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Informe FOESSA: la exclusión social en España crece un 52 % en apenas 17 años

Cáritas Española llama a un «cambio radical de paradigma» trocando el bienestar material por el «cuidado mutuo, la justicia y la responsabilidad compartida»

En un momento de «profunda complejidad» para nuestro país, la Fundación FOESSA (Fomento de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada), promovida por Cáritas Española, acaba de presentar su noveno Informe sobre Exclusión y Desarrollo Social en España. El estudio, fruto de la colaboración de 180 investigadores y 51 universidades, quiere lanzar una dura advertencia: España vive un proceso inédito de fragmentación social, agotándose tanto social como ecológicamente.

Natalia Peiro, secretaria general de Cáritas Española, ha subrayado la dimensión fundamental de este trabajo para la Iglesia, destacando que «comprender la realidad social es una dimensión básica para ejercer la caridad». La investigación, rigurosa y multidisciplinar, no busca ser un «ejercicio académico neutro», sino un «esfuerzo intelectual muy comprometido con la construcción de una sociedad más justa, equitativa y sostenible», en palabras de la secretaria general. Asimismo, Peiro ha recordado que «resolver las causas estructurales de la pobreza es una cuestión que no puede esperar», según ha escrito el papa León XIV en su reciente exhortación apostólica Dilexi te.

Por su parte, el coordinador del informe, Raúl Flores, secretario técnico de la Fundación FOESSA, se ha mostrado contundente al iniciar su presentación: «La desigualdad es lo que genera pobreza y exclusión social». Y es que, a pesar del crecimiento económico, nuestro país mantiene una de las tasas de desigualdad más altas de la Unión Europea. Según el análisis, el modelo social muestra una España «ecológicamente vulnerable, anímicamente desasosegada y socialmente desgarrada». La exclusión severa se ha disparado, situándose un 52 % por encima de los niveles de 2007, y afecta ya a 4,3 millones de personas.

Flores ha querido desmentir el «mito de la pasividad» de los pobres, afirmando con datos que «no fallan las personas, falla el sistema». La evidencia recogida demuestra que la mayoría de los hogares en exclusión severa (un 77 % en 2024) «trabajan o buscan empleo, estudian o se forman, activan redes y siguen planes de inclusión», pero chocan con «dispositivos fragmentados, con recursos escasos y muy poco personalizados».

Así las cosas, el informe FOESSA identifica dos motores principales que se retroalimentan y causan la exclusión: la vivienda y el empleo. El primero de ellos, en tanto «derecho roto», se ha convertido en el «epicentro de la desigualdad en España». El país ha desarrollado un modelo inmobiliario especulativo, con consecuencias demoledoras: uno de cada cuatro hogares sufre rasgos de exclusión residencial; y el 45 % de la población en alquiler a precio de mercado se halla en riesgo de pobreza y exclusión social —la cifra más alta de la Unión Europea—. «El alquiler se ha convertido en una trampa de pobreza», ha declarado Flores. Del mismo modo, el gasto excesivo en vivienda —lo que supone quedarse bajo el umbral de la pobreza tras pagar los costes relativos a esta—se ha prácticamente triplicado desde 2007, alcanzando el 14,1 % de la población en este 2024.

En cuanto al empleo, se ha querido destacar que «trabajar ya no salva». Aunque los datos globales del empleo mejoran, este ha perdido su capacidad protectora: la precariedad laboral se ha vuelto la «nueva normalidad», atrapando a 11,5 millones de personas. La cruda realidad más allá de las cifras es que «uno de cada 10 trabajadores sufren exclusión social». Esta situación está consolidando que una quinta parte de la población trabajadora reciba un bajo salario.

Así las cosas, la fractura social se está cebando especialmente en las nuevas generaciones, que son «los grandes perdedores del modelo socioeconómico actual». Un tercio de toda la exclusión severa, por ejemplo, corresponde a menores de edad; mientras que la tasa de pobreza infantil se sitúa en el 29 %, la más alta de los grupos de edad en Europa. La edad media para emanciparse alcanza un récord histórico: 30,3 años, debido a la vivienda inaccesible.

Por todo ello, Flores no ha tenido reparos en señalar que la exclusión «se hereda». El informe lo ilustra con los ejemplos de Hugo y Sofía, dos niños de 10 años con la misma capacidad pero «mochilas muy diferentes»: la mochila de Hugo —hijo de padres con empleos no cualificados— hace que tenga «el doble de probabilidades de ser pobre que Sofía». Otros factores multiplican la exclusión, como la salud, pues «la desigualdad también se mide en años de vida». Así, las personas en exclusión severa sufren el doble de diagnósticos de depresión y ansiedad que la media. Además, el debilitamiento del «escudo comunitario» está quintuplicando el aislamiento en las personas en exclusión severa, pasando del 3 % en 2018 al 17 % en 2024.

Ante esta «sociedad del desasosiego», FOESSA y Cáritas abogan por un cambio radical, ya que continuar con las políticas actuales, centradas en poner parches y paliar síntomas, conduce al «colapso social y ecológico». «Necesitamos un cambio radical de paradigma civilizatorio, un nuevo pacto social basado en valores diferentes que cuestione consensos asumidos como la meritocracia o como el crecimiento ilimitado», ha subrayado el coordinador del informe. Este nuevo pacto debe basarse, a su juicio, en reconocer nuestra interdependencia y ecodependencia. Debido a lo anterior, FOESSA propone transitar desde la idea de un bienestar reducido al «consumo material individual» hacia un concepto más profundo y colectivo: el «bien cuidar». Esto implica «poner la vida y el cuidado en el centro de todas las decisiones», desplazando el foco del mero beneficio económico.

En este sentido, el informe reclama políticas audaces, coherentes e integrales que aborden de forma estructural la vivienda —ampliando el parque social en alquiler— y el empleo —erradicando la precariedad y dignificando los empleos de cuidados—.

En resumen, el informe FOESSA dibuja el retrato de una sociedad paralizada ante una encrucijada crucial: «Podemos seguir por el camino actual, el del individualismo, el de la desigualdad, el de la insostenibilidad, que nos lleva y nos seguirá llevando a una sociedad del miedo; o podemos elegir un cambio de rumbo valiente, construir un nuevo imaginario social basado en el cuidado mutuo, en la justicia y en la responsabilidad compartida. Este es el camino que desde FOESSA y Cáritas creemos posible y necesario», han concluido los organizadores.

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