políticos, teólogos, economistas, juristas o periodistas sobre cuestiones a las que aquel Papa dedicó una especial atención, como el diálogo Iglesia-sociedad, el papel de los laicos y la mujer en la Iglesia, las relaciones diplomáticas e internacionales, la paz o los vínculos entre evangelización y promoción humana, entre otros. Todas estas reflexiones han sido recientemente publicadas por la BAC y la Fundación Pablo VI en una edición especial, que pudimos entregarle personalmente al papa Francisco en esta audiencia privada. 

Además del inmenso honor de dedicarnos de puño y letra un ejemplar de dicha edición, el Santo Padre concluyó nuestro encuentro con una exhortación clara y directa: la necesidad de estar, como Pablo VI, atentos a los signos de los tiempos y a una sociedad que, como aquella, muestra síntomas de fragmentación; de arriesgar y no tener miedo a buscar el diálogo, «como la levadura, que no mira las harinas con las que se mezcla»; y de leer Evangelii nuntiandi, una encíclica que, según sus propias palabras, él mismo «firmaría hoy». 

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