El prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación defendió durante el Congreso de Hermandades y Piedad Popular de Sevilla volver a las grandes preguntas y planteó como gran conclusión un pacto en torno a las cuestiones decisivas del ser humano
El prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación, José Tolentino de Mendonça, ha abierto los trabajos de la tercera jornada del II Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular, que se celebra en Sevilla hasta este domingo, 8 de diciembre. Y lo hizo con una ponencia muy sugerente, cargada de citas filosóficas y literarias para plantear preguntas esenciales sobre el ser humano. Cuestiones que deben ser respondidas por la Iglesia y, en particular, por las hermandades.
«Detrás de cada hermandad tiene que haber un proyecto cultural para mostrar la vida como es: en su fuerza y fragilidad», afirmó justo después de plantear la necesidad de volver a las grandes preguntas y hablar de temas que son tabú como la muerte o el sufrimiento.
En medio de «una fuerte crisis antropológica», subrayó, «estamos llamados a preguntarnos qué es el ser humano y la Iglesia está llamada a responder con convicción».
Y dio, de la mano de María Zambrano, alguna clave para hacer una propuesta. «Cuando el mundo está en crisis y el horizonte de la inteligencia aparece ennegrecido por peligros, cuando la razón se retira, nos queda solo una vía de esperanza, un solo camino. Es el amor».
Esta reflexión tiene que ver con otra que hizo posteriormente, cuando lamentó que la sociedad de hoy esté enmarañada en el relativismo y reduccionismo, una sociedad que ha alcanzado un nivel alto técnico y, a la vez, produce «existencias éticamente tan poco cualificadas». Así, defendió una antropología integral y que la inversión sea humana.
De hecho, recordó que la pandemia nos hizo ver lo frágiles que somos y caer en la cuenta de que teníamos una relación idolátrica con el progreso. «Nos encontramos desprovistos, desorientados, analfabetos ante la vida», añadió. Así, una de las propuestas que hizo, que podría, dijo, ser asumida como conclusión del congreso, es «un pacto en torno a las cuestiones decisivas» sobre el hombre.
Un hombre que vive en el «tiempo del selfie», un tiempo de «aislamiento, separación y narcisismo». «Cada vez más, la palabra yo se torna la palabra decisiva y para muchos la única palabra que conocen. Nosotros, como hermandades, tenemos que ser apóstoles no del yo, sino de la palabra nosotros», destacó.








