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Primera predicación de Cuaresma a la Curia Romana: la prueba del desierto dio fuerza interior a Jesús para su misión

Roberto Pasolini ha destacado la figura de Cristo como «ancla segura e inquebrantable» en la esperanza que impulsa a los fieles hacia la grandeza del Cielo

El predicador de la Casa Pontificia, el religioso capuchino y experto biblista Roberto Pasolini, ha dedicado su primera meditación de Cuaresma al bautismo de Cristo en su más profundo significado, así como en sus implicaciones para la vida espiritual de los creyentes. En su disertación ante la Curia Romana, que ha tenido lugar en el Aula Paulo VI del Vaticano bajo el título «Arraigados y fundados en la esperanza de una vida nueva», ha destacado la figura de Jesús como «ancla segura e inquebrantable» en la esperanza que impulsa a los fieles hacia la grandeza del Cielo. No obstante, advirtió que este arraigo en Cristo, que se manifiesta en un «dócil abandono a las mociones del Espíritu, es un proceso cuyo resultado está lejos de ser seguro».

Como novedad, aunque menor, tras su ausencia de los recientes ejercicios espirituales, el papa Francisco no ha podido seguir la charla, debido a su estado de hospitalización. El padre Pasolini envió un cordial saludo y sus seguras oraciones al Santo Padre al inicio de su prédica.

Así las cosas, la reflexión del predicador, recogida por Vatican News, se adentró en la «lógica del Bautismo», sacramento que describió como un proceso de «aprender a recibir». Pasolini no ha dudado en señalar una «tentación constante de buscar palabras más fáciles e inmediatas que el Evangelio, y de alejarnos así del fundamento único que es Cristo» dentro de la Iglesia. En contraposición, enfatizó que «su vida es la manifestación más extraordinaria de lo que puede llegar a ser nuestra humanidad cuando se deja guiar por la lógica de Dios». Esta perspectiva, según el experto biblista, exige una «continua conversión de nuestro modo de pensar, tanto sobre lo que somos como sobre lo que la gracia nos llama a ser».

De esta forma, y con la intención de profundizar en esta comprensión, el predicador anunció que las meditaciones de esta Cuaresma se centrarán en «vernos como discípulos de Jesús, deseosos de aprender de su estilo de vida las actitudes que son esenciales si queremos caminar juntos hacia una vida nueva y eterna».

La elección del bautismo de Cristo como punto central de su primera prédica no fue casual. El padre Pasolini explicó que es en este evento donde «se revela el sentido profundo de su misión», destacando, en primer lugar, la «anterioridad» del bautismo al inicio de la vida pública de Jesús, y recordando que poco se sabe de su vida antes de este momento. «Cristo eligió dejarse modelar por la realidad histórica en la que vivió. No apresuró su tiempo, ni buscó atajos para manifestarse. Su forma de actuar nos invita a redescubrir el valor del tiempo escondido, ese tiempo en el que se fortalecen las raíces y se forma la identidad en el silencio de la vida cotidiana», ha afirmado.

Un aspecto que el padre Pasolini calificó de «sorprendente» es la forma pasiva en la que se describe este hecho. Citando la exclamación de Juan Bautista, —«Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?»—, el religioso invitó a reflexionar sobre la aparente falta de adecuación e inutilidad en el hecho de que el Mesías se deje determinar por las acciones humanas. Sin embargo, argumentó que «Dios está precisamente convencido de que lo más hermoso y urgente es sumergirse en nuestras aguas, para recordarnos que nuestra realidad, con todas sus luces y sombras, puede convertirse en lugar de salvación». Esta acción divina revela una profunda «opción de gran confianza en nosotros», al preferir que sean las manos humanas las que realicen algo por Él.

Profundizando en esta aparente pasividad, el padre Pasolini señaló que «en esta aparente pasividad de Cristo en su bautismo, hay que saber captar también una cierta acción de Dios, en la que se manifiesta uno de los rasgos más singulares de su capacidad de amar». En contra de la idea habitual de que amar implica expresar un sentimiento a través de un gesto simbólico, el predicador afirmó que «amar significa también —quizá más profundamente— querer el bien del otro». Así, el descenso del Espíritu Santo a través de la paloma subraya que, tras su bautismo, Jesús se sintió capaz de «acoger y dar a luz una vida más grande que él, la del Padre y su amor infinito por la humanidad».

Finalmente, Pasolini insistió en la crucial importancia de «permanecer confiados». En este aspecto, mirar a Jesús al final de su prueba en el desierto permite comprender lo que se espera de los creyentes. «Sea cual sea la forma en que queramos entender el texto, podemos ver que la prueba del desierto ayudó a Jesús a desarrollar la fuerza interior que necesitaba para abrazar su misión sin miedo a la muerte», ha señalado. Esta confianza sobria y arraigada en Dios es la que Jesús transmitirá a sus discípulos al enviarlos a proclamar el Reino.

Al concluir su sermón, el predicador reiteró la invitación para este Año Jubilar: «Estamos llamados a permanecer anclados en Cristo, seguros de encontrar en Él un punto de referencia sólido y seguro para nuestra vida». Y subrayó que «el signo concreto de nuestra adhesión a esta esperanza es el paso de la puerta santa, un gesto que nos invita a entrar cada vez más profundamente en el misterio de la vida de Cristo. El bautismo de Cristo no es solo un acontecimiento de su vida, sino un signo que ilumina el camino de todo creyente, mostrándonos ciertos movimientos existenciales que también nosotros estamos llamados a recorrer».

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