El Papa ha insistido en el Vaticano en que la unidad no es algo meramente accesorio, sino una necesidad irrenunciable para una evangelización fructífera
El papa León XIV ha recibido este lunes en el Vaticano a la nueva arzobispa de Canterbury, Sarah Mullally, principal autoridad de la iglesia anglicana, solo por debajo del rey. La visita, cargada de simbolismo ecuménico, ha servido para que el Pontífice reafirme su compromiso con la unidad de los cristianos y lance un mensaje contundente sobre el papel de la Iglesia en el contexto de guerra global que padecemos.
El encuentro se ha producido en el marco del sexagésimo aniversario de la histórica reunión entre san Pablo VI y el arzobispo Michael Ramsey, un hito que el Papa ha querido poner en valor desde el inicio de su discurso. Al dar la bienvenida a la delegación británica, León XIV ha expresado su «alegría en este tiempo pascual» para darles «la bienvenida a usted y a su delegación al Vaticano». El Pontífice ha recordado que, desde aquel encuentro fundacional, «los arzobispos de Canterbury y los obispos de Roma han seguido reuniéndose para rezar juntos, y me alegra que hoy continuemos con esta tradición».
Uno de los puntos centrales del discurso ha sido la reflexión del Santo Padre sobre la naturaleza de la paz cristiana en un mundo azotado por la violencia. Inspirándose en las primeras palabras de Cristo tras la resurrección, el Papa ha subrayado que «esta felicitación nos invita no solo a aceptar el don de la paz del Señor, sino también a ser mensajeros de su paz». Y ha profundizado en un concepto que define su magisterio: la paz que no se impone por la fuerza. «He mencionado a menudo que la paz del Señor resucitado está «desarmada»», ha dicho con firmeza, explicando que «él siempre respondió a la violencia y a la agresión de forma desarmada, invitándonos a hacer lo mismo». En este sentido, ha hecho un llamamiento a que los cristianos den un «testimonio profético y humilde de esta profunda realidad juntos».
Con honestidad pastoral, el Papa ha reconocido que el estado actual de la cristiandad fragmentada dificulta la misión evangelizadora. Según el Pontífice, «mientras nuestro mundo sufriente necesita enormemente la paz de Cristo, las divisiones entre los cristianos debilitan nuestra capacidad de ser portadores eficaces de esa paz». Para León XIV, la coherencia es fundamental: «Si el mundo quiere tomar en serio nuestra predicación, debemos, por tanto, ser constantes en nuestras oraciones y esfuerzos para eliminar cualquier obstáculo que impida la proclamación del Evangelio».
Y recordando el lema de su propio ministerio episcopal, «In Illo uno unum» —«En el Único (que es Cristo) somos uno»—, el Papa ha insistido en que la unidad no es algo meramente accesorio, sino una necesidad para una evangelización fructífera.
Así, y a pesar de reconocer que el camino hacia la plena comunión se ha vuelto «más difícil de discernir» en las últimas décadas debido a la aparición de «nuevos problemas», el Papa ha rechazado cualquier atisbo de resignación. De este modo, y citando a su predecesor, Francisco, ha advertido de que «sería un escándalo si, debido a nuestras divisiones, no cumpliéramos nuestra vocación común de dar a conocer a Cristo».
Yendo un paso más allá, León XIV ha añadido su propia advertencia sobre la parálisis del diálogo: «También sería un escándalo si no siguiéramos trabajando para superar nuestras diferencias, por muy intratables que parezcan». El discurso ha concluido con una invocación al Espíritu Santo para que guíe los pasos de ambas confesiones mientras «buscan con oración y humildad la unidad que es la voluntad del Señor para todos sus discípulos».








