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Una vida agradecida que cambia el destino de las mujeres en Nigeria

La profesora y economista Enase Okonedo recibió el Premio Harambee 2025 por la promoción de la educación y el liderazgo femenino en su país

Es la pequeña de ocho hermanos, así que se podría decir que además de los suyos, de niña tuvo otros siete «padres». Ser la pequeña, en una sociedad en la que a un niño lo cría toda la comunidad es un privilegio. Enase Okonedo es muy consciente de ello. Por eso, ahora que tiene 58 años y es la primera mujer vicerrectora de una universidad en Nigeria vuelve siempre a recordar su origen.

Cuando habla de su educación, que le ha llevado a una carrera brillante, y a estudiar en universidades de Barcelona y París, e incluso a colaborar con la de Oxford, nunca se olvida de nombrar la que fue su primera escuela: el hogar familiar. Allí aprendió a cuidar y a querer, a compartir. Allí tomo de sus padres la resiliencia, la integridad y la curiosidad por el mundo. En casa de los Okonedo había una estantería llena de libros, y los hijos tenían libertad para cogerlos y sentarse a leer. 

La madre, y más tarde las hijas —las hermanas mayores—, compaginaban con toda naturalidad el cuidado de la familia y el hogar con el trabajo fuera de casa. La señora Okonedo se había formado en economía doméstica, y se dedicaba a formar a sus vecinas para convertirlas en trabajadoras autónomas de microempresas unipersonales, trabajando desde casa y preparando pasteles y otros aperitivos y vendiéndolos para obtener ingresos. Era habitual que acogieran a otros parientes, a los que sus padres pagaban la educación. Incluso su abuela materna, a principios de los años 30, era ya una pequeña comerciante y líder política de un grupo de mujeres, a las que alentaba a participar en los asuntos públicos. 

Lo que para Enase era una cosa muy normal, que su madre y sus hermanas trabajaran, pronto descubrió que en su país no lo era. Estudió la Secundaria en una «escuela de la unidad», donde se reúne a alumnos con buenas calificaciones de todo el país para fomentar la unidad nacional. Muchas de sus compañeras, siendo excelentes, abandonaron los estudios para casarse, y, con ello, cerrar cualquier expectativa de poder tener una carrera primero universitaria y después profesional. Para ellas, dice Enase, «hablar de una futura carrera era solo un sueño». 

En este contexto, Enase fue a la universidad, se graduó y comenzó a trabajar en un banco. Una posición que para muchas mujeres de su país era impensable. Quiso seguir formándose y acabó como investigadora en la Lagos Business School, una escuela de negocios en la que fue escalando hasta llegar a convertirse en la primera mujer decana. También fue la primera vicerrectora de una universidad, en concreto, la Pan-Atlántica, una de las más prestigiosas de Nigeria.

Okonedo recogió hace unas semanas en España el premio Harambee 2025, un galardón que reconoce a aquellas mujeres e instituciones que trabajan por la promoción e igualdad de la mujer africana. Durante su discurso de agradecimiento, la economista señalaba que «he transitado espacios en los que las mujeres estaban históricamente sub-representadas». Consciente de su privilegio, ha trabajado desde los puestos que ha ido alcanzando por «defender políticas inclusivas, asegurando que las mujeres tengan las mismas oportunidades de avanzar en el mundo académico, el liderazgo y el emprendimiento». 

Compromiso por la iguadad

En la universidad han abolido la práctica de pasar por alto a las mujeres para los ascensos en los años en que hubieran estado de baja por maternidad. Además, han ampliado este permiso a cuatro meses y han instituido uno para los hombres y una guardería. Enase, que es una firme defensora de la igualdad entre hombres y mujeres, reconoce a ECCLESIA que es fundamental darse y tener en cuenta la diferencia entre ambos. Porque es evidente que, cuando nace un bebé, el papel de la madre y el padre no es el mismo. Y esto, en contra de lo que pueda parecer, es un beneficio para las empresas, para las sociedades y para el mundo. Porque «las mujeres aportan cualidades diferentes que equilibran, o mejor, complementan la balanza». 

Y además, hay otro valor por explotar que en Europa es hoy residual: el espíritu de comunidad. El ubuntu, que significa «yo soy porque nosotros somos». En África, recuerda Enase, «a un niño le cría la comunidad entera», lo que permitiría de una forma más sencilla que la madre pueda ausentarse unas horas para ir a trabajar. En eso pone ella su empeño a través del Programa de Mentoría Wimboard de WIMBIZ Nigeria, con el que promueve «la próxima generación de mujeres líderes». «Nos aseguramos de que tengan confianza, habilidades y el apoyo necesario para prosperar», añade. Es lo que quiere hacer con la dotación de este premio, patrocinado por René Furterer, que va a destinar a un proyecto social en la zona rural de Iloti, en el suroeste de Nigeria. 

Okonedo nunca se olvida de que ha crecido en una familia privilegiada y de que lo que ha recibido es para entregárselo a otros. Por eso, de lo que está más orgullosa es de alumnas como la que ha graduado en 2023, con las mejores calificaciones de toda la clase siendo la más pobre, porque «cuando a alguien le das una oportunidad, puede volar». Y no hay mayor privilegio que ser testigo de cómo despliega las alas. 

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