Los obispos de las islas Canarias y Cáritas reclaman una respuesta global ante la crisis migratoria y subrayan que la visita de León XIV pondrá el foco en la dignidad de quienes llegan en cayuco «cargados de esperanza».
En el marco de la Asamblea Plenaria que se celebra estos días y como parte de la preparación ante la inminente visita del papa a España, la Conferencia Episcopal Española ha acogido un briefing informativo para abordar la crisis migratoria en el archipiélago canario. En el encuentro han intervenido Eloy Santiago, obispo de Tenerife; José Mazuelos, obispo de Canarias; y Caya Suárez, secretaria general de Cáritas Diocesana de Canarias, quienes han desgranado la realidad de la ruta atlántica, que califican de «mortífera». Todos ellos han expresado su confianza en que el viaje del pontífice de visibilidad mundial a una tragedia que, con demasiada frecuencia, queda reducida a simples números y estadísticas
La impotencia
El obispo de Tenerife, Eloy Santiago, ha sido rotundo al describir el sentimiento que se vive en la comunidad canaria. «Nos sentimos impotentes ante esta ruta tan mortífera», ha afirmado. La presión migratoria ha alcanzado hitos históricos en islas como El Hierro, donde una población de apenas 9.000 habitantes llegó a recibir el año pasado a más de 25.000 personas. Para el prelado, la visita de León XIV no es solo un evento institucional, sino un gesto apostólico, subrayando que, aunque la logística dificulte que el papa pueda pisar cada isla, su presencia en Canarias ya es un motivo de celebración.
Por su parte, José Mazuelos, obispo de la Diócesis de Canarias, ha querido apelar a la empatía de la sociedad y de la clase política. «Habría que meter a muchos en un cayuco cinco días, mañana y tarde sin comer, para que vean si es necesario acoger», ha señalado. Mazuelos ha insistido también en que la acogida no es una opción ideológica, sino un imperativo cristiano y, antes que nada, humano.
«Acompañamos procesos»
La realidad migratoria en Canarias ha dejado de ser anecdótica —desde que la primera patera llegara en 1994— y se ha convertido en una constante estructural y natural. Caya Suárez, secretaria general de Cáritas en Canarias, ha señalado que esta crisis llega a una región que ya sufre una situación de pobreza estructural, con un 25% de la población en riesgo de exclusión social. Sin embargo, frente al discurso del miedo y el rechazo, Suárez ha sido clara: «La migración no es el problema, el problema lo creamos nosotros».
Desde Cáritas se insiste en que su labor no consiste simplemente en gestionar llegadas. «No trasladamos personas, acompañamos procesos de vida», ha explicado Suárez, refiriéndose a los denominados «corredores de hospitalidad». Este sistema permite que jóvenes extutelados que llegan a las islas puedan ser acogidos por otras diócesis de la Península, fomentando de esta manera una solidaridad que debe implicar a todo el país y no solo a los habitantes del archipiélago, que son los primeros en tender la mano.
Un problema global
Todos han coincidido en que la solución no pasa solo por la asistencia en puerto. Mazuelos ha instado a combatir con firmeza a las mafias en los países de origen y a fomentar la formación y la cooperación al desarrollo, defendiendo así el derecho a no tener que migrar. No obstante, mientras esa realidad llega, la prioridad es la dignidad de quienes se ven obligados a embarcarse hacia Europa. «Los cayucos vienen cargados de esperanza; ahí es donde se aprende lo que es la esperanza», ha señalado el prelado, recordando que muchos otros no tienen esa suerte y son arrastrados por las corrientes, convirtiendo el océano en una fosa común.
Regularización
En el marco del proceso de regularización extraordinaria que se debate en la esfera política, la Iglesia canaria se posiciona al lado de los migrantes que ya forman parte del tejido social de las islas. Según Cáritas, estas personas ya sostienen sectores vitales como la hostelería o el cuidado de mayores. Para la institución, la regularización es una oportunidad para «poner rostro y dignidad» a quienes ya conviven y aportan a la sociedad, saliendo de la invisibilidad jurídica.
La visita de León XIV se presenta, por tanto, como una llamada a la oración por los fallecidos en aguas atlánticas y como un recordatorio para Europa de que en las playas canarias no solo desembarcan cayucos, sino seres humanos en busca de una vida que su tierra les ha negado. Así pues, la Iglesia está llamada a ser la voz de quienes no tienen voz.








