Nombrado obispo de Teruel y Albarracín por el papa Francisco el 16 de julio de 2021, llega a Málaga con un espíritu de cercanía y apertura, como reconoce en una entrevista publicada por la propia diócesis
Málaga se prepara para recibir a su nuevo pastor, José Antonio Satué, quien mañana tomará posesión de la diócesis andaluza. El prelado oscense, hasta ahora obispo de Teruel y Albarracín, fue nombrado por el papa León XIV el pasado 27 de junio en sustitución de monseñor Jesús Catalá, quien presentó su renuncia por edad el pasado mes de diciembre después de 16 años en el cargo.
Monseñor Satué, nombrado obispo de Teruel y Albarracín por el papa Francisco el 16 de julio de 2021, y posteriormente incorporado al Dicasterio para los Obispos como miembro hace dos años, llega a Málaga con un espíritu de cercanía y apertura, como reconoce en una entrevista publicada por la propia diócesis.
Durante la conversación, el prelado comparte sus sentimientos ante la inminente toma de posesión, reviviendo dos emociones fundamentales que ya experimentó en su ordenación episcopal en Teruel, hace cuatro años: «El vértigo y la esperanza». Así, siente «vértigo cuando pienso en la misión que se me encomienda, y más todavía al recordar la talla humana y espiritual de los obispos que han pastoreado esta diócesis malacitana». Sin embargo, trata de compensarlo con una «firme esperanza, porque a lo largo de mi vida he podido experimentar repetidamente que Dios no defrauda». En este sentido, destaca la «acogida cálida y generosa de don Jesús Catalá y de muchos diocesanos y diocesanas de Málaga» como un aliento importante.
Su nombramiento, prosigue, generó en él una «sincera gratitud hacia el Santo Padre León, por la confianza que deposita en mí al encomendarme este nuevo ministerio», así como el «vértigo de comenzar a caminar como pastor de esta Iglesia de Málaga, con la responsabilidad de asumir y alentar una historia fecunda en fe, esperanza y compromiso cristiano».
De este modo, y lejos de traer «proyectos concretos», monseñor Satué llega con una «disposición abierta para que podamos definir, entre todos los bautizados y bautizadas, cómo caminar como Iglesia sinodal, acogedora, misionera y comprometida con quienes más sufren». Su objetivo, así las cosas, es acoger y avivar «todo lo bueno que encuentre», y aportar «sensibilidad y mi trabajo para favorecer en cada bautizado y bautizada tres relaciones: con Dios, fuente y origen de vida; con la Iglesia, entendida como la comunidad de quienes compartimos corresponsablemente la fe; y con el mundo, al que debemos amar como Jesús y con Jesús».
En esta nueva andadura, y como no podía ser de otra manera, la figura de María ocupa un lugar central en su ministerio. Durante la conversación, revela que, desde su adolescencia, «antes de cualquier decisión importante o de algún paso significativo, he presentado a la Virgen mi vida y he implorado su cercanía y protección materna». Su devoción a la Virgen de la Jarea, patrona de su pueblo natal en Huesca, y el rezo diario del Rosario son pilares fundamentales de su espiritualidad.
Como queda bien a las claras, el nuevo obispo asume su ministerio con una clara «actitud de cercanía y escucha», manifestando su deseo de «visitar cuanto antes todas las parroquias de la diócesis para conoceros de cerca y saber de vuestra cultura y religiosidad, de vuestros problemas y proyectos». Y también se propone fomentar el trabajo en equipo, una experiencia que ha encontrado «muy enriquecedora» en sus anteriores cargos.
Sobre su personalidad, monseñor Satué, cuyo apellido evoca un pequeño pueblo del Pirineo oscense donde abundan las iglesias prerrománicas, se define a sí mismo como más «románico» que «barroco», y deja caer a sus diocesanos que pronto lo conocerán por su sencillez.
Consciente de los desafíos actuales, Satué señala que «los retos más decisivos a los que nos enfrentamos son sobre todo culturales», en una época marcada por «el postcristianismo, la postverdad, el postdeber, el posthumanismo». E invita a tener una gran capacidad de discernimiento, para evitar, así, caer en «engaños» y aprovechar las «oportunidades», recordando la enseñanza de Jesús de valorar «lo nuevo y lo viejo».
En sus mensajes a los distintos estamentos de la diócesis, monseñor Satué subraya la corresponsabilidad y la valentía, recordando, por ejemplo, a los seglares que «no sólo pertenecéis a la Iglesia, sino que sois Iglesia», e instándolos a cuidar su espiritualidad y formación, a apartarse de actitudes «clericalistas» y a enriquecer a la Iglesia con su experiencia evangelizadora en el mundo.
Por su parte, a los consagrados les pide fidelidad a su vocación, apertura a otros carismas y a la Iglesia diocesana, y afrontar la crisis actual con «realismo, espíritu de fe y esperanza», mientras que a los sacerdotes les transmite un mensaje de valentía: «No tengáis miedo». Los anima a la entrega diaria, a pedir ayuda cuando la necesiten y a salir «al encuentro de tantas personas alejadas de la fe, pues en ellas también late ese mismo Espíritu».








