Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

La reforma continua de los seminarios españoles

Un año después de la reunión de los obispos españoles con el Papa, la escucha marca el proceso de reforma. Algunas diócesis han unido sus seminarios y se ha creado uno interdiocesano en Galicia 

El 28 de noviembre se cumple un año de la reunión que los obispos españoles mantuvieron con el papa Francisco y con los responsables del Dicasterio para el Clero con objeto de abordar la renovación de los seminarios españoles. Una reforma con un fin claro: mejorar la formación de los seminaristas y futuros sacerdotes. Doce meses en los que el denominador común ha sido la escucha, como reconoce el referente apostólico, presidente de la Subcomisión Episcopal para los Seminarios y obispo auxiliar de Madrid, Jesús Vidal, que ejerce de puente entre los obispos españoles y la Santa Sede. «Ha sido un tiempo para escuchar al Papa, al Dicasterio para el Clero, para escuchar también a los obispos y a los rectores. Estamos en un camino de renovación que no tiene un punto final, sino que es una renovación continua. Como hay una formación continua, también hay una renovación continua de los seminarios».

En este proceso de escucha, la subcomisión que preside Vidal envió a todos los obispos una encuesta para que manifestaran su opinión sobre los elementos más difíciles y sencillos de aplicar, así como sobre los riesgos y los beneficios de la aplicación de los criterios establecidos por la Santa Sede.

Criterios que se resumen en la necesidad de contar con una comunidad de seminaristas suficiente, también con un número adecuado de formadores o que la formación sea integral. Se pide, entre otras cosas, que la preparación intelectual no se reduzca al ámbito teológico-académico o que la dirección espiritual adquiera una dimensión central. Aunque el mayor reto, según explica Florentino Pérez, director de la Subcomisión para los Seminarios, viene dado por la cuestión de la comunidad suficiente, que exige, en algunos casos, que varios seminarios se unan en una comunidad formativa.

Pérez fue el encargado de presentar los resultados de la encuesta en el último encuentro de rectores y formadores de seminarios, celebrado en octubre en Madrid. Lo primero que le sorprendió es que cuando se habla de los beneficios de la reforma, los obispos lo hacen desde la experiencia. En cambio, cuando abordan los riesgos o peligros, lo hacen en clave de futuro. «Se refieren a cuestiones que pueden suceder, pero que todavía no se han dado», explica a ECCLESIA.

La opinión de los obispos

Por ejemplo, los obispos señalan, entre los riesgos, que los seminaristas dejen de tener como referencia la propia diócesis, que los sacerdotes pierdan la ilusión porque el seminario se va o que el centro teológico pueda desaparecer.

Entre las dificultades de la aplicación de aquello que pide la Santa Sede —es algo que no ven como imposible, pero que cuesta—, citan el número de seminaristas y la capacidad para lograr una comunidad suficiente, la constitución de un grupo de formadores adecuado en número y calidad formativa para las nuevas estructuras o la constitución de un seminario interdiocesano. También ven complicado aplicar todos los cambios en el periodo de dos años que se ha dado y, por ello, algunos sugieren una ampliación del plazo de implementación a tres años.

En el otro extremo, de modo general, ven fácil de llevar a cabo todo lo que tiene que ver con la dimensión humana, pues, según explica Pérez, «ya hay un camino realizado». Por ejemplo, los equipos formativos ya suelen contar con personal preparado en psicología. Lo mismo sucede con la prevención de abusos, el cuidado de la dimensión espiritual o el contacto con la realidad pastoral. La formación integral, la adecuación a las nuevas estructuras o la incorporación a los seminarios de laicos, religiosos y sacerdotes de otras diócesis también son aspectos que ven asumibles. 

Los beneficios que ven los obispos, continúa Pérez —que fue rector del seminario de Zamora—, son menos numerosos: la experiencia de comunión con otras diócesis y el enriquecimiento de los propios seminaristas, al estar en contacto con otros de diversos lugares y realidades. Y los que los refieren hablan desde la experiencia, porque ya llevan un camino realizado —hace un año dimos cuenta en estas páginas de la experiencia del Teologado de Ávila en Salamanca, al que se ha sumado este curso la diócesis de Astorga— o porque lo acaban de empezar.

Experiencias

Uno de estos casos es del de la archidiócesis de Madrid y Alcalá de Henares, que han unido la comunidad de sus seminarios diocesanos, por un lado, y los Redemptoris Mater —diocesanos misioneros vinculados al Camino Neocatecumenal— por otro.

Roberto González-Tapia es formador de la etapa propedéutica —el año introductorio— de la archidiócesis de Madrid que, desde este curso, se ha trasladado a Alcalá de Henares. Allí viven seminaristas de Madrid, Alcalá y Pamplona. En la capital están el resto de seminaristas de las dos diócesis madrileñas en las etapas posteriores: la discipular y configuradora. En la pastoral, cada uno permanece en su diócesis. «Nos hemos lanzado con buena voluntad y con la intención de ir resolviendo los retos durante el camino. Habrá que abordar la organización pastoral, la colaboración económica o el acompañamiento de los seminaristas por un equipo mixto. Ahora estamos tranquilos, caminando con confianza y buena voluntad. Hay estabilidad», subraya González-Tapia. Que se hayan unido las dos diócesis no quiere decir que una de ellas pierda su seminario, pues la institución no está ligada a un edificio. De hecho, el formador recuerda que en la etapa pastoral, los candidatos viven en las parroquias y no por ello dejan de formar parte de la comunidad del seminario. «Tienen momentos de unión, ya sean formativos o más comunitarios. Y ahí hay un seminario», explica.

