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Gracias, León XIV

Salvador Illa escribe en ECCLESIA sobre la visita del Santo Padre: «También nos ha ofrecido la oportunidad de reafirmar un principio que define nuestra convivencia democrática: somos una sociedad plural, en la que las instituciones públicas actúan desde la neutralidad y el respeto hacia todas las creencias y convicciones»

La histórica visita del papa León XIV a Cataluña ha dejado una huella profunda de paz, concordia y dignidad humana. Durante dos jornadas intensas, desde Cataluña, desde Barcelona, hemos iluminado el mundo. El Papa ha conectado con la sensibilidad y los valores de la sociedad catalana como se puso de manifiesto en su voluntad de entender y respetar nuestra identidad y nuestra lengua, un gesto que agradecemos profundamente.

El itinerario de Su Santidad ha tocado de cerca realidades muy diversas, dejando momentos que ya forman parte de nuestra memoria colectiva. Su paso por la Abadía de Montserrat, en pleno cierre de las celebraciones de su milenario, nos recordó la importancia primordial de nuestras raíces cristianas. La identidad de Cataluña no se puede entender sin la huella profunda del cristianismo, que ha construido durante siglos los fundamentos de nuestra cultura, nuestro arte y nuestras tradiciones. 

El Pontífice quiso pisar los espacios en los que la vulnerabilidad humana es más evidente. En concreto, su visita al barrio del Raval de Barcelona, encontrándose con entidades sociales en la parroquia de San Agustín, y de forma muy especial su visita al centro penitenciario de Brians 1.

En su encuentro con los internos, el papa León XIV habló de arrepentimiento, reconciliación y perdón como vías imprescindibles para empezar de nuevo. Transmitió un consuelo sincero y defendió la reinserción y dignidad de toda persona, independientemente de su situación. La dignidad humana no depende ni de su pasado ni de su origen. El valor único e irrepetible de cada persona hace única su dignidad, que nos obliga a todos a protegerla y defenderla.

Escuchar estas palabras en un espacio de reclusión nos afianza en la convicción de que una sociedad justa no es aquella que castiga olvidando, sino aquella que acompaña, ofrece segundas oportunidades y se esfuerza por no dejar a nadie atrás. Es un orgullo que nuestro sistema penitenciario, basado precisamente en estos valores humanistas de arraigo y reinserción, haya sido el escenario de tan elocuente gesto.

El punto culminante y de gran irradiación internacional fue la bendición de la torre de Jesucristo en la basílica de la Sagrada Familia. El mismo día del centenario de la muerte del genial y universal Antonio Gaudí, el arquitecto de Dios. 

Tras la celebración de la Santa Misa, el Papa bendijo la torre. A continuación, la iluminación de la misma dibujó una imagen que dio la vuelta al mundo. Este templo refleja la genialidad de la arquitectura de Gaudí y de cómo Cataluña sabe elevar su patrimonio espiritual hacia la universalidad. 

El Papa ha lanzado durante su estancia un mensaje sereno, claro y explícito sobre uno de los grandes desafíos de nuestro siglo: la respuesta a la migración. Nos ha recordado el deber moral de ser acogedores, tolerantes y estar junto a los más débiles. Las palabras de León XIV actúan como un faro de humanismo. Cataluña ha sido, es y será siempre una tierra de acogida. Nos sentimos plenamente identificados con esa visión de ser una sociedad abierta, plural y cohesionada.

Esta visita tiene, también, una lectura sobre el papel de Cataluña en el escenario global. El hecho de que haya sido el centro de atención internacional durante estos dos días pone de manifiesto que somos un territorio con una fuerte vocación internacional. Cataluña genera prosperidad económica, pero aspiramos a ser también un motor político, moral y espiritual basado en los valores de la convivencia y la fraternidad. 

En un mundo sacudido por la guerra y la polarización, quiere seguir siendo un espacio en el que el diálogo sea más fuerte que la confrontación, donde las diferencias se resuelvan desde el respeto democrático y donde la convivencia sea una fuente de riqueza compartida.

La visita del Santo Padre también nos ha ofrecido la oportunidad de reafirmar un principio que define nuestra convivencia democrática: somos una sociedad plural, en la que las instituciones públicas actúan desde la neutralidad y el respeto hacia todas las creencias y convicciones. Esta aconfesionalidad garantiza la libertad religiosa, la libertad de conciencia y la igual dignidad de todas las personas, creyentes o no creyentes.

Estoy convencido de que la visita de León XIV representa un estímulo para ser constructores de paz y agentes activos de justicia social. 

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