El subsecretario de la Secretaría General del Sínodo preside en Ávila la fiesta solemne de la santa andariega con una invitación al cambio fundamentado en Cristo
El obispo de Suliana y subsecretario de la Secretaría General del Sínodo, Luis Marín de San Martín, presidió este miércoles en Ávila la Eucaristía en la solemnidad de santa Teresa de Jesús. Ocasión que aprovechó para hacer una llamada a la santidad, a superar el pesimismo y a ser testigos de Jesucristo en el mundo de hoy.
«Todos los que creen en Cristo, cualquiera que sea su estado o condición, están llamados a la santidad, es decir, a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad. De manera singular aparece en la práctica de los consejos evangélicos, que proporciona al mundo un espléndido testimonio y ejemplo de esa santidad. Pero no debemos olvidar nunca que la puerta de la santidad es siempre la humildad», comenzó Marín.
Tras explicar qué es un santo con palabras de Juan XXIII, afirmó que «un santo es quien se identifica existencialmente con Cristo, participando de su realidad, de su ser, aunque sin perder la individualidad que cada uno es en sí mismo».
Y para ser santo, lo que hay que hacer, como santa Teresa, es «abrirnos al mensaje de la Buena Nueva de Cristo». Y continuó: «Cambiar nuestros principios rectores, abandonando los del mundo para seguir los de Cristo. Se trata de mirar la realidad con ojos renovados. Ser ciudadanos de otra patria, testigos de un mundo nuevo. Esto requiere confianza y valentía y, sobre todo, amor».
De hecho, la propia Teresa hizo este cambio, convirtiéndose en la gran reformadora, siempre permaneciendo en las manos de Dios. «No temamos el cambio, la renovación que comienza con la recuperación de nuestro sentido religioso, vivido en la experiencia personal con y de Cristo: una experiencia transformadora y, a veces, áspera y a contracorriente, pero gozosa».
«Debemos superar el pesimismo y el desánimo. Cristo marca un antes y un después. Por lo tanto, abrirnos al Evangelio provoca una oleada de metanoia, de transformación profunda y radical. Por eso, más que nunca, debemos aspirar al entusiasmo y al optimismo en un mundo nuevo y fascinante, pero que nos compromete y nos saca de comodidades, rutinas y seguridades. Si queremos estar interiormente vivos, debemos comprometernos con este impulso evangelizador, partiendo de una intensa vida de fe y una sólida espiritualidad», afirmó.
Finalmente, deseó que el ejemplo de santa Teresa inspire a todos a revitalizar la vida cristiana, porque la santa sigue hablando hoy. «Y nos dice que, a pesar de las dificultades, en estos tiempos difíciles, si somos conscientes de la llamada de Dios en Cristo por obra del Espíritu, el horizonte es siempre de esperanza».