Aunque el recorrido de esta unión es corto, ve beneficios. Por ejemplo, para los seminaristas de Madrid o Pamplona que tienen que desplazarse para hacer el curso propedéutico: «Hace que la decisión de entrar al seminario sea más honda. La distancia ayuda a descubrir que hay cosas que se dejan: la familia, los amigos, la tierra, las seguridades…». También señala como ventaja para los que están en esta etapa inicial que Alcalá de Henares sea una ciudad más pequeña y tranquila, generando así un clima de mayor estabilidad. Y el espacio, ya que es más grande.

A los seminaristas que están en las otras etapas les está ayudando a vivir en una comunidad más amplia y a mezclarse con jóvenes de otras diócesis. Para el formador, uno de los éxitos de esta experiencia es la sintonía entre los dos obispos, el cardenal José Cobo y Antonio Prieto, que están muy pendientes de la experiencia y facilitando las cosas.

Sin salir de Madrid, esta experiencia también la han vivido los seminaristas del Redemptoris Mater, pues los de Alcalá se han trasladado a la capital. Ahora forman una comunidad de 36 seminaristas de 14 naciones. La fusión no ha sido difícil, pues los chicos ya se conocían de otros encuentros, de celebraciones y de jugar al futbol. «Ha sido una bendición», recoge Eduardo Zapata, rector del Redemptoris Mater de Madrid, que trabaja mano a mano con el de Alcalá.

«Creo que hay varios aspectos positivos. Por una parte, la acogida. Los seminaristas se han desvivido unos con otros y están integrados. El grupo es más internacional y nutrido en edades y distintos grados de madurez, lo que convierte al seminario en un verdadero centro educativo. Un tercer punto es que nos aporta una visión más global de la Iglesia en España y, finalmente, la comunión de bienes», explica Zapata.

En Galicia, desde hace casi dos meses, hay un nuevo seminario interdiocesano, formado por las diócesis de Santiago de Compostela, Tui-Vigo y Mondoñedo-Ferrol, lanzado a iniciativa de sus obispos: Francisco Prieto, Antonio Valín y Fernando García Cadiñanos. Un proyecto que no parte de cero, pues los seminaristas de Mondoñedo-Ferrol ya estaban acogidos en Santiago, mientras que los de Tui-Vigo estudiaban en el Instituto Teológico Compostelano, también en la capital gallega. «Esto ha facilitado mucho la convivencia y la puesta en marcha», reconoce José Antonio Castro Lodeiro, rector del Seminario Interdiocesano Apóstol Santiago, como así se llama, que cuenta con 22 seminaristas de las tres diócesis.

La particularidad de este seminario frente a otras realidades interdiocesanas es la organización. En este caso, las tres diócesis han apostado por conformar un equipo formador con representantes de las tres diócesis, pero con un rector. Un rector que, sea de la diócesis que sea, lo es de todos los chicos. Los formadores, lo mismo. «Otras fórmulas nos daban la sensación de que era como unir partes. Y, a veces, la unión de las partes no hace el conjunto», aclara.

En su opinión, nadie pierde al unirse, sino que todos ganan, aunque entiende que haya reticencias a dejar marchar a los seminaristas a otro lugar. «El seminario no desaparece, solo se sitúa en otro sitio, aunque ese ejercicio de desapropiarse es complejo. En nuestro caso, hemos ganado todos. Algunos han ganado una comunidad grande. Los de Mondoñedo-Ferrol, que estaban acogidos, ya forman parte del seminario de pleno derecho, con voz y voto. Ahora es su seminario. Nosotros, en Santiago, hemos ganado con los formadores de los otros seminarios, que son de una calidad humana y espiritual enorme», subraya. El gran desafío ahora es conseguir que el presbiterio de las tres diócesis sientan el seminario como propio.

Florentino Pérez demuestra con su propia experiencia que no hay inconvenientes en estudiar y formarse fuera de la diócesis. Va más allá, pues está convencido de que puede ser un factor de mejora. «Zamora ha tenido el seminario desde 1972 en Salamanca. Yo mismo estuve fuera de mi diócesis. Esto no solo ha provocado un desarraigo en mí o en mis compañeros respecto a nuestra diócesis, sino que se ha traducido en una mejor formación. Hemos tenido la oportunidad de contar con buenísimos profesores en la Universidad Pontificia de Salamanca, con una buena formación teológica y una buena formación sacerdotal. Y eso repercute en la diócesis», explica. 

Durante los próximos meses, habrá nuevos pasos en más seminarios con el objetivo de formar verdaderos pastores misioneros. Queda camino por recorrer, pero los frutos alientan. Frutos, concluye Jesús Vidal en declaraciones a ECCLESIA, que culminan en la apertura a la necesidad de colaboración: «En la Iglesia, todos nos necesitamos. Nos necesitamos entre las diócesis. Y descubrir que en la diócesis del lado uno puede encontrar ayuda para la formación de los seminaristas es una alegría grande». 

This Pop-up Is Included in the Theme
Best Choice for Creatives
Purchase Now