Si empezamos contando que nuestra patrona, santa Eugenia, fue martirizada en Roma un 25 de diciembre, podrán ustedes comprender lo motivada que nuestra familia se siente para vivir la Navidad del Señor. En nuestro barrio, en el distrito de Villa de Vallecas de Madrid, anunciamos la Buena Noticia del nacimiento de Jesús con la fiesta de Sembradores de estrellas. Después de orar y ser bendecidos, los niños y jóvenes salimos por las calles cantando villancicos y pegando las estrellas para compartir con los vecinos que la alegría de Dios no está caducada de hace dos mil años, sino que vive y está presente hoy. Mientras tanto, la plaza de la Iglesia se convierte en un Belén viviente en el que se reparten dulces y se canta con alegría.
Desde el Adviento, exponemos en el templo un belén monumental muy visitado, en el que se van desarrollando las etapas del misterio de la Encarnación, desde el anuncio a María hasta la huida a Egipto. Mantendremos el belén hasta el 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor y, como novedad, diseñaremos para la Cuaresma y Semana Santa una representación de la Pasión de Cristo. También invitamos a engalanar nuestro barrio con las balconeras del nacimiento de Jesús que ofrecemos desde la comunidad. Finalmente, niños, jóvenes y adultos participamos en la cabalgata de Reyes del distrito, este año disfrazados de ángeles, ya que queremos integrarnos en el barrio y ser luz y sal de Jesús.
Dentro de casa, la parroquia, compaginamos las celebraciones con encuentros: el festival de Navidad, el concierto de villancicos y la cena de Nochebuena, a la que se invita a todos los que quieran compartirla con nosotros, especialmente con los que están solos, necesitados o simplemente porque quieren hacerla con los hermanos de la comunidad. Personalmente, me llegaron mucho las palabras del papa Francisco, cuando, a inicios de su pontificado, definió la Iglesia como un hospital de campaña para curar heridas. En este hospital de campaña no dejamos de ser «sanadores heridos», necesitados de reconciliación para regalarla.
Algo ya tradicional, y muy bonito, es el apadrinamiento de las cartas de Reyes de los niños de la Cañada Real y de otros niños del barrio, para que puedan recibir los regalos de la Epifanía en una fiesta en la que Melchor, Gaspar y Baltasar vienen a nuestra parroquia. ¡Qué ilusión! Tampoco nos olvidamos de las familias que acuden a nuestra Cáritas todo el año: les preparamos una cesta repleta de alimentos y productos de calidad como regalo del Niño Dios.
Son días de cenas de grupos y actividades, como el partido de fútbol de los jóvenes el 31 de diciembre y el chocolate con roscón con el que cerramos las fiestas. Como párroco, tengo la alegría de ser pastor y a la vez discípulo, padre y hermano en una Iglesia que busca a Cristo y en la que todos somos necesarios; nadie sobra. La parroquia está llamada a ser eso: una familia de hijos de Dios que se quieren y se cuidan, donde se toca el amor de Dios y se convive con Jesús Resucitado, donde todos puedan encontrar su camino a la santidad.
Este año, por las bodas de oro de la creación de la parroquia y los cuarenta años de la consagración del templo, la Santa Sede nos ha concedido la gracia del Jubileo hasta el 24 de noviembre del 2024. Para ayudarnos a acoger este regalo, vamos a intensificar la adoración eucarística. Hasta ahora, el tiempo de Adviento y Navidad está repleto de encuentros con Jesús Sacramentado, pero en esta Navidad queremos acompañarle con una vigilia extraordinaria el 31 de diciembre, para cruzar el nuevo año con la bendición del Santísimo y darle gracias porque Él está con nosotros. Su Navidad es hoy y siempre.







