La Iglesia, a través de los Papas, ha ido restituyendo la estima por la obra y la vida del teólogo, hasta el punto de que la Conferencia Episcopal Francesa ha solicitado el inicio de su proceso de canonización
El aprecio de los últimos Papas a la persona y obra de Henri de Lubac es la mejor carta de presentación de este perito conciliar humilde y eclesial. El papa Francisco afirmó: «Sin la aportación de la teología francesa, que ha dado a la Iglesia maestros de la talla del padre Henri de Lubac, no hubiera sido posible la riqueza, la profundidad y la amplitud de reflexiones de las que se alimentó el Concilio Vaticano II». Tan es así, que es relativamente fácil encontrar su influencia en parte considerable de los documentos aprobados por el Vaticano II y las encíclicas y exhortaciones de cuatro pontífices: Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco».
El papa León XIV, el pasado 7 de enero de 2026, concluía la audiencia general, en la que había anunciado un ciclo de catequesis sobre el Concilio Vaticano II: «Acercándonos a los documentos del Concilio Vaticano II y redescubriendo la profecía y la actualidad, acogemos la rica tradición de la vida de la Iglesia». El actual pontífice llama de nuevo la atención de toda la Iglesia sobre la riqueza de los documentos conciliares y sobre la necesidad de redescubrirlos para avanzar por los caminos de la misión en nuestro tiempo. El mismo Henri de Lubac siempre recomendó: «Es necesario leer los textos con calma. Como he sugerido, los malentendidos surgen de una deficiencia en la comprensión del método conciliar».
En este contexto, es especialmente relevante la aparición de una segunda edición de Diálogo sobre el Vaticano II, del cardenal Henri de Lubac. El estudio preliminar pretende situar al lector en el itinerario biográfico y teológico de este gran jesuita, y, de modo especial, en su participación en el Concilio.
La obra gira en torno al Vaticano II, sus documentos y su recepción. Una obra que merece la pena leer y releer. Un instrumento precioso para acercarse al Vaticano II, «un acontecimiento fundamental para comprender la historia de la Iglesia en este tramo del siglo» (Juan Pablo II, Discurso sobre la aplicación del Vaticano II, 27 de febrero de 2000). Y, a modo de pequeño detalle, decir que, tras la clausura del Concilio, el papa Pablo VI invitó a comer a De Lubac, a Cullmann y a Guitton, todo un gesto de reconocimiento explícito a sus muchas aportaciones.
La Iglesia, a través de los diferentes sucesores de Pedro, ha ido restituyendo la estima por la obra y la vida de Henri de Lubac, hasta el punto de que la Conferencia Episcopal Francesa ha solicitado a la Santa Sede el inicio de su proceso de canonización.






